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Su lenguaje: dinero, control, impunidad y poder

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Programa

En el programa de esta semana analizamos la evolución de las mafias en América Latina, su penetración en las instituciones y los desafíos que enfrenta la región para recuperar la seguridad y el control del Estado.

 

Dionisio Gutiérrez inició abordando el alto costo que América Latina ha pagado por la alianza entre la política y el crimen, con Estados penetrados por mafias, gobiernos que negocian con organizaciones criminales y estructuras públicas que terminan sirviendo a quienes deberían combatir. Advirtió que “cuando eso ocurre, la república deja de ser casa de ciudadanos, la ley se vuelve selectiva, la justicia pierde autoridad y la política, en vez de ordenar la convivencia, administra miedo, impunidad y clientelismo”.

También explicó que el crimen organizado no responde a una ideología y puede utilizar distintos discursos para alcanzar sus objetivos: “Puede vestirse de izquierda o de derecha, hablar de justicia social o de mano dura, envolverse en discursos revolucionarios o conservadores. Su lenguaje verdadero es otro: dinero, control, impunidad y poder”. Y señaló que cuando encuentra políticos dispuestos a asociarse con él, “el resultado es devastador”.

Gutiérrez recordó que América Latina ha tenido demasiados gobiernos que, en lugar de enfrentar a las mafias, han pactado con ellas por corrupción, cálculo político o ambas razones. 

Asimismo, señaló que el daño del crimen organizado va mucho más allá de los asesinatos y las cifras de criminalidad, pues “las mafias destruyen confianza. Expulsan inversión. Obligan a emigrar. Corrompen policías, jueces y fiscales. Intimidan a periodistas. Financian campañas. Compran alcaldes. Penetran congresos”. Y advirtió que, cuando llegan a cierto punto, “ya no necesitan esconderse del poder porque forman parte de él”.

Para finalizar, Gutiérrez afirmó que América Latina necesita recuperar instituciones capaces de enfrentar al crimen dentro de la ley: “Estados fuertes, pero fuertes en la ley. Policías capaces, pero sometidas a controles. Fiscales independientes. Jueces protegidos. Cárceles gobernadas por el Estado y no por criminales”. Y remarcó que los gobiernos deben entender que “negociar la soberanía con las mafias es traicionar a la nación. Y ninguna sociedad libre puede aceptar eso como destino”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Juan Luis Sanz, periodista, sobre la evolución de las mafias en América Latina, su penetración en las instituciones y los desafíos que enfrenta la región para recuperar la seguridad y el control del Estado.

 

Sanz explicó que el crimen organizado actual es “una red de poder político, de poder económico y de control territorial”, mucho más diversificada y tecnificada que en el pasado. A su juicio, comprender su dimensión en América Latina exige reconocer “un factor de constante infiltración o alianza con estructuras políticas y con estructuras estatales”.

 

Sobre la llamada guerra contra las drogas, Sanz sostuvo que nunca tuvo posibilidades reales de ser ganada, pues “el consumo de drogas va a continuar”. Consideró que plantear las estrategias de seguridad desde “una lógica guerrerista y con términos absolutos” constituye una simplificación que dificulta discutir qué objetivos son realmente alcanzables. Además, señaló que las grandes iniciativas contra el narcotráfico han estado “más asociadas a intereses geopolíticos que a una verdadera preocupación por la salud pública”.

 

Al abordar la extorsión, destacó que su eficacia para las estructuras criminales radica en que constituye “una fórmula muy barata y muy eficaz de capitalización de control territorial” y representa “una fuente de liquidez inmediata, constante”. La falta de denuncias, explicó, también responde a que esta práctica “está normalizada” entre muchas de las personas y negocios que la padecen, mientras existe poca confianza en que las autoridades la consideren una prioridad.

 

Frente al debate sobre el aumento de la violencia en la región, Sanz llamó a evitar diagnósticos simplistas. Aunque reconoció que existen incrementos dramáticos en países como Ecuador y Haití, señaló que “en general, la tasa promedio de homicidios en América Latina se mantiene alrededor de un 20%”. La región, advirtió, “sigue siendo la región del mundo que, en comparación con su población, sufre más violencia y genera, por tanto, más violencia”, pero cuestionó que pueda hablarse de una “espiral de violencia” de manera generalizada.

 

El periodista también abordó la expansión del crimen organizado hacia actividades como la minería ilegal y el comercio de oro. Explicó que el metal se ha convertido en un atractivo para las mafias porque “se ha revalorizado de una manera enorme”, aunque advirtió que no es el único instrumento utilizado: “las criptomonedas son una herramienta poderosa y cada vez más utilizada por las estructuras criminales”. En general, sostuvo que “todo lo que sea difícil de controlar desde los Estados” constituye una herramienta poderosa para las organizaciones criminales.

 

Al referirse a la penetración de las mafias en la economía legal, Sanz rechazó la idea de que estas operaciones ocurren sin ser detectadas. “Yo no creo que suceda sin que nadie lo vea venir”, afirmó. A su juicio, ocurre “cuando quien lo ve venir se suma a la corriente del beneficio” y cuando las políticas de seguridad carecen de continuidad y consistencia. También destacó que muchas organizaciones criminales “han nacido en las cárceles y seguimos dándole la espalda a esa realidad”.

 

Finalmente, Sanz planteó que la principal herramienta ciudadana para enfrentar el problema en el mediano y largo plazo es “el voto consciente y la reflexión”. Frente a la popularidad de las llamadas soluciones mágicas contra la criminalidad, llamó a “protegernos de la información y de la trampa de las soluciones mágicas” y a respaldar a actores políticos de los que exista “la mayor certeza posible de que no tienen vínculos criminales”. Esto, sostuvo, es indispensable para preservar “una policía o un ejército o unas fuerzas de seguridad limpias que trabajen desde la inteligencia y desde la reflexión y desde la calidad técnica y no desde la propaganda para proteger a un gobierno de turno”.

 

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No por miedo al futuro, sino por respeto a la vida

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En el programa de esta semana, analizamos el fenómeno El Niño y sus implicaciones económicas y sociales. 

 

Dionisio Gutiérrez inició recordando que, a lo largo de la historia, el ser humano ha tenido que enfrentar no solo sus propios errores, sino también los “humores de la naturaleza”: sequías, inundaciones, incendios, tormentas y terremotos. Y, cuando estos fenómenos ocurren, dejan “violencia, destrucción, pobreza, migración y dolor. Cambia paisajes, vacía pueblos, arruina cosechas, obliga a familias enteras a empezar de nuevo”, señaló. Es así como recordamos que no somos dueños del mundo, sino huéspedes. 

 

A pesar de que la Tierra siempre ha tenido ciclos de más frío o calor, resaltó la importancia de reconocer que “una humanidad más numerosa, más urbana y más productiva deja una huella mayor sobre el planeta que la sostiene”. Bajo esa línea, insistió en que no se debe convertir el cuidado de la naturaleza en “una religión política” o en “excusa para limitar libertades”. Sin embargo, hay que ser conscientes de que los recursos no son infinitos. 

 

Por otro lado, señaló que los “golpes de la naturaleza no castigan a todos por igual”, pues “Quien tiene recursos reconstruye”, pero “quien nada tiene, pierde incluso aquello que parecía imposible perder”. Por eso, recordó la importancia de la solidaridad como pilar de la civilización. 

 

Para finalizar, Gutiérrez aseguró que el hombre libre “no es aquel que hace cualquier cosa, sino aquel que entiende las consecuencias de sus actos”. Por eso, llamó a trabajar por el desarrollo sostenible: “Podemos producir más y mejor sin destruir. Podemos crecer sin ensuciarlo todo. Podemos innovar para utilizar menos recursos y preservar más naturaleza. Podemos vivir en ciudades más limpias, proteger bosques y recuperar ríos sin renunciar al progreso ni convertir la prosperidad en pecado”.

 

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Alex Guerra, doctor en geografía y medio ambiente, y a Lisardo Bolaños, economista y doctor en políticas públicas, sobre el fenómeno natural El Niño y sus implicaciones económicas y sociales. 

