El alma humana siempre es capaz de volver a empezar
En el programa de esta semana reflexionamos sobre cómo afrontar la incertidumbre en tiempos de cambio
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre la incertidumbre que atraviesa el mundo, donde la economía ofrece poca certeza y la política se ha degradado en una "simple administración de la mediocridad". Ante este panorama, señaló que el ciudadano común se encuentra desamparado frente a instituciones que prometen más de lo que cumplen y "liderazgos que hablan más de lo que entienden".
También mencionó que, aunque no elegimos nuestra época, sí decidimos cómo vivirla, pues la verdadera grandeza humana nace de la adversidad bien llevada: "Encontrar paz en la tormenta no es aislarse del dolor del mundo ni fingir indiferencia; es conservar una jerarquía del alma que impida que el caos exterior destruya la serenidad interior". En este sentido, recalcó que la paz no es ausencia de problemas, sino "presencia de sentido", fundamentada en una disciplina moral que permite seguir siendo decente cuando la indecencia se normaliza.
Para finalizar, Gutiérrez afirmó que, ante el desorden del entorno, la mayor victoria es no permitir que la descomposición social nos robe la humanidad, pues "en tiempos de oscuridad, conservar la lucidez ya es una forma de valentía; conservar la bondad, una forma superior de resistencia". Concluyó destacando que, cuando fallan las respuestas del poder o el dinero, lo que permanece en pie es lo esencial: "el alma humana: siempre capaz de resistir, de reconstruir y de volver a empezar".
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Gabriela Flores, psicóloga clínica, y a Joana Paglia, directora del Center for Learning Innovation de la Universidad Francisco Marroquín, sobre cómo ser resiliente en tiempos de cambio.
Flores inició explicando que, ante la inestabilidad, el cerebro tiende a proyectar escenarios catastróficos como un mecanismo de supervivencia: “El cerebro tiene esa función para protegernos de cualquier amenaza (...) todos los cambios financieros, las subidas de precio y cosas que pasan afuera me dan ese descontrol por adentro y eso genera angustia y luego ansiedad”.
Para contrarrestar este desgaste, subrayó la importancia de la atención plena y el reconocimiento de nuestra estabilidad interna. Afirmó que la clave reside en “vivir en el presente, porque la ansiedad viene de imaginarme un futuro que no voy a poder controlar”. En ese sentido, recomendó un ejercicio de introspección para recuperar la autonomía: “volver a mí y decir: ¿cuál es mi capacidad para adaptarme ante este mundo? (...) ¿Qué recursos tengo hoy para poder adaptarme a este presente?”.
Sobre el bombardeo constante de noticias negativas y el temor a ser reemplazados por la tecnología, Flores señaló que la adaptabilidad es una herramienta histórica del ser humano. Recordó que, así como la humanidad superó desafíos recientes, es posible enfrentar los retos de la era digital si se cultiva la estabilidad propia.
Respecto al miedo, sugirió un cambio de perspectiva para evitar la parálisis en la toma de decisiones. Propuso que el miedo no debe ser el motor, sino un acompañante: “la diferencia es actuar desde el miedo o actuar con el miedo. Cuando se siente como copiloto, digo: voy a actuar contigo. (...) La única posibilidad es defenderme de esto y lo que queremos es tener posibilidades, tener opciones, poder elegir”.
Finalmente, Flores explicó que vivir en un estado de alerta permanente reduce nuestras opciones a la mera supervivencia, por lo que el primer paso para recuperar el control es delimitar las situaciones en las que tenemos capacidad de actuar: “El primer paso es volver al presente, ver qué cosas sí puedo controlar y cuáles no están en mi control para ir cerrando mi mundo”. Además, recordó que es importante estar en movimiento activo: “Si el cuerpo no se mueve, no me ayudo a poder resolver. El cuerpo se tiene que mover”.

Por su parte, Paglia advirtió que, ante el auge de las herramientas tecnológicas, el pensamiento crítico corre peligro debido a soluciones "instantáneas que nos dan esa ilusión de competencia". Señaló que, si bien la tecnología no es negativa, el "aprendizaje profundo es lento" y requiere de procesos que la inmediatez no permite. Advirtió que, al usar la inteligencia artificial de forma superficial, la información "únicamente se queda en nuestra memoria de trabajo y no logramos que se vuelva parte de nuestra memoria a largo plazo", lo que impide un aprendizaje real.
Sobre el futuro laboral, Paglia considera que el enfoque debe estar en "desarrollar ahora lo que no puede hacer la máquina", destacando habilidades como la colaboración, la creatividad y, sobre todo, la capacidad de "crear vínculo". En un entorno saturado de datos, resaltó que el factor diferenciador será la metacognición: "saber pensar sobre lo que se piensa, la reflexión; eso es lo que nos va a hacer realmente distintos", aseguró.
