Una nación en medio de dos tragedias
En el programa de esta semana analizamos los desafíos democráticos en América Latina, la reconstrucción institucional de Venezuela y el futuro de las dictaduras que aún persisten en la región.
Dionisio Gutiérrez inició refiriéndose a la crisis que atraviesa Venezuela y al momento decisivo que enfrenta el país tras la caída de Maduro: “La tiranía de Caracas ha sido golpeada, el dictador cayó, la verdad del