 

Guerra inició explicando que El Niño altera las lluvias y las temperaturas a escala global y “acentúa los extremos del agua”. En América Latina, sus efectos son distintos según la región: mientras Centroamérica enfrenta sequías y una fuerte reducción de las lluvias, otras zonas reciben precipitaciones excesivas e inundaciones. Para él, lo preocupante es que ambos fenómenos generan impactos sobre “ecosistemas, poblaciones y agricultura”.

También advirtió que este episodio ocurre sobre un planeta que ya registra temperaturas más elevadas. Explicó que la intensidad de El Niño está determinada por el aumento de la temperatura del Pacífico ecuatorial y señaló que “en la actualidad, esa temperatura ha ido subiendo”. A partir de ello, consideró que “se espera que este sea el evento de El Niño más intenso que conocemos”.

En la agricultura, el primer impacto de El Niño aparece en la disponibilidad de agua. Guerra explicó que los cultivos de secado, que dependen completamente de las lluvias, son especialmente vulnerables cuando la reducción de precipitaciones coincide con el momento en que necesitan más agua. El resultado ya puede observarse en distintos cultivos: “el maíz en muchos lugares están secos, en otros creció, pero no tiene mazorca y en otros si tiene la mazorca, tiene algunos granitos escasos”. A esto se suma el aumento de las temperaturas, que “estresa también los cultivos” incluso cuando existe acceso al riego.

Sobre la gestión del agua, Guerra destacó que América Latina cuenta con una enorme riqueza hídrica, pero enfrenta importantes deficiencias institucionales. “América Latina es la región más rica en recursos hídricos del mundo” y utiliza menos del 5% de sus reservas, pero “la gestión de esa agua está muy rezagada”. Por ello, sostuvo que el desafío consiste en mejorar “la infraestructura, el financiamiento y la gobernanza”.

A su juicio, una mejor gestión permitiría transformar el agua de una fuente de vulnerabilidad en una oportunidad de desarrollo: “tenemos que mejorar para aprovecharla y que el agua, en lugar de ser fuente de destrucción, de impactos, de pobreza, de hambre, de conflictos, sea fuente de bienestar y prosperidad para esta región tan rica”.

El impacto más inmediato se observa en el corredor seco de Centroamérica. Guerra señaló que durante 2026 hay lugares donde “la reducción de las lluvias ha sido de un 80 %” y que algunos agricultores “perdieron totalmente sus cultivos”. Advirtió que, conforme se agoten las reservas de alimentos de las familias, aumentará la dificultad para garantizar su alimentación durante los meses siguientes.

Frente a las inundaciones, señaló que son “el fenómeno que mayor impacto tiene en la región y a nivel mundial”. Aunque existen soluciones para reducir sus efectos, requieren planificación e infraestructura. El problema, según explicó, es que “lamentablemente, lo que hacemos es atender las emergencias en lugar de trabajar en la prevención”.

Finalmente, Guerra llamó a superar la polarización ideológica alrededor del cambio climático. Más allá de las discusiones sobre sus causas, sostuvo que “los impactos y los retos son reales”. Por ello, consideró necesario encontrar “un equilibrio entre lo social, económico y la naturaleza” y, sobre todo, organizarse para ser resilientes como sociedad. 

 

Por su parte, Bolaños advirtió que uno de los principales problemas frente a los fenómenos climáticos es la dificultad de los gobiernos para pensar más allá del corto plazo. “Nos cuesta ver mucho más allá del mes” y, en el ámbito político, “nos cuesta ver más allá de los años [en el gobierno]”, señaló. A su juicio, esta limitación provoca que los países subestimen riesgos que pueden tardar años en repetirse: “Así que es un tema de miopía”.

Sobre los efectos económicos de una crisis climática, Bolaños explicó que la recuperación puede extenderse mucho más allá del impacto inicial. Aunque un fenómeno natural puede afectar la economía durante un año, “el proceso de reconstrucción económica para el gobierno, para las personas, para las empresas, puede tardar de 3 a 5 años”. Advirtió además que las medidas adoptadas para contener la inflación, como el aumento de las tasas de interés, pueden dificultar todavía más la reconstrucción.

Bolaños también recordó que la combinación de shocks externos no es nueva para América Latina. Hizo referencia a 1982, cuando la región enfrentó simultáneamente “la crisis de la deuda al mismo tiempo que El Niño”. En el escenario actual, señaló que el incremento y la variabilidad de los precios del petróleo dificultan la planificación de largo plazo.

Frente al impacto de las crisis climáticas sobre los alimentos, Bolaños destacó la necesidad de pensar desde ahora en mecanismos de adaptación. Planteó “cómo empezamos a cambiar algunos de los cultivos”, desarrollar “mejores formas de generar agricultura”, construir “más terrazas que nos permitan reducir los impactos de las tormentas repentinas con inundaciones” y desarrollar “semillas que nos ayuden a resistir de mejor manera las sequías o las inundaciones”. Para él, la respuesta requiere también “invertir de manera conjunta en mecanismos que nos ayuden a soportar” estos problemas.

Sobre las respuestas de política pública, Bolaños reconoció que los gobiernos muchas veces priorizan demostrar que están actuando antes que resolver efectivamente el problema. “Nos gusta muchas veces querer mostrar que hemos hecho algo, aunque ese algo no necesariamente resuelva el problema”, afirmó. También advirtió que “a veces negamos que tenemos un problema” y comparó esta actitud con postergar una consulta médica hasta que una enfermedad se agrava. “Eso es muy similar en política pública”, concluyó.

Finalmente, Bolaños vinculó directamente la prudencia fiscal con la capacidad de un país para preservar su margen de acción ante las crisis. “Total y absolutamente”, respondió al planteamiento de que unas cuentas públicas sanas constituyen una forma de libertad. Recordó nuevamente los efectos de las crisis de 1982, 2001 y 2007, y sostuvo que “mientras más endeudados con malas políticas fiscales, terminamos enfrentando después la incapacidad para hacerle frente a otras prioridades”. Por ello, llamó a los ciudadanos a “cuestionar al poder” y a desconfiar de “lo fácil que les gusta dar ‘dulcito’” frente a la necesidad de ofrecer “las respuestas a largo plazo que necesitamos”.

 

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Los gobernantes HDP que hipotecan el futuro

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En el programa de esta semana, analizamos la trampa del populismo, el uso del gasto público con fines políticos y sus consecuencias para el desarrollo económico de América Latina.

 

Dionisio Gutiérrez inició con una fábula sobre un gobernante que repartía monedas que no eran suyas, mientras una multitud aplaudía sin preguntar quién había llenado la bolsa ni qué ocurriría cuando se agotara. A partir de esta historia, explicó una de las grandes desgracias de Iberoamérica: “la trampa fiscal del populismo”.

Gutiérrez señaló que gobiernos incapaces de crear prosperidad han aprendido a distribuir dependencia, convirtiendo el presupuesto en un mercado de lealtades mediante subsidios, empleos públicos innecesarios y derechos proclamados sin financiación sostenible. Advirtió que “la ayuda social se pervierte cuando el gobernante no busca levantar al ciudadano, sino mantenerlo arrodillado y agradecido” y que “el subsidio deja de ser puente y se convierte en corral”.

También describió la realidad económica de la región: “América Latina produce poco, debe mucho y promete demasiado. Esa combinación no es política social; es una cuenta regresiva”. Explicó que el populista gobierna pensando en la próxima encuesta y evita decir que los bienes son escasos, que cada derecho material exige recursos y que alguien debe trabajar, invertir, ahorrar y pagar impuestos.

Gutiérrez recordó el desenlace que América Latina conoce bien: “Primero, llega el regalo. Después, el déficit. Luego, la deuda, los impuestos, la inflación, la fuga de capitales y el deterioro de los servicios. Finalmente, cuando ya no queda riqueza que repartir, el mismo gobierno que prometía abundancia comienza a racionar la escasez”.