Finalmente, respecto al bienestar y la formación académica, Paglia enfatizó que para alcanzar la excelencia es imprescindible "la pausa", pues "nadie puede sostener la excelencia por un tiempo prolongado sin el descanso". Concluyó que el propósito de la educación superior debe ser el "perfeccionamiento humano" y el cultivo del carácter, instando a los jóvenes a ser selectivos con el contenido que reciben: "límites claros: menos información pero más reflexión sobre esa información".
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Dionisio Gutiérrez inició recordando que vivimos en un mundo en el que “las certezas se han vuelto escasas”. Señaló que la realidad actual está marcada por tensiones geopolíticas que se multiplican y por alianzas que se recalcan, mientras que el orden internacional que ofreció equilibrio durante décadas hoy se fragmenta. En este escenario, advirtió que “la economía global muestra señales de insuficiencia para generar oportunidades”, dejando a millones de personas viendo cómo el progreso se convierte en una “promesa distante”.
Maul inició advirtiendo que, a pesar de la distancia geográfica, la región no es inmune a los conflictos en Medio Oriente debido a la interconexión de los mercados. Explicó que cualquier impacto en la oferta petrolera nos afecta, ya que un faltante de energía derivará inevitablemente en “un racionamiento de mercado y eso implica precios más altos”.
Por su parte, Nuñez inició advirtiendo que, pese a la relativa calma actual, todavía es muy pronto para descartar consecuencias dramáticas por el conflicto en Irán. Explicó que se han visto cambios muy abruptos en los precios del petróleo, por lo que afirmó que “la verdadera dimensión de los efectos la estamos por descubrir en las próximas semanas”.

Carreiro inició reconociendo que la prolongación de la guerra en Medio Oriente dependerá “de lo que quiere Estados Unidos y de la capacidad de resistencia del régimen iraní”, el cual parece estar resistiendo bien hasta ahora. Agregó que a pesar de ser uno de los momentos más inestables de su historia, el régimen de los ayatolás parece no estar en su punto de quiebre.
Por su parte, Montes de Oca inició señalando que es importante ver la imagen completa, no centrarse solo en Irán: “Hay una disputa entre un accidente que está buscando un punto de equilibrio entre las viejas alianzas y los Estados Unidos y, por el otro lado, un eje compuesto principalmente por Rusia y China con algunos estados subsidiarios, con Irán como protomotor del terrorismo a nivel internacional”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre el momento de incertidumbre que vive el mundo y la crisis de liderazgo en el Occidente democrático: “Hay momentos en la historia en que el mundo parece sostener la respiración. No por asombro, sino por incertidumbre”. Señaló que el Occidente libre, que en otro tiempo fue “faro del orden internacional”, hoy se encuentra “distanciado de sí mismo, dividido en debates internos mientras las sombras avanzan”.
Vara inició señalando que el conflicto que debe preocuparnos más ahora mismo es el de Irán: “Es un conflicto que puede tener ondas expansivas muy importantes en el mundo”. Además, señaló que es una gran amenaza, pues cuentan con un “arsenal de misiles balísticos” y esta guerra ahora mismo resulta “muy efectiva para acabar con las capacidades económicas de un adversario”. Añadió que este programa resulta incluso como una amenaza existencial, como en el caso de Israel.
Dionisio Gutiérrez inició recordando cómo hace 67 años, la Revolución cubana se presentó al mundo como una gesta redentora, pero terminó siendo “una larga pesadilla para una nación privada de su libertad”. Señaló que aquel proceso tuvo “más éxito exportando su relato falso y criminal que el azúcar, el tabaco y el ron juntos. Cuba vendió mito mientras perdía realidad. Gritó consignas mientras agotaba cosechas. Prometió romanticismo mientras llenaba sus cárceles de disidentes”.
Lechín inició subrayando que a pesar del deseo de ver a Cuba libre, no hay información certera de “qué tan porosa está su inteligencia político-militar”, la cual tiene o ha tenido presencia en países como México, Brasil, Argentina y Chile.
Por su parte, Castro indicó que los cubanos tienen esperanza: “Somos un pueblo que ha vivido 67 años bajo una tiranía de corte estalinista que nos hizo perder hasta las esperanzas. Lo que hemos visto luego de la captura de Nicolás Maduro nos ha traído nuevamente la añorada libertad”.

