Su lenguaje: dinero, control, impunidad y poder
En el programa de esta semana analizamos la evolución de las mafias en América Latina, su penetración en las instituciones y los desafíos que enfrenta la región para recuperar la seguridad y el control del Estado.
Dionisio Gutiérrez inició abordando el alto costo que América Latina ha pagado por la alianza entre la política y el crimen, con Estados penetrados por mafias, gobiernos que negocian con organizaciones criminales y estructuras públicas que terminan sirviendo a quienes deberían combatir. Advirtió que “cuando eso ocurre, la república deja de ser casa de ciudadanos, la ley se vuelve selectiva, la justicia pierde autoridad y la política, en vez de ordenar la convivencia, administra miedo, impunidad y clientelismo”.
También explicó que el crimen organizado no responde a una ideología y puede utilizar distintos discursos para alcanzar sus objetivos: “Puede vestirse de izquierda o de derecha, hablar de justicia social o de mano dura, envolverse en discursos revolucionarios o conservadores. Su lenguaje verdadero es otro: dinero, control, impunidad y poder”. Y señaló que cuando encuentra políticos dispuestos a asociarse con él, “el resultado es devastador”.
Gutiérrez recordó que América Latina ha tenido demasiados gobiernos que, en lugar de enfrentar a las mafias, han pactado con ellas por corrupción, cálculo político o ambas razones.
Asimismo, señaló que el daño del crimen organizado va mucho más allá de los asesinatos y las cifras de criminalidad, pues “las mafias destruyen confianza. Expulsan inversión. Obligan a emigrar. Corrompen policías, jueces y fiscales. Intimidan a periodistas. Financian campañas. Compran alcaldes. Penetran congresos”. Y advirtió que, cuando llegan a cierto punto, “ya no necesitan esconderse del poder porque forman parte de él”.
Para finalizar, Gutiérrez afirmó que América Latina necesita recuperar instituciones capaces de enfrentar al crimen dentro de la ley: “Estados fuertes, pero fuertes en la ley. Policías capaces, pero sometidas a controles. Fiscales independientes. Jueces protegidos. Cárceles gobernadas por el Estado y no por criminales”. Y remarcó que los gobiernos deben entender que “negociar la soberanía con las mafias es traicionar a la nación. Y ninguna sociedad libre puede aceptar eso como destino”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Juan Luis Sanz, periodista, sobre la evolución de las mafias en América Latina, su penetración en las instituciones y los desafíos que enfrenta la región para recuperar la seguridad y el control del Estado.
Sanz explicó que el crimen organizado actual es “una red de poder político, de poder económico y de control territorial”, mucho más diversificada y tecnificada que en el pasado. A su juicio, comprender su dimensión en América Latina exige reconocer “un factor de constante infiltración o alianza con estructuras políticas y con estructuras estatales”.
Sobre la llamada guerra contra las drogas, Sanz sostuvo que nunca tuvo posibilidades reales de ser ganada, pues “el consumo de drogas va a continuar”. Consideró que plantear las estrategias de seguridad desde “una lógica guerrerista y con términos absolutos” constituye una simplificación que dificulta discutir qué objetivos son realmente alcanzables. Además, señaló que las grandes iniciativas contra el narcotráfico han estado “más asociadas a intereses geopolíticos que a una verdadera preocupación por la salud pública”.
Al abordar la extorsión, destacó que su eficacia para las estructuras criminales radica en que constituye “una fórmula muy barata y muy eficaz de capitalización de control territorial” y representa “una fuente de liquidez inmediata, constante”. La falta de denuncias, explicó, también responde a que esta práctica “está normalizada” entre muchas de las personas y negocios que la padecen, mientras existe poca confianza en que las autoridades la consideren una prioridad.