También sostuvo que los populistas comprometen el futuro de las nuevas generaciones para obtener beneficios políticos inmediatos: “Los populistas gastan el porvenir de los jóvenes para comprar el aplauso del presente”. Y afirmó que su verdadera ideología es “el poder corrupto”, mientras “el dinero público es su herramienta; la dependencia, su método; la impunidad, su aspiración”.

Afirmó que “un Estado digno protege al necesitado, pero también crea las condiciones para que deje de necesitarlo”. Y, finalmente, advirtió que “la trampa ya está armada” y que cada promesa sin respaldo acorta la mecha. Cuando llegue la crisis, quienes promovieron ese modelo conservarán sus privilegios, mientras el pueblo descubrirá que “el populismo se pagaba con su futuro”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Hernán Bonilla, presidente del Centro de Estudios para el Desarrollo en Uruguay, y a Hugo Maul, economista, sobre el uso del gasto público con fines políticos y sus consecuencias para el desarrollo económico de América Latina.

 

Bonilla inició resaltando que la dinámica populista se repite bastante en el continente: “Detrás está la idea de que muchos de los problemas que enfrentamos se pueden resolver con mayor gasto público, mayor inversión del Estado”. Sin embargo, aseguró que esta es una “trampa” y las “expectativas de la gente se ven decepcionadas”. 

 

Respecto al uso del dinero público para influir en elecciones, señaló que es otra maniobra más del populismo y termina siendo contraproducente: “Ese dinero que se incrementa en transferencias, como hay que cubrirlo emitiendo dinero, aumenta la inflación y llega la inestabilidad macroeconómica”. Agregó que pasa lo mismo con el aumento del déficit, que termina siendo excusa para “aumentar los impuestos” cuando eso pudo haberse evitado con la disminución del gasto público. 

 

Bonilla mencionó que el caso de Perú es uno de los pocos en que la política y la economía se han disociado: “Un caos político tremendo (...), pero un banco central independiente que lograba mantener ciertas reglas del juego”. Sin embargo, a su juicio, ese modelo “estaba llegando a su límite” y subraya la importancia de redirigir a “un camino de desarrollo”. 

 

Para concluir, señaló que es importante “resistir la tentación populista”, pues muchas veces “las recetas mágicas terminal mal y aunque pueda sonar bien en el presente, y sea una promesa de corto plazo más atractiva que el duro camino del crecimiento, siempre terminan siendo mentiras y atajos que conducen a callejones sin salida”. 

 

Por su parte, Maul señaló que América Latina no ha logrado afianzar un modelo de desarrollo, lo cual “deja a grupos poblaciones vastas sin acceso a un buen empleo, con ingresos insuficientes y los políticos ofrecen pan para hoy y hambre para mañana”. Ante este contexto, muchas personas “no tienen nada que perder” y caen “víctimas” de estas medidas populistas, añadió. 

 

Respecto a cómo comprender que lo “gratuito” se cobra en realidad mediante impuestos inflación, deuda o menos oportunidades, indicó que “el gobierno no produce nada. Los gobiernos se comen los recursos que le han sacado a los consumidores”. Agregó que es un problema que se venda al Estado como una “especie de personificación de Dios que puede crear riqueza”, pero el problema viene cuando es hora de pagar. 

 

Por otro lado, aseguró que el populismo necesita un relato y un enemigo: “El relato somos los pobres. ¿Por culpa de quién? De los ricos. Por lo tanto, cualquier cosa que sea haga por el pueblo y el sacrificado sea el rico, es lo demandan estos líderes”. Sin embargo, señaló que en los países donde se practican estas decisiones “no hay incentivos para invertir”. 

 

Para finalizar, Maul señaló que en América Latina se necesitan “Estados funcionales en las funciones básicas: seguridad, justicia y mínimo de educación y salud”. Añadió que el problema también recae en el electorado, cayendo en “falacias a la hora de las elecciones”. 

 

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No hay potencia sin libertad

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En el programa de esta semana analizamos el avance de China como potencia global, los riesgos de su modelo autoritario y la creciente dependencia tecnológica y política de América Latina.

Dionisio Gutiérrez inició señalando que China es hoy una gran potencia, aunque advirtió que poder no es lo mismo que grandeza ni garantiza liderazgo. Explicó que las naciones verdaderamente grandes no se miden solo por lo que producen o conquistan, sino por la dignidad que reconocen a cada uno de sus ciudadanos libres. En ese sentido, afirmó que “El Partido Comunista ha confundido obediencia con estabilidad, silencio con consenso y miedo con legitimidad”.

También se refirió a los problemas de los sistemas cerrados y a las consecuencias de concentrar el poder: “Cuando una sola persona piensa por millones, los errores no se corrigen, se multiplican”. Asimismo, señaló que en estos sistemas los funcionarios maquillan las cifras, los empresarios entienden que la lealtad política vale más que la innovación y la sociedad termina viviendo dentro de una ficción construida para complacer al poder.

Sobre la política exterior de China, cuestionó su manera de relacionarse con el mundo y afirmó que “China no se relaciona con el mundo como miembro responsable de una comunidad internacional, sino como un imperio que calcula puertos, minerales, rutas, votos y dependencias”. También señaló que puede generar dependencia e imponer silencio, pero no necesariamente conseguir confianza o liderazgo moral: “Puede comprar gobiernos, pero no admiración; puede generar dependencia, pero no confianza; puede imponer silencio, pero no liderazgo moral”.

Para finalizar, Gutiérrez destacó la contradicción central del proyecto chino: “Quiere los frutos de una sociedad abierta manteniendo las raíces de una sociedad cerrada”. Y concluyó que China probablemente seguirá siendo poderosa, pero que su ambición de convertirse en el país dominante del mundo se aleja por los métodos que utiliza para alcanzarla. En sus palabras, “Ninguna nación puede dirigir a la humanidad si teme a sus propios ciudadanos”. Así como también advirtió que “la fuerza puede obligar, pero no inspirar; que el dinero puede comprar influencia, pero no respeto; y que un cerebro único, por poderoso que parezca, jamás podrá sustituir la inteligencia libre de millones de seres humanos”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Eduardo Fernández, doctor en ciencia política y profesor universitario, sobre los desafíos que enfrenta América Latina ante el nuevo orden internacional, la pérdida de soberanía por la dependencia de sistemas autoritarios y la necesidad de fortalecer el Estado de derecho, la división de poderes y las democracias liberales.

Fernández advirtió sobre los riesgos de la dependencia tecnológica frente a China, especialmente por la expansión de su infraestructura digital y sistemas de vigilancia. Señaló que estas tecnologías penetran silenciosamente y generan “dinámicas de dependencia” entre los países y el proveedor, con “menos transparencia”, “más opacidad” y mayor control sobre la provisión, almacenamiento y procesamiento de la información. A su juicio, China está utilizando esta estrategia de manera deliberada: “es el país más video-vigilado del mundo” y está exportando esa tecnología, “generando ciertas dinámicas de dependencia muy peligrosas”.

Sobre las consecuencias para la soberanía, Fernández fue contundente al afirmar que en estos casos “ni hay libertad ni hay soberanía”. Explicó que, progresivamente y “sin transparencia, con mucha opacidad”, los países pierden “la capacidad de decidir sobre el futuro mismo” y también “la libertad”. Advirtió además que esta vulnerabilidad se agrava por la asimetría de información en áreas como la alta tecnología y la ciberseguridad.

Fernández también cuestionó el atractivo del modelo autoritario chino. Reconoció que su capacidad para tomar decisiones rápidamente puede resolver problemas en el corto plazo, pero advirtió que, a largo plazo, la “división de poderes, el imperio de la ley, la estructura de derechos y libertades de las personas, la cultura de la transparencia, la cultura de la competencia” van desapareciendo. Por ello, concluyó que “no es un modelo para exportar” y que, en definitiva, “resta en favor de la libertad, no suma”.