Saleh advirtió que el sistema represivo en Venezuela “está intacto” y que cualquier aparente apertura responde más a tácticas de supervivencia que a una voluntad real de cambio. Aunque reconoce que el régimen chavista recibe presión externa, insiste en que “ahí están los jueces, los fiscales, los torturadores” y que Diosdado Cabello continúa “manejando ferozmente la represión y un control de la violencia como nunca antes”.
Por su parte, Avendaño sostuvo que el régimen chavista no actúa por convicción, sino por presión directa de Washington. Señaló que están “yendo en contra de todo lo que ellos en algún momento profesaron”, pero “no lo hacen por convicción, sino por presión y por miedo”. Añadió que el cumplimiento parcial de exigencias internacionales no obedece a un compromiso democrático, sino a la necesidad de supervivencia: “Han ido cumpliendo los reclamos de Estados Unidos. Incluso si eso ha implicado el desmantelamiento del propio Estado chavista”.
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre una de las amenazas más graves que enfrenta América Latina: la alianza entre el crimen organizado y el poder político. “Cuando el crimen organizado y los políticos se dan la mano, la política se degrada y la democracia se desfigura”, afirmó. Y explicó que, en esas circunstancias, “el Estado, que nació para proteger a los ciudadanos, se vuelve instrumento de imposición; la ley, que debía ser límite, se convierte en coartada; y la política, que es el arte de ordenar la convivencia, degenera en oficio turbio donde prosperan los peores”.
Posada inició señalando que a pesar de que Gustavo Petro “se hizo elegir con las banderas de la paz total”, en realidad ha gobernado con impunidad y ha ofrecido “ventajas unilaterales a los grupos narcoterroristas”. Es así como para ella, el peor legado que deja Petro es el de pensar que en Colombia “ser criminal paga” y abraza a quien incumple la ley y “no al que ha sido respetuoso de ella”.
Trujillo inició señalando que el fracaso en la construcción de democracias republicanas funcionales en América Latina puede explicarse a partir de dos fenómenos. Primero, el haber dejado entrar al crimen organizado, y segundo, por una generación joven desencantada, poco reflexiva que participa menos por el desencanto democrático: “Converge el crimen tradicional en la política con una suerte de olvido, de despreocupación de gente joven que quiere soluciones inmediatas”.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que hay presidentes que se despiden dejando obras y otros, “dejando excusas y heridas”. Bajo esa premisa, afirmó que Gustavo Petro está por salir del gobierno de Colombia “con más penas que glorias”, dejando a un Estado “manchado de vergüenza, corrupción y populismo”. Recordó que Petro “ejerció el poder con imposición ideológica como forma de gobierno” y que “no fue un accidente”. Fue un proyecto que quiso avanzar “la agenda de la izquierda radical”, y que no logró consolidarse porque “en Colombia sobreviven instituciones que, maltrechas pero firmes, pusieron límites”.
Raisbeck inició señalando que Iván Cepeda, el candidato del oficialismo, es “más peligroso que Petro”. Señaló que Petro, pese a sus intenciones antidemocráticas, es una persona poco disciplinada, lo que le deja un margen de acción limitado. Por el contrario, Cepeda es alguien “muy metódico”, con una educación familiar marxista revolucionaria: “Él tiene claro que va por una constituyente para cambiar la Constitución”, aseguró.
Por su parte, Vallejo señaló que el daño más profundo que deja Gustavo Petro en Colombia es haber permitido “que el crimen ligado al narcotráfico tomara tanto espacio en el país”. Lo cual se refleja en las “extensas poblaciones donde la guerrilla y el narcotráfico son los que mandan”, pero también en el dinero que destinan estos grupos a “la justicia, en el Congreso” y en las demás esferas políticas.
Dionisio Gutiérrez inició con una advertencia necesaria sobre Iberoamérica, recordando que “la historia de la región es una crónica de ausencias voluntarias y silencios cómplices”. Señaló que, durante décadas, las élites económicas, académicas y sociales “optaron por mirar la política como un lodazal desde la orilla”, convencidas de que otros se harían cargo del desorden, mientras ese lodazal crecía hasta “terminar inundándolo todo”.
Antonetti inició asegurando que el abandono de las élites es algo con lo que se ha peleado “desde hace varias décadas”. A su juicio, “la vieja política se ha quedado en discursos que ya no sirven”, y está atrasada por no ir “al ritmo de las nuevas tecnologías”.
Por su parte, Henaro comenzó su intervención señalando uno de los problemas que enfrenta la región: “Cuando las élites capturan árbitros, normalizan la impunidad y sustituyen las instituciones por operativos, es cuando el país se vuelve un Estado débil”. Asimismo, afirmó que la democracia no es posible cuando no existen división de poderes, un Estado profesional y meritocrático y élites que vertebren el proceso político.
