Llegó la hora de liberar Venezuela
Analizamos la ventana de oportunidad en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro

Dionisio Gutiérrez inició recordando que “la libertad y la democracia son valores que se protegen y se defienden cada segundo”, y advirtiendo que, frente a la tragedia venezolana, “invocar el diálogo, la negociación, la diplomacia o el respeto a normas internacionales —que solo respetan las democracias de pleno derecho— era y sigue siendo un acto supremo de ingenuidad o de complicidad”. Subrayó que la realidad presenta decisiones difíciles: “no hay acto político, y menos aún militar, que logre perfección absoluta sin conocer el barro del mundo”.
Gutiérrez sostuvo que la reciente acción internacional respondió a una causa moral: “la operación militar ejecutada por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos fue ejemplar por su finalidad moral y por la justicia que la amparaba”, y enfatizó su eficacia en “los tiempos que exigen resultados”. Sin embargo, alertó contra falsas conclusiones: “quienes crean que con la captura del tirano queda resuelta la crisis se equivocan”. Aseguró que “la tiranía no era un hombre, es un sistema criminal”, y toda mafia “busca conservar su cuerpo mediante sus cómplices, sus beneficiarios y sus intérpretes”.
En ese sentido, rechazó una transición tutelada por los aliados del régimen: “son criminales. No tienen legitimidad”, y planteó una pregunta central: “¿a qué equivale entonces entregarles la transición? ¿Sería lo mismo que dejar la llave del injusto calabozo al carcelero?”. Para Gutiérrez, la salida no puede ser otra que democrática, aun en condiciones extremas: “la alternativa es más democracia y más ciudadanos libres”.
Para finalizar, llamó a confiar en la sociedad y no en los herederos del abuso: “los venezolanos deben asumir el control de su destino”, exigir “la inmediata liberación de los presos políticos”, “elecciones libres con observancia internacional” y convocar a la comunidad internacional para la reconstrucción. Concluyó afirmando que “la única salida honorable es confiar en los ciudadanos que quieren rescatar su libertad, su democracia y su país”, porque “ellos deben ser el fundamento de la transición”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Antonio Ledezma, líder opositor en exilio, sobre la ventana de oportunidad en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro y los riesgos de una transición mal conducida.
Antonio Ledezma advirtió que la caída de Nicolás Maduro no puede interpretarse como el fin del régimen, sino como el descabezamiento del “capo de capos”, pues su estructura sigue activa bajo el control de otros actores del poder criminal, como lo es Delcy Rodríguez. A su juicio, lo ocurrido confirma que el chavismo “no era ni siquiera una dictadura convencional, es una mafia, y las mafias salen con la fuerza”.
Bajo esa línea, afirmó que “se eliminó la cabeza de la culebra, pero la culebra sigue allí”, indicando que aunque la estructura criminal quedó debilitada, aún conserva su capacidad de daño.
Sin embargo, destacó que ese quiebre abre el camino a una transición: “[La transición debe] abrir las puertas de la plena libertad de Venezuela, dar la libertad a presos políticos, asegurar el Estado de derecho, un relanzamiento económico y la reunificación de todos los venezolanos”.
Ledezma insistió en que el futuro del país no puede construirse únicamente sobre sus recursos naturales. “No se trata de que un país tenga reservas petroleras; mientras no haya Estado de derecho, el petróleo se queda en el subsuelo o termina robado”, advirtió. Subrayó que el desarrollo requiere “seguridad jurídica” y reglas claras que permitan una relación “ganar-ganar” con inversionistas, dentro de una Venezuela democrática.
Señaló que la crisis venezolana es el resultado de la destrucción deliberada del Estado. “Las mayores reservas de petróleo del mundo, pero no hay gasolina; grandes reservas de gas, pero la gente no consigue una bombona para cocinar”, ejemplificó, concluyendo que “un esquema como el que prima en Venezuela es insostenible”. Por eso, llamó a “combinar libertad con justicia” y a reconstruir instituciones vigorosas.
Respecto al liderazgo político, Ledezma reivindicó la legitimidad popular de María Corina Machado y de Edmundo González Urrutia. Recordó que Machado fue elegida en las primarias con “el 93% de los votos”, una cifra que calificó como excepcional a escala mundial, y afirmó que ambos “lograron vencer al Estado terrorista con el acompañamiento del pueblo”, incluso frente al hostigamiento del aparato represivo.