Al abordar los problemas de América Latina, Fernández sostuvo que las élites tienen una responsabilidad fundamental. Advirtió que, cuando estas fallan, “surgirá un outsider que intentará proveerlo a la sociedad”. En ese sentido, planteó una idea central: “el líder autocrático es consecuencia y no causa”. Para Fernández, el origen está en “el fallo de las élites, el fracaso de las élites a la hora de construir democracias liberales con valores republicanos”.

Sobre el papel de América Latina en el nuevo escenario internacional, Fernández advirtió que un exceso de dependencia de sistemas autoritarios puede convertir a la región “en un terreno de juego en lugar de un actor soberano con capacidad de decisión”. Sin embargo, destacó que mantiene una visión positiva: “América Latina tiene mucho futuro a pesar de los problemas. Soy optimista y creo que tiene mucho futuro”.

En materia de política exterior, Fernández identificó la previsibilidad y la confianza como condiciones esenciales para construir alianzas duraderas: “Un país serio, cuando trata de política exterior, tiene que ser predecible, tiene que ser confiable”. Advirtió que la erosión de estos principios ha dejado al mundo marcado por “riesgo e incertidumbre”, mientras que “la predecibilidad es cada vez es un bien de lujo”.

Fernández consideró además que el principal desafío de Occidente no es necesariamente militar, sino político. Aunque reconoció que las democracias occidentales “siguen siendo fuertes” en términos militares, sostuvo que “quizás sus políticos no son tan fuertes” y que sus élites “no están a la altura del tiempo histórico que tenemos”. Para él, el problema sigue siendo “de voluntad”, “de compromiso” y, nuevamente, “de predecibilidad”.

Finalmente, Fernández planteó las prioridades que América Latina debería asumir para fortalecer su posición internacional: “profundizar en el imperio de la ley, mejorar el Estado de derecho y la división de poderes”, abrirse al mundo y al comercio internacional y “esforzarse por construir mejores democracias liberales”. Advirtió que la región cuenta actualmente con “democracias electorales pero no liberales” y que el desafío es evitar que ese proceso termine conduciendo a “autocracias electorales”.

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Una vuelta al mundo

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En el programa de esta semana, analizamos los desafíos por la incertidumbre geopolítica, los conflictos internacionales y la erosión del orden global, así como la importancia de la responsabilidad individual y la esperanza activa frente a tiempos de crisis.

 

Dionisio Gutiérrez relató la historia de Martín, un joven que, en medio de la incertidumbre que vive el mundo, buscaba respuestas ante los conflictos, la inestabilidad y la falta de certezas sobre el futuro. A través de ese relato, reflexionó sobre las guerras, el poder, las dificultades económicas y los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones.

En ese contexto, destacó el encuentro de Martín con una panadera, quien le ofreció una lección sobre la responsabilidad individual. Ante el pesimismo del joven de que “todo iba mal”, ella respondió: “Todo no. Muchas cosas van mal. No es lo mismo”. Y cuando Martín le preguntó cuál era la diferencia, afirmó: “cuando muchas cosas están mal, uno empieza por la que tiene delante”.

Gutiérrez señaló que esa actitud representa una forma de esperanza basada en la acción y explicó que “Ahí estaba la esperanza, como disciplina. Esperar no era imaginar que los tiranos se volverían prudentes, que las élites abandonarían de pronto su miopía o que los mercados repartirían automáticamente oportunidades. Esperar era negarse a concederle al miedo la última palabra”.

Para finalizar, Gutiérrez recordó que, aunque el mundo atraviesa un momento complejo, la historia demuestra que siempre existen motivos para confiar: “El mundo vive una hora difícil. Sería necio negarlo. Pero más necio aún sería olvidar que cada época oscura ha intentado convencer al ser humano de que la luz ya no volverá. Y, sin embargo, siempre vuelve”. Concluyó afirmando que esa luz puede encontrarse “en una panadería, en una conciencia despierta, en una decisión humilde y firme de no rendirse”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Pedro Trujillo, especialista en análisis estratégico, seguridad y defensa, sobre los principales desafíos geopolíticos que enfrenta Occidente, el conflicto entre Estados Unidos e Irán, el papel de China y Rusia, la seguridad energética y el deterioro del orden internacional.

Trujillo advirtió que los acuerdos internacionales han perdido valor cuando las partes carecen de credibilidad. A su juicio, tanto Estados Unidos como Irán han convertido los compromisos en instrumentos circunstanciales: “los pactos se cumplen de buena fe”, pero en este caso “no sirven para nada”. Alertó que esta dinámica solo genera “incertidumbre”, el peor escenario para las relaciones internacionales.

Sobre la disputa en el estrecho de Ormuz, sostuvo que la estrategia iraní constituye “una extorsión absoluta” y un “chantaje” dirigido a presionar a Occidente mediante el control de una de las rutas comerciales más importantes del mundo. Añadió que el problema es que “no todo el mundo lo ve así”, lo que dificulta una respuesta internacional firme.

Respecto a la estrategia militar de Teherán, Trujillo afirmó que Irán busca “extender el conflicto” a otros países para incrementar la presión sobre Washington. Explicó que esta forma de operar responde a una “guerra híbrida y asimétrica”, cuyo objetivo es obligar a Estados Unidos a negociar en condiciones favorables para el régimen iraní.

En materia energética, señaló que la reducción de la reserva estratégica estadounidense representa un desafío de largo plazo. Indicó que el problema no es únicamente haber consumido una parte importante de las reservas, sino que “reponerla lleva mucho tiempo”, lo que limita la capacidad de resistencia en un conflicto prolongado.

Asimismo, explicó que el encarecimiento del transporte marítimo ya está trasladándose al costo de vida. Recordó que el incremento en los seguros y en los tiempos de navegación termina impactando “el pan, la patata, el tomate” y prácticamente toda la cadena de consumo. También cuestionó la falta de respuestas de los gobiernos frente a una carestía que podría prolongarse.

En cuanto al papel de las grandes potencias, consideró que Rusia y China actúan coordinadamente para debilitar a Estados Unidos. Afirmó que ambas aprovechan la lógica de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” y sostuvo que Pekín “silenciosamente, está haciendo su juego”, mientras proporciona apoyo estratégico a sus aliados.

Trujillo también criticó la ausencia de liderazgo europeo frente a la crisis internacional. Aseguró que la Unión Europea permanece al margen de las principales decisiones por “falta de liderazgo” y por su incapacidad de definir una política común, dejando el escenario internacional en manos de otras potencias.

Sobre la crisis migratoria en España, calificó la actuación del gobierno de Pedro Sánchez como “el fracaso más estrepitoso en la historia moderna” frente a una situación que, a su juicio, era previsible. Añadió que resulta “inconcebible” que decenas de miles de personas pudieran concentrarse en la frontera sin que existiera una advertencia previa.

Al referirse a la situación política española, afirmó que existen indicios de una actuación orientada a distraer la atención de los escándalos internos. Consideró que resulta difícil encontrar una explicación racional a los acontecimientos recientes y lamentó la respuesta del gobierno ante los incendios y la crisis en Ceuta.

Respecto a China, sostuvo que el país desarrolla una “guerra multimodal”, basada no solo en el empleo de capacidades militares, sino también en herramientas económicas, tecnológicas, cibernéticas y de influencia política. Destacó que esta estrategia permite a Pekín competir mediante sistemas mucho más baratos y eficientes que los utilizados por Occidente.

Sobre el Indo-Pacífico, valoró positivamente el fortalecimiento de las alianzas entre Estados Unidos, Japón y otros socios regionales. Consideró que todavía existe margen para construir “una suerte de relación defensiva” que actúe como un “muro de contención” frente a las aspiraciones estratégicas de China.

Finalmente, advirtió que Occidente enfrenta una limitación industrial para sostener conflictos prolongados. Explicó que la producción de sistemas de defensa no responde a una economía de guerra y que “no existe esa capacidad” para fabricar armamento al ritmo que demandan los actuales escenarios de conflicto, una situación que podría hacerse más evidente hacia finales de año.