Frente al debate sobre el aumento de la violencia en la región, Sanz llamó a evitar diagnósticos simplistas. Aunque reconoció que existen incrementos dramáticos en países como Ecuador y Haití, señaló que “en general, la tasa promedio de homicidios en América Latina se mantiene alrededor de un 20%”. La región, advirtió, “sigue siendo la región del mundo que, en comparación con su población, sufre más violencia y genera, por tanto, más violencia”, pero cuestionó que pueda hablarse de una “espiral de violencia” de manera generalizada.
El periodista también abordó la expansión del crimen organizado hacia actividades como la minería ilegal y el comercio de oro. Explicó que el metal se ha convertido en un atractivo para las mafias porque “se ha revalorizado de una manera enorme”, aunque advirtió que no es el único instrumento utilizado: “las criptomonedas son una herramienta poderosa y cada vez más utilizada por las estructuras criminales”. En general, sostuvo que “todo lo que sea difícil de controlar desde los Estados” constituye una herramienta poderosa para las organizaciones criminales.
Al referirse a la penetración de las mafias en la economía legal, Sanz rechazó la idea de que estas operaciones ocurren sin ser detectadas. “Yo no creo que suceda sin que nadie lo vea venir”, afirmó. A su juicio, ocurre “cuando quien lo ve venir se suma a la corriente del beneficio” y cuando las políticas de seguridad carecen de continuidad y consistencia. También destacó que muchas organizaciones criminales “han nacido en las cárceles y seguimos dándole la espalda a esa realidad”.
Finalmente, Sanz planteó que la principal herramienta ciudadana para enfrentar el problema en el mediano y largo plazo es “el voto consciente y la reflexión”. Frente a la popularidad de las llamadas soluciones mágicas contra la criminalidad, llamó a “protegernos de la información y de la trampa de las soluciones mágicas” y a respaldar a actores políticos de los que exista “la mayor certeza posible de que no tienen vínculos criminales”. Esto, sostuvo, es indispensable para preservar “una policía o un ejército o unas fuerzas de seguridad limpias que trabajen desde la inteligencia y desde la reflexión y desde la calidad técnica y no desde la propaganda para proteger a un gobierno de turno”.
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Dionisio Gutiérrez inició recordando que, a lo largo de la historia, el ser humano ha tenido que enfrentar no solo sus propios errores, sino también los “humores de la naturaleza”: sequías, inundaciones, incendios, tormentas y terremotos. Y, cuando estos fenómenos ocurren, dejan “violencia, destrucción, pobreza, migración y dolor. Cambia paisajes, vacía pueblos, arruina cosechas, obliga a familias enteras a empezar de nuevo”, señaló. Es así como recordamos que no somos dueños del mundo, sino huéspedes.
Guerra inició
Por su parte, Bolaños advirtió que uno de los principales problemas frente a los fenómenos climáticos es la dificultad de los gobiernos para pensar más allá del corto plazo. “Nos cuesta ver mucho más allá del mes” y, en el ámbito político, “nos cuesta ver más allá de los años [en el gobierno]”, señaló. A su juicio, esta limitación provoca que los países subestimen riesgos que pueden tardar años en repetirse: “Así que es un tema de miopía”.
Dionisio Gutiérrez inició con una fábula sobre un gobernante que repartía monedas que no eran suyas, mientras una multitud aplaudía sin preguntar quién había llenado la bolsa ni qué ocurriría cuando se agotara. A partir de esta historia, explicó una de las grandes desgracias de Iberoamérica:
Bonilla inició resaltando que la dinámica populista se repite bastante en el continente: “Detrás está la idea de que muchos de los problemas que enfrentamos se pueden resolver con mayor gasto público, mayor inversión del Estado”. Sin embargo, aseguró que esta es una “trampa” y las “expectativas de la gente se ven decepcionadas”. 
Dionisio Gutiérrez inició señalando que China es hoy una gran potencia, aunque advirtió que poder no es lo mismo que grandeza ni garantiza liderazgo. Explicó que las naciones verdaderamente grandes no se miden solo por lo que producen o conquistan, sino por la dignidad que reconocen a cada uno de sus ciudadanos libres. En ese sentido, afirmó que “El Partido Comunista ha confundido obediencia con estabilidad, silencio con consenso y miedo con legitimidad”.