Además, subrayó que los venezolanos nunca han estado “cruzados de brazos”, destacando el sacrificio de quienes han reclamado libertad.
Para finalizar, Ledezma indicó que, a su juicio, la única solución frente al colapso institucional y para reivindicar a Venezuela son las elecciones libres: “Y esa no es la última batalla, sino parte del capítulo que estamos por protagonizar los venezolanos”. Aseguró que Edmundo González y María Corina Machado cuentan con un plan gubernamental para reconstruir Venezuela y llamar a sus ciudadanos a que vuelvan.
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Dionisio Gutiérrez inició invitando a la reflexión que acompaña los primeros días de cada año, cuando “los humanos sentimos la necesidad de hacer balance, mirar lo vivido, medir lo aprendido y preguntarnos qué queremos para el futuro”. En ese ejercicio, afirmó, es clave comprender que “la felicidad, esa palabra tan perseguida como mal entendida, no es un milagro ni un privilegio, sino una ecuación humana y compleja y por eso imperfecta”.
Rojas reflexionó sobre la “felicidad razonable” como una meta posible, concreta y humana. Subrayó que no se trata de una emoción pasajera, sino de una construcción personal: “la felicidad razonable significa que hay que aspirar a algo concreto”, basada en “una personalidad equilibrada” y en “un proyecto de vida coherente y realista” sostenido en cuatro pilares: “amor, trabajo, cultura y amistad”.
Dionisio Gutiérrez inició compartiendo que durante 2025 perdió a su mejor amigo y una madre perdió a su hijo. Reflexionando sobre lo grande que es su dolor, apenas puede imaginar el dolor de la madre, “una entre tantas que este año vieron apagarse una luz que no volverá”. Distintas circunstancias, “el destino, la violencia, las guerras, se han llevado demasiados hijos, dando golpes que nos dejan desnudos ante la fragilidad de la vida”.
Rojas Estapé inició recordando que todas las personas lidiamos con una pérdida de un ser querido a lo largo de la vida. Sin embargo, lo natural es que “esa persona sea mayor: un padre o un abuelo. Lo malo es cuando esa persona es un hijo”. Señaló que la pérdida de un hijo es “una tragedia, un trauma y es incomprensible, y el cerebro cuando no entiende las siente inseguridad, activa el modo alerta”. Explicó que en este modo alerta, se activa “una sensación de que el mundo ya no es un lugar seguro donde vivir, porque las cosas normales ya no son normales”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que “desde la imprenta hasta la electricidad, el hombre ha convivido con el cambio”, pero advirtió que nunca antes la humanidad había enfrentado una disrupción como la actual: “Con la Inteligencia Artificial estamos ante una revolución que puede iluminar o extraviar el porvenir de la humanidad, según el uso que hagamos de ella”.
Juan David Gutiérrez advirtió que existen profesiones particularmente expuestas ante la inteligencia artificial generativa. Señaló que áreas como “diseño de imágenes, edición de texto, traducción” enfrentan un riesgo mayor, pues allí las máquinas ya realizan tareas “más rápido y en mejores condiciones”. Al mismo tiempo, reconoció que en campos como la arquitectura, la medicina, la ingeniería, el derecho y las finanzas “vienen cambios drásticos”, aunque insistió en que, al requerir juicios de valor, estos sectores verán “desplazamientos parciales del trabajo, pero no reemplazo”.
Por su parte, Santiago Gómez afirmó que la inteligencia artificial exige transformar las prácticas docentes. Señaló que “debemos modificar las conductas y las metodologías” y que la educación requiere “un reemplazo y una modificación de los ejercicios de aula” para aprovechar realmente estas herramientas.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina se ha acostumbrado a vivir “al borde del colapso y, sin embargo, seguir bailando”, y que 2026 nos encuentra con un escenario global tenso: guerras en varias regiones del mundo, élites distraídas y una economía internacional complicada.
Llamas inició advirtiendo que, de cara a 2026, persisten señales de alerta para la región: “hay riesgos evidentes: el Estado de derecho, la autocracia, el intervencionismo público”. Sin embargo, añadió que también existen “motivos más que de sobra para la esperanza”, pues observa “un cambio de rumbo claro de la mano de nuevos líderes” y de un ideario liberal-conservador renovado.