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Lo que la República no debe permitir

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En el programa de esta semana, analizamos cómo la captura de la justicia debilita el Estado de derecho, amenaza la separación de poderes y pone en riesgo la libertad, la democracia y la seguridad jurídica en América Latina.

 

Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre el riesgo que representa la captura de la justicia para una democracia: “Una república puede soportar malos ministros, peores diputados y hasta una generación de gobernantes mediocres. Lo que no puede es sobrevivir si desaparece la justicia independiente porque cuando los jueces dejan de obedecer a la ley y obedecen al poder, el ciudadano pierde su último refugio y la nación se convierte en feudo de criminales”.

También explicó cómo los políticos corruptos buscan controlar el sistema judicial para garantizar su impunidad: “Antes de robar a gran escala, procuran capturar a quienes podrían juzgarlos. Desacreditan a los tribunales, reforman sus reglas, nombran obedientes, intimidan fiscales, fabrican expedientes y persiguen a los jueces que conservan conciencia”. Además, señaló que “hablan de democratizar la justicia, pero en realidad quieren permiso para delinquir e impunidad para disfrutar del botín”.

Gutiérrez también hizo referencia a casos concretos en la región, al señalar que “en México, con la elección popular de jueces, Morena politizó la justicia, la puso a su servicio y le dio el tiro de gracia a la democracia mexicana”. Asimismo, recordó que “en España, desde el Ejecutivo se multiplican los ataques contra jueces, fiscales, investigadores y organismos que después de descubrir la corrupción descarada del socialismo se niegan a mirar hacia otro lado”. Sobre Guatemala, afirmó que “hasta hace poco, desde el Ministerio Público y algunos tribunales se persiguió a operadores de justicia, periodistas y ciudadanos. La justicia, que debía perseguir a las mafias, terminó como herramienta de las mafias”.

Para finalizar, Gutiérrez destacó que “defender la independencia judicial no es una preocupación de abogados. Es defender la libertad, el patrimonio, el trabajo y la dignidad de todos”. También subrayó que “la división de poderes no es un adorno constitucional, es la muralla que impide que el gobernante se convierta en dictador”, y concluyó con un llamado a la sociedad: “cuando cae el último tribunal independiente, el ciudadano deja de ser ciudadano. Y pasa a ser súbdito”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Rodrigo Pombo, abogado especialista en derecho constitucional y administrativo, y a Lucas Ghersi, abogado especialista en derecho constitucional, sobre los riesgos de la captura de la justicia, la importancia de la independencia judicial y los desafíos para fortalecer el Estado de derecho en América Latina.

Pombo inició explicando por qué los gobiernos buscan controlar el sistema judicial. Afirmó que, con el auge del neoconstitucionalismo, “de lo que se trata es de dominar el sistema judicial”, pues el Ejecutivo busca controlar a “quien toma, en últimas, la última palabra, que es la rama judicial”. Según explicó, las dictaduras y los populismos recurren a esta estrategia porque la justicia “legitima una decisión”, la “legitima en última instancia” y hace que las decisiones “suenen colegiadas, motivadas, constitucionales” cuando en realidad responden al poder político.

Sobre la independencia judicial, Pombo sostuvo que “la cuota inicial de la independencia y de la calidad de la producción tiene que ver con una separación tajante, no solo formal, sino real del poder político”. En ese sentido, advirtió que mecanismos como “la elección popular de jueces”, la designación de magistrados por parte del Ejecutivo o la influencia política sobre las altas cortes “atentan contra la calidad, la independencia de la justicia” y, en consecuencia, afectan “la dignidad, la protección de los derechos fundamentales” y “el equilibrio real, efectivo de poderes”.

Al referirse al caso colombiano, destacó que, pese a sus dificultades, el país ha logrado fortalecer su sistema judicial. Explicó que “los jueces cada día se han profesionalizado más” y que la rama judicial representa “ese conservadurismo en el buen sentido de la palabra, sobre todo como control, dique iluminado contra la arbitrariedad”. Asimismo, aseguró que el Consejo de Estado “se portó realmente bien contra las fauces del neopopulismo de Gustavo Petro y el socialismo del siglo XXI”.

Respecto a las reformas judiciales impulsadas en otros países de la región, Pombo advirtió que cuando el poder político filtra la elección de los jueces, el resultado es “tiranía, absolutismo, neopopulismo del más ramplón y burdo”. Agregó que, al seleccionar jueces con criterios políticos, “lo que estás es premiando la arbitrariedad, no la motivación, no la decisión sosegada, no la decisión fundamentada en la Constitución”, y calificó ese modelo como “simple y llanamente populismo judicial”. Sobre la elección popular de jueces en México, concluyó que es “una aberración desde todo punto de vista”.

Finalmente, Pombo planteó algunas medidas para fortalecer la independencia judicial en América Latina. Entre ellas, propuso “períodos más largos de tiempo”, “sistemas mixtos” para la elección de altas magistraturas, “buscar una cualificación muy elevada en las altas cortes” y “exigir una efectividad en el cumplimiento de las sentencias y una celeridad en la administración de justicia”.

Por su parte, Ghersi inició explicando que la captura de la justicia responde a una lógica propia de los países con instituciones débiles. Se refirió a la escuela de la elección pública para señalar que “en sociedades con instituciones débiles como en América Latina, en vez de competir económicamente, los grupos de interés compiten políticamente”, y advirtió que una de las formas de hacerlo es “a través de la captura o de la búsqueda de  influencia en los organismos judiciales”. Agregó que algunos actores “se hacen amigos de los jueces, del sistema de justicia para mantener su poder en el mercado o perseguir a sus competidores”.

Sobre la responsabilidad de las élites frente a este fenómeno, Ghersi afirmó que, históricamente, “en América Latina más bien justificaron y apañaron ese tipo de maniobras de la captura”. Asimismo, subrayó que el desafío consiste en fortalecer las instituciones para impedir que intereses particulares dominen el sistema judicial. En ese sentido, sostuvo que “se requiere un Poder Judicial muy independiente, muy profesional, que los mejores estén en el sistema judicial”, pues “si no captamos buen talento para el sector público, es mucho más fácil para los intereses capturar el sistema”.

Al abordar las consecuencias económicas de la captura judicial, Ghersi aseguró que esta problemática “es el corazón o el ADN de la pregunta de por qué América Latina sigue siendo pobre”. Explicó que “si no hay seguridad jurídica, todo el mundo de las inversiones se retrae”, ya que los ciudadanos dejan de hacer planes de largo plazo y solo confían en su círculo cercano por temor a que “los contratos no se vayan a poder ejecutar”. Por ello, concluyó que “de verdad tenemos que dar prioridad a la reforma del sistema judicial”.

Respecto a la elección popular de jueces en México, Ghersi sostuvo que “ha habido, sin duda, un deterioro del Estado de derecho” y afirmó que el modelo “que inventaron en Bolivia y luego copiaron en México es algo que debilita terriblemente la justicia”. Explicó que, a diferencia de otros países, el mecanismo mexicano permite que “los partidos políticos presenten jueces”, lo que incrementa la influencia política sobre el sistema judicial.

Finalmente, Ghersi destacó que una justicia independiente debe garantizar siempre el respeto al debido proceso. Afirmó que “en la justicia real se respeta siempre el debido proceso” y advirtió que tanto los procesos excesivamente largos como los demasiado rápidos pueden ser arbitrarios. Para recuperar una justicia capturada, concluyó que se necesita “paciencia en las instituciones” y “construcción de capital humano”, además de invertir en la formación de jueces y fiscales, fortalecer los mecanismos de selección y preservar la separación de poderes.

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A los jóvenes hay que decirles la verdad

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En el programa de esta semana analizamos por qué los jóvenes desconfían del capitalismo, cómo el populismo capitaliza esa frustración y cuáles son las alternativas para fortalecer una sociedad libre y próspera.