Fernández advirtió sobre los riesgos de la dependencia tecnológica frente a China, especialmente por la expansión de su infraestructura digital y sistemas de vigilancia. Señaló que estas tecnologías penetran silenciosamente y generan “dinámicas de dependencia” entre los países y el proveedor, con “menos transparencia”, “más opacidad” y mayor control sobre la provisión, almacenamiento y procesamiento de la información. A su juicio, China está utilizando esta estrategia de manera deliberada: “es el país más video-vigilado del mundo” y está exportando esa tecnología, “generando ciertas dinámicas de dependencia muy peligrosas”.
Dionisio Gutiérrez relató la historia de Martín, un joven que, en medio de la incertidumbre que vive el mundo, buscaba respuestas ante los conflictos, la inestabilidad y la falta de certezas sobre el futuro. A través de ese relato, reflexionó sobre las guerras, el poder, las dificultades económicas y los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones.
Trujillo advirtió que los acuerdos internacionales han perdido valor cuando las partes carecen de credibilidad. A su juicio, tanto Estados Unidos como Irán han convertido los compromisos en instrumentos circunstanciales: “los pactos se cumplen de buena fe”, pero en este caso “no sirven para nada”. Alertó que esta dinámica solo genera “incertidumbre”, el peor escenario para las relaciones internacionales.
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre el riesgo que representa la captura de la justicia para una democracia: “Una república puede soportar malos ministros, peores diputados y hasta una generación de gobernantes mediocres. Lo que no puede es sobrevivir si desaparece la justicia independiente porque cuando los jueces dejan de obedecer a la ley y obedecen al poder, el ciudadano pierde su último refugio y la nación se convierte en feudo de criminales”.
Pombo inició explicando por qué los gobiernos buscan controlar el sistema judicial. Afirmó que, con el auge del neoconstitucionalismo, “de lo que se trata es de dominar el sistema judicial”, pues el Ejecutivo busca controlar a “quien toma, en últimas, la última palabra, que es la rama judicial”. Según explicó, las dictaduras y los populismos recurren a esta estrategia porque la justicia “legitima una decisión”, la “legitima en última instancia” y hace que las decisiones “suenen colegiadas, motivadas, constitucionales” cuando en realidad responden al poder político.
Por su parte, Ghersi inició explicando que la captura de la justicia responde a una lógica propia de los países con instituciones débiles. Se refirió a la escuela de la elección pública para señalar que “en sociedades con instituciones débiles como en América Latina, en vez de competir económicamente, los grupos de interés compiten políticamente”, y advirtió que una de las formas de hacerlo es “a través de la captura o de la búsqueda de influencia en los organismos judiciales”. Agregó que algunos actores “se hacen amigos de los jueces, del sistema de justicia para mantener su poder en el mercado o perseguir a sus competidores”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre una parte de la juventud contemporánea que, pese a haber nacido en el mejor momento material de la historia, asume como natural la abundancia, las libertades y los derechos conquistados por generaciones anteriores. En ese contexto, advirtió que “disfruta de una abundancia que no produjo, de derechos que no conquistó, de tecnologías que no inventó y de libertades por las que otros arriesgaron la vida; pero, en lugar de preguntarse cómo conservar y ampliar ese legado, exige más, de inmediato y sin costo”. Asimismo, recordó el concepto de Ortega del “señorito satisfecho”, que recibe la civilización como si todo le fuera debido y desconoce el esfuerzo que hizo posible ese bienestar.