Vara inició advirtiendo que el mundo ha regresado a una lógica en la que la fuerza vuelve a determinar los intereses de las potencias. Indicó que vivimos un tiempo en el que los equilibrios del pasado se han erosionado y donde “la fuerza vuelve a ser el criterio con el que las potencias quieren imponerse a los intereses de los demás”.

Moncada explicó que la región vive “una situación muy grave”, con niveles de criminalidad comparables a los de “una guerra civil”. Señaló que la impunidad es “uno de los principales incentivos del crimen organizado”, pues “cuando no hay castigo creíble y las ganancias siguen subiendo, la violencia no tiene consecuencias”.
Por su parte, Breda explicó que América Latina enfrenta “una combinación letal de factores”: altos niveles de desigualdad, corrupción, ineficacia institucional y una amplia disponibilidad de armas. Señaló que las economías ilícitas, como “el mercado de las drogas, la minería ilegal y la extorsión”, ofrecen incentivos que “alientan la participación y el control de los grupos criminales”.

Horst inició reconociendo el retroceso de Chile en los indicadores políticos, económicos, de seguridad e institucionales. Sin embargo, espera que “en las próximas elecciones vuelva a primar una mirada de esperanza y de un Estado que abrace el desarrollo y que permita recuperar las bases del progreso económico y social”.
Por su parte, Cordero inició expresando que Chile no quiere continuidad, sino cambio. Por esa razón, y por la mala evaluación del gobierno de turno, las posibilidades de Jeannette Jara son muy bajas.

Pastrana inició señalando la gravedad que representa que Gustavo Petro esté señalado de colaborar con el crimen y la corrupción: “Es un presidente que hizo el pacto denominado El Pacto de la Picota, en el cual fue a hablar con narcotraficantes para pedir votos. Su hijo también denuncia que en la campaña hay recursos del narcotráfico. [Además], le han quitado la visa [de Estados Unidos] y está en la lista Clinton”. Ante este contexto, está en duda si Colombia será sancionada con tarifas, aranceles al café y a las flores, lo cual afectaría a más de 500 mil familias.
Dionisio Gutiérrez inició con una reflexión sobre la crisis que vive la región: “América Latina, tierra fecunda en historia, cultura y recursos, vive años de carencias y amenazas. Somos una región que soñó con libertad, justicia y progreso, pero hoy enfrenta autocracias disfrazadas ante la mirada cansada de élites indiferentes, ciudadanos resignados y una clase política que ha hecho del poder corrupción e impunidad”.
Salinas expresó que el contexto actual sugiere un panorama complicado para el futuro próximo de la región. Sin embargo, no descarta un optimismo cauteloso: “Vemos cómo se ha desenmascarado el autoritarismo en Cuba, Nicaragua y Venezuela”.
Por su parte, Arias aseguró que América Latina necesita creer y aspirar a mejores instituciones. Sin embargo, indicó que los ciudadanos también tienen un componente de responsabilidad de lo que ocurre: “Muchas veces no se elige correctamente. Por ejemplo, en el caso venezolano ha tomado más de dos décadas darse cuenta de que estamos frente a un régimen criminal”.