 

Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre una parte de la juventud contemporánea que, pese a haber nacido en el mejor momento material de la historia, asume como natural la abundancia, las libertades y los derechos conquistados por generaciones anteriores. En ese contexto, advirtió que “disfruta de una abundancia que no produjo, de derechos que no conquistó, de tecnologías que no inventó y de libertades por las que otros arriesgaron la vida; pero, en lugar de preguntarse cómo conservar y ampliar ese legado, exige más, de inmediato y sin costo”. Asimismo, recordó el concepto de Ortega del “señorito satisfecho”, que recibe la civilización como si todo le fuera debido y desconoce el esfuerzo que hizo posible ese bienestar.

También señaló que existe una corriente creciente, impulsada por las redes sociales y por políticos sin escrúpulos, que ha convertido “la impaciencia en doctrina y el resentimiento en programa”. En ese sentido, afirmó que “eso de ‘todo gratis’ es una oferta seductora porque promete bienestar sin explicar producción, escasez ni costo”. Además, enfatizó que “la competencia, el mercado, la propiedad y la libertad económica no son caprichos ideológicos; son los mecanismos que mejor han permitido multiplicar la producción, reducir la pobreza y ampliar las oportunidades humanas”, aunque esa realidad incomode al discurso populista.

Para finalizar, Gutiérrez advirtió sobre la relación entre el populismo y la dependencia ciudadana, al señalar que “el populista no quiere ciudadanos adultos. Quiere dependientes agradecidos. No busca que el joven produzca, sino que espere”. También afirmó que “la respuesta no es despreciar a los jóvenes, sino decirles la verdad. La libertad exige esfuerzo. La prosperidad exige producción. Y la ciudadanía exige carácter”. Finalmente, concluyó que “una generación que solo pregunta qué puede recibir terminará entregando su futuro a quien mejor sepa engañarla. Y un Estado que convierte a sus jóvenes en clientes habrá dejado de educar ciudadanos para fabricar súbditos”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Andrés Gelpi, politólogo, y a Juan Pablo Álvarez, economista, sobre la inclinación socialista en los jóvenes, la frustración económica y el papel de las redes sociales.

 

Gelpi señaló que los jóvenes disfruten de los beneficios del capitalismo, pero desprecien ese mismo modelo es paradójico: “El capitalismo democrático ha logrado la mayor disminución de la pobreza en nuestra historia. Sin embargo, una parte importante de los jóvenes desconfía del sistema porque vive en la cara más negativa: tiene servicios públicos, tiene servicios sociales, pero no es capaz de independizarse. Bajo este contexto, considera que más que una confrontación ideológica, lo que hay es “una frustración vital” con la sensación de que no se puede avanzar: “desde el mundo liberal y capitalista, debemos impulsar ese motor de alguna manera porque si no, los populistas nos van a devorar”. Aunque añadió que es cierto que no es posible que los Estados satisfagan todas esas necesidades.

 

A su juicio, esta insatisfacción en los jóvenes ha cambiado de lenguaje: “antes era la lucha obrera y ahora son demandas concretas. Por ejemplo, el alquiler asequible o los sueldos justos”. Es decir, es la nueva forma de canalizar la frustración que los jóvenes enfrentan. Y, para combatir que estas frustraciones sean explotadas por demagogos con ideas socialistas, comentó que es necesario tener “alternativas liberales como liberalizar el suelo para facilitar la creación de viviendas, eliminar burocracia, democratizar el acceso a los partidos políticos, entre otras”. 

 

Respecto a por qué la narrativa de que si alguien prospera, lo hace a costa de otro, Gelpi comentó que cala porque encaja con lo que ven en internet: “En internet es muy fácil viralizar el odio: si tú ganas, yo pierdo”. Sin embargo, recordó que la historia avala que cuanto más abierto al mercado y al Estado de derecho es un país, más grande es el crecimiento económico, que garantiza “una justicia social”. 

 

Para finalizar, señaló que parte del problema de que los jóvenes desconfíen del mercado son los planes de estudio: “Muchas veces se sabe poner bien el foco en el problema, pero no se sabe analizar desde el punto de vista económico y, por tanto, no se sabe tampoco dar la solución política adecuada”. 

 

Por su parte, Álvarez señaló que figuras como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, venden una narrativa errónea al afirmar que solo existe una mayoría, la clase trabajadora: “Incluso Marx y Engels describían el comunismo con el proletariado y la burguesía”. Además, señaló que el hablar bajo estos términos crea la narrativa de que “estamos sometidos ante el rico, ante el que oprime”, cuando realmente en una sociedad libre todos somos agentes económicos.

 

Por otro lado, señaló que la promesa de financiarlo todo con impuestos a los ricos afecta al empleo, la inversión y la recaudación, pues los empresarios buscarán moverse a otra área donde tengan mejores incentivos: “El progreso lo crean los empresarios”. 

 

Respecto a si la visión de que el crecimiento no beneficia a la mayoría y que la riqueza debe tomarse, no crearse, es la que llevó a tantos países a repartirse una economía cada vez más pequeña y pobre, Álvarez estuvo de acuerdo: “Hablan de los empresarios como un cáncer y no se dan cuenta que ese cáncer del que hablan financia su propio salario. Los ricos crearon herramientas que el mercado demandaba”. 

 

Para finalizar, comentó que el socialismo se ayuda de herramientas como TikTok para simplificar problemas complejos en relatos fáciles. Y que es importante encontrar alternativas desde el liberalismo, y que estas sean “digeribles” para la población. 

 

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La república empieza donde el poder acepta límites

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En el programa de esta semana analizamos los desafíos que enfrenta la democracia en América Latina, el impacto del populismo y la manipulación de los procesos electorales, y el futuro de la libertad en la región.

 

Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina continúa atrapada en el conflicto, la pobreza y la devastación por el voto: “El voto equivocado le impone, con demasiada frecuencia, gobernantes corruptos y autoritarios”, quienes, además, “intentan que nuestros países sean cautivos de la demagogia y la sumisión que produce pueblos de esclavos en lugar de naciones de ciudadanos”.

También cuestionó el comportamiento de quienes, en lugar de defender los valores republicanos, debilitan las instituciones democráticas: “¿Cómo no va a vivir la América Latina siempre al borde del despeñadero si quienes debiesen defender la república, proteger la democracia y honrar la libertad se comportan como mafias criminales y traficantes del Estado?”. Asimismo, se refirió a distintos gobiernos de la región y sostuvo que “todos ellos, en distintos tonos, son parte del mismo coro de la hipocresía iberoamericana. Hablan de soberanía mientras toleran tiranías, invocan derechos mientras relativizan cárceles con presos políticos, y se presentan como demócratas mientras hacen negocios con las dictaduras. En el fondo, prefieren el poder sin frenos”.

Para finalizar, Gutiérrez destacó la importancia de Venezuela para el futuro de la región y aseguró que “la causa venezolana importa mucho más que Venezuela. Allí se juega una verdad mayor sobre el destino moral de nuestra región. Venezuela representa la esperanza de que América Latina aprenda, por fin, a expulsar a sus verdugos en vez de acostumbrarse a ellos”. Finalmente, afirmó que “la salida digna es la misma de siempre: libertades civiles, instituciones serias, división de poderes y justicia independiente”, y advirtió que “la república empieza donde el poder acepta límites, y la democracia empieza donde ningún gobernante, partido o uniforme está por encima de la ley. Esa es la batalla. Y si no la damos hasta el final, la tiranía del populismo volverá a enseñarnos que el precio de no defender la libertad es perder la nación”.

En el siguiente segmento, Dioniso Gutiérrez entrevistó a Luis Alberto Villamarín, especialista en defensa nacional y geopolítica, y a Ronald Flores, director del departamento de educación en la Universidad Francisco Marroquín, sobre los desafíos que enfrenta la democracia en América Latina

Villamarín advirtió que el desconocimiento anticipado de los resultados electorales por parte del oficialismo colombiano es un riesgo para la democracia del país. A su juicio, el presidente Gustavo Petro y su sector político buscan “darle una lectura politizada, ideologizada y torcida a todo lo que no les conviene” y “acusan siempre de trampa al adversario”, pese a que llegaron al poder mediante el mismo sistema electoral que ahora cuestionan.