Gelpi señaló que los jóvenes disfruten de los beneficios del capitalismo, pero desprecien ese mismo modelo es paradójico: “El capitalismo democrático ha logrado la mayor disminución de la pobreza en nuestra historia. Sin embargo, una parte importante de los jóvenes desconfía del sistema porque vive en la cara más negativa: tiene servicios públicos, tiene servicios sociales, pero no es capaz de independizarse. Bajo este contexto, considera que más que una confrontación ideológica, lo que hay es “una frustración vital” con la sensación de que no se puede avanzar: “desde el mundo liberal y capitalista, debemos impulsar ese motor de alguna manera porque si no, los populistas nos van a devorar”. Aunque añadió que es cierto que no es posible que los Estados satisfagan todas esas necesidades.
Por su parte, Álvarez señaló que figuras como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, venden una narrativa errónea al afirmar que solo existe una mayoría, la clase trabajadora: “Incluso Marx y Engels describían el comunismo con el proletariado y la burguesía”. Además, señaló que el hablar bajo estos términos crea la narrativa de que “estamos sometidos ante el rico, ante el que oprime”, cuando realmente en una sociedad libre todos somos agentes económicos.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina continúa atrapada en el conflicto, la pobreza y la devastación por el voto: “El voto equivocado le impone, con demasiada frecuencia, gobernantes corruptos y autoritarios”, quienes, además, “intentan que nuestros países sean cautivos de la demagogia y la sumisión que produce pueblos de esclavos en lugar de naciones de ciudadanos”.
Villamarín advirtió que el desconocimiento anticipado de los resultados electorales por parte del oficialismo colombiano es un riesgo para la democracia del país. A su juicio, el presidente Gustavo Petro y su sector político buscan “darle una lectura politizada, ideologizada y torcida a todo lo que no les conviene” y “acusan siempre de trampa al adversario”, pese a que llegaron al poder mediante el mismo sistema electoral que ahora cuestionan.
Por su parte, Flores señaló que la izquierda populista ha sido hábil “en tratar de afianzarse o imponerse en el poder”. A pesar de eso, ve positivo que nuestros sistemas electorales sean “participativos y transparentes”. Además, aseguró que los ciudadanos latinoamericanos logran reconocer que la narrativa que se ha tratado de imponer sobre fraude es falsa: “No se vale que estén gritando fraude cuando pierden. Seamos honorables”.
Dionisio Gutiérrez inició refiriéndose a la crisis que atraviesa Venezuela y al momento decisivo que enfrenta el país tras la caída de Maduro: “La tiranía de Caracas ha sido golpeada, el dictador cayó, la verdad del desastre quedó expuesta con brutalidad y, sin embargo, la libertad sigue detenida en un umbral incierto”. Aseguró que la transición es aún inconclusa y que hay un régimen que conserva estructuras de poder.
Arias aseguró que la tragedia provocada por el terremoto en Venezuela no puede entenderse de forma aislada, sino como consecuencia de más de dos décadas de deterioro institucional. A su juicio, “el verdadero drama” no es el fenómeno natural en sí, sino que el país “no está institucionalmente apto para recibirlo”.
Por su parte, Montes de Oca afirmó que América Latina atraviesa una nueva oportunidad para dejar atrás el ciclo del populismo, aunque advirtió que el éxito dependerá de que los países sean capaces de construir una alternativa duradera. A su juicio, la región vive un momento similar al de la década de 1990, con una serie de gobiernos que han comenzado a desplazar a la izquierda, mientras “aquel viejo Foro de São Paulo parece ahora acurrucado en Brasil”, donde incluso el liderazgo de Lula da Silva enfrenta un escenario de incertidumbre.

Pedro Trujillo inició señalando que América Latina atraviesa un momento de rechazo al populismo de izquierda, aunque advirtió que aún es prematuro hablar de un cambio definitivo. Afirmó que “hay un rechazo total” a esos regímenes en varios países de la región, pero también advirtió que “la mitad de la población de todos esos países (...) quieren vivir en un país que no está de acuerdo a la otra mitad”, lo que refleja “una polarización extrema que impide decir (...) si estamos en un cambio o es transitorio”.