Asimismo, sostuvo que el comportamiento del mandatario no responde a una reacción coyuntural, sino a una forma de actuar constante. Según afirmó, Petro “nunca ha gobernado”, sino que ha sido “un activista en el poder”, y consideró que las acciones emprendidas tras las elecciones representan “la reiteración de su metodología” para intentar mantenerse vigente políticamente.

En relación con los cuestionamientos a la estrecha diferencia de votos, Villamarín recordó que una estrategia similar fue utilizada tras el plebiscito de 2016, cuando “decían que la diferencia había sido mínima y que no era válida”. En su opinión, ese discurso busca desacreditar decisiones democráticas cuando los resultados son adversos para la izquierda.

Sobre el papel de Iván Cepeda, afirmó que las acusaciones de fraude y los llamados a desconocer la legitimidad del nuevo gobierno responden a una estrategia política deliberada. Aseguró que “las mentiras que él dice son una estrategia comunista de vieja data”, basada en “la propaganda, la mentira” y la generación de desinformación para influir en la opinión pública.

Respecto a las consecuencias que podría tener deslegitimar al próximo gobierno, Villamarín advirtió que sectores afines al oficialismo buscarían “que haya un levantamiento popular” y generar un clima de violencia que dificulte la gobernabilidad. También señaló que el narcotráfico tendría interés en mantener escenarios de inestabilidad para preservar su influencia.

Al analizar el avance de la izquierda en América Latina, consideró que parte de la responsabilidad recae en los sectores de centroderecha. En ese sentido, afirmó que “hay que construir partidos políticos serios, que tengan objetivos, estrategias, planes y proyectos a largo plazo”, enfocados en políticas de Estado.

Finalmente, hizo un llamado a las instituciones colombianas para garantizar una transición ordenada y respetar el resultado de las urnas. Enfatizó que “las instituciones tienen que ponerse en su puesto” y actuar con firmeza dentro del marco constitucional para impedir que la intimidación o la desinformación debiliten la legitimidad del proceso democrático.

Por su parte, Flores señaló que la izquierda populista ha sido hábil “en tratar de afianzarse o imponerse en el poder”. A pesar de eso, ve positivo que nuestros sistemas electorales sean “participativos y transparentes”. Además, aseguró que los ciudadanos latinoamericanos logran reconocer que la narrativa que se ha tratado de imponer sobre fraude es falsa: “No se vale que estén gritando fraude cuando pierden. Seamos honorables”. 

Añadió que en “todas las elecciones suceden anomalías”. Sin embargo, aseguró que esto no implica que exista una conspiración o un “designio sistémico para favorecer a uno u otro candidato”. Señaló que, al ser fenómenos humanos, tendrán errores y fallas. Reiteró que comprar las narrativas que se implantan de fraude es difícil.

Por otro lado, comentó que es necesaria la apertura democrática: “La ciudadanía se renueva, surgen nuevos  liderazgos, los temas de campaña se modifican a partir de las necesidades de la ciudadanía”. Dicho esto, señaló que organizaciones como El Grupo de Puebla solo generan daño al tener una mentalidad de tribu y buscar mantenerse en el poder en distintos países: “Se han olvidado de las necesidades de las personas que están viviendo al límite  y que necesitan soluciones reales, no imponer a un líder o a otro”. 

Respecto a si estamos ante un giro duradero hacia la libertad o si solo es un péndulo, Flores comentó que nada es permanente: “Siempre hay que luchar con convicción por los ideales que nos inspiran. Siempre se está sujeto a que todo cambie para bien o para mal”. 

Para finalizar, indicó que los ciudadanos latinoamericanos debemos tener éxito en exigir a los políticos que “cumplan sus promesas de campaña porque cuando les damos un cheque en blanco a los políticos hacen todo menos honrar sus promesas”. 

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Una nación en medio de dos tragedias

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En el programa de esta semana analizamos  los desafíos democráticos en América Latina, la reconstrucción institucional de Venezuela y el futuro de las dictaduras que aún persisten en la región.

 

Dionisio Gutiérrez inició refiriéndose a la crisis que atraviesa Venezuela y al momento decisivo que enfrenta el país tras la caída de Maduro: “La tiranía de Caracas ha sido golpeada, el dictador cayó, la verdad del desastre quedó expuesta con brutalidad y, sin embargo, la libertad sigue detenida en un umbral incierto”. Aseguró que la transición es aún inconclusa y que hay un régimen que conserva estructuras de poder.

También señaló que la vulnerabilidad del país no fue consecuencia de los terremotos, sino del deterioro provocado por el chavismo durante más de dos décadas: “Venezuela no llegó vulnerable a esa catástrofe por fatalidad geológica, sino por más de dos décadas de saqueo, corrupción, incompetencia y represión”. Asimismo, destacó que “la dictadura chavista ya había convertido al Estado en guarida, a la economía en botín y a la política en persecución. Los terremotos solo terminaron de desnudar su obra”.

Para finalizar, Gutiérrez advirtió que el régimen busca prolongar su permanencia en el poder aprovechando la emergencia nacional. Aseguró que “esa es la apuesta del régimen remanente: que la ventana de oportunidad se cierre antes de que la libertad termine de abrirse”, y denunció que “mientras el pueblo entierra muertos, busca desaparecidos y sobrevive entre ruinas, el régimen esté robando la ayuda humanitaria con esa indecencia de buitre uniformado que siempre florece cuando el crimen gobierna”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Tomás Arias, doctor en derecho y profesor universitario, y a Ignacio Montes de Oca, escritor y periodista, sobre los desafíos democráticos en América Latina, la reconstrucción institucional de Venezuela y el futuro de las dictaduras que aún persisten en la región.

Arias aseguró que la tragedia provocada por el terremoto en Venezuela no puede entenderse de forma aislada, sino como consecuencia de más de dos décadas de deterioro institucional. A su juicio, “el verdadero drama” no es el fenómeno natural en sí, sino que el país “no está institucionalmente apto para recibirlo”.

Recordó que gran parte de los edificios colapsados en la zona más afectada fueron construidos por el chavismo tras el deslave de 1999. “Muchos de esos edificios que se cayeron fueron construidos mal por el chavismo ya entonces”, afirmó, al señalar que el desastre evidencia el costo de años de corrupción, improvisación y ausencia de instituciones capaces de proteger a la población.

En ese sentido, Arias subrayó que la magnitud del saqueo en Venezuela no puede compararse con los casos habituales de corrupción en democracias: “No se robaban una comisión del hospital o de la autopista; se llevaban la autopista, el sistema eléctrico, el petróleo, el gas, el oro, el coltán, absolutamente todo”. Ese proceso, agregó, “convirtió a Venezuela en tierra arrasada”, destruyendo también las bases económicas del país.

Respecto al escenario político, Arias rechazó la idea de que el régimen haya logrado estabilizarse tras la salida de Nicolás Maduro. Consideró que sus dirigentes únicamente buscan “ganar tiempo” como estrategia de supervivencia, pero advirtió que la situación “no es estabilizable” y que “cualquier evento puede ocurrir” en un contexto marcado por la incertidumbre.

Frente al riesgo de que la tragedia sea utilizada para prolongar la permanencia del chavismo, Arias sostuvo que cada día adicional del régimen “nos está causando más daño a nosotros, al hemisferio occidental y a toda la comunidad internacional”. En ese contexto, consideró que el deber de los ciudadanos es seguir ejerciendo presión “dentro de las circunstancias que lo hacen viable”.

Sobre el liderazgo de María Corina Machado, Arias afirmó que una transición genuina no puede construirse al margen de quien representa el mandato expresado por los venezolanos. A su juicio, el oficialismo únicamente está “demorando” acontecimientos que calificó de inevitables y recordó que, pese a los intentos del régimen, “no pudieron evitar el 28 de julio, así como no pudieron evitar la caída de Nicolás Maduro”.

Finalmente, Arias cerró con un mensaje de esperanza, insistiendo en que la reconstrucción de Venezuela debe estar basada en el restablecimiento de las instituciones. “Habrá justicia en Venezuela. Habrá poderes legitimados ejercidos por quienes corresponden según nuestra Constitución y nuestras leyes”, afirmó. También llamó a sus compatriotas a mantener “la resiliencia, la solidaridad y la confianza”.

Por su parte, Montes de Oca afirmó que América Latina atraviesa una nueva oportunidad para dejar atrás el ciclo del populismo, aunque advirtió que el éxito dependerá de que los países sean capaces de construir una alternativa duradera. A su juicio, la región vive un momento similar al de la década de 1990, con una serie de gobiernos que han comenzado a desplazar a la izquierda, mientras “aquel viejo Foro de São Paulo parece ahora acurrucado en Brasil”, donde incluso el liderazgo de Lula da Silva enfrenta un escenario de incertidumbre.

Sobre Colombia, Montes de Oca sostuvo que el resultado electoral refleja “el hartazgo de la sociedad con esas promesas incumplidas de la izquierda”. Señaló que durante el gobierno de Gustavo Petro el país volvió a registrar niveles récord de producción de cocaína y presenció el fortalecimiento de grupos armados vinculados al narcoterrorismo, por lo que los colombianos optaron por un cambio político antes que prolongar “esta experiencia de izquierdas”.

Respecto a Venezuela, consideró que el terremoto dejó en evidencia que el chavismo “no perdió las mañas, no perdió la criminalidad”. Aseguró que el régimen “roba la ayuda” y que incluso “está escarbando las ruinas en busca de botín”, mientras su incapacidad para responder a la emergencia continúa aumentando el número de víctimas. En ese contexto, sostuvo que el país necesita acelerar su transición democrática, porque de lo contrario “el problema de Venezuela se va a volver crónico”.

Montes de Oca afirmó que la salida de Nicolás Maduro, por sí sola, no resolverá la crisis venezolana. “No alcanza con sacar a Maduro. Hay que cambiar todo el sistema”, señaló, insistiendo en que es necesario desplazar a los funcionarios chavistas de las instituciones y fortalecer políticamente a la oposición encabezada por María Corina Machado para garantizar una competencia democrática real.

Asimismo, destacó que la reconstrucción del país requiere mucho más que recursos económicos: “La clave de todo esto es la libertad. Si no hay libertad, no hay reconstrucción”.

En relación con Cuba, Montes de Oca advirtió que la dictadura intenta prolongar su permanencia mediante reformas económicas limitadas. Explicó que las medidas impulsadas por el régimen no buscan una apertura política, sino reproducir “un modelo similar al chino, en donde hay una especie de capitalismo pero de partido único”. Además, alertó sobre el creciente respaldo de China al régimen cubano, particularmente mediante inversiones en el sistema energético, con el objetivo de fortalecer su influencia estratégica en el Caribe.

Finalmente, sostuvo que los países comprometidos con la democracia deben fortalecer su coordinación para consolidar el cambio político en la región. 

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Las tragedias que ya no admiten análisis tibios ni diplomacias cobardes

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En el programa de esta semana analizamos el momento político que vive América Latina, el futuro de la democracia en la región, los desafíos del populismo, la situación de Venezuela, Cuba y Nicaragua, y las perspectivas para la libertad, la seguridad y el desarrollo institucional

 

Dionisio Gutiérrez inició expresando su solidaridad con los pueblos que hoy sufren bajo regímenes autoritarios, al afirmar que “Cuba, Nicaragua y Venezuela son tragedias que ya no admiten análisis tibios ni diplomacias cobardes. Sufren dictaduras exhaustas, sistemas de saqueo, estructuras de poder criminal cuya única destreza comprobada ha sido reprimir, robar y traficar con todo aquello que degrada a una nación”. Asimismo, envió un mensaje especial al pueblo venezolano: “Para ellos va nuestra solidaridad, nuestro respeto y nuestro abrazo moral con un deseo claro y urgente porque recupere pronto la libertad, la democracia, las instituciones de la república y la dignidad que una mafia infame le ha robado”.

También se refirió al deterioro institucional y moral provocado por estos regímenes, al señalar que “cuando las fuerzas del Estado, uniformados y funcionarios, se comportan como cuadrillas de rapiña, el desastre adquiere el carácter infame de una sociedad entregada al pillaje de quienes debían protegerla”. En ese sentido, afirmó que “estas dictaduras deben ser expulsadas del poder y sus responsables deben ser procesados”, porque “estas tiranías ya probaron hasta el cansancio su absoluta ineptitud para gobernar. Lo único que dominan con eficacia es la represión, la propaganda, la extorsión y los trapicheos oscuros que florecen cuando la ley desaparece y el miedo se vuelve norma”.

Para finalizar, Gutiérrez aseguró que “el sufrimiento de venezolanos y cubanos debe acelerar la llegada de la democracia con instituciones respetables, con división de poderes, jueces independientes, prensa libre, ley verdadera, libertad económica. No hay otro camino serio para reconstruir nación”. Además, concluyó que “la libertad no es un lujo, es el único suelo firme sobre el que puede volver a levantarse una sociedad arrasada”, y que “Cuba, Nicaragua y Venezuela no necesitan otra promesa, ni otro caudillo, ni otro uniforme con discurso de redención. Necesitan república, verdad, justicia y libertad”.

En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Pedro Trujillo, doctor en ciencia política y gobierno, sobre las oportunidades y los riesgos que enfrenta América Latina.

Pedro Trujillo inició señalando que América Latina atraviesa un momento de rechazo al populismo de izquierda, aunque advirtió que aún es prematuro hablar de un cambio definitivo. Afirmó que “hay un rechazo total” a esos regímenes en varios países de la región, pero también advirtió que “la mitad de la población de todos esos países (...) quieren vivir en un país que no está de acuerdo a la otra mitad”, lo que refleja “una polarización extrema que impide decir (...) si estamos en un cambio o es transitorio”.

Sobre las consecuencias de los gobiernos populistas, Trujillo sostuvo que “gobiernos populistas, gobiernos de izquierdas que gastan a destajo, que engañan a los ciudadanos”, lo que obliga a las administraciones siguientes a enfrentar “unas deudas enormes, una falta de liquidez brutal”. En ese contexto, afirmó que Argentina puede convertirse en un referente regional, siempre que prevalezca la racionalidad económica: “Hay un principio por todos conocido. No debe gastarse más de lo que uno gana”.

Asimismo, destacó que los países de la región tienen una oportunidad para corregir el rumbo si logran alcanzar acuerdos básicos sobre principios e instituciones. Recordó como referencia los Pactos de la Moncloa y lamentó que prevalezcan los intereses personales sobre el bien común. “De que es una oportunidad, lo es”, afirmó, aunque reconoció que aún es incierto si podrá aprovecharse.

Trujillo también subrayó que la demanda de orden y libertad debe traducirse en una agenda seria. Aseguró que “no solo puede, sino que debe” convertirse en una prioridad, porque “el orden es fundamental en una democracia”. Añadió que “la democracia falla en el momento en que no se hace una disciplina en el gasto público” y “en el momento en que no se siguen principios y valores de meritocracia”.

Respecto a la responsabilidad de los ciudadanos, sostuvo que la región aún no está preparada para abandonar las soluciones fáciles. “Falta más racionalidad, más formación política, más implicación en la política”, afirmó. Por eso, respondió con contundencia a la pregunta sobre si América Latina está lista para ese cambio: “¿Estamos preparados? No”.

Finalmente, Trujillo aseguró que el futuro de la región dependerá de la capacidad de construir consensos alrededor de valores fundamentales. Consideró que hacen falta “los pactos de mínimos, los pactos de principios, los pactos de valores” y enfatizó que “la libertad es la esencia del individuo”. No obstante, reconoció que aún existe un largo camino por recorrer: “Lo que yo no tengo muy claro es que estemos cerca de eso, de ese pacto y de esos principios. Pero ahí está el reto”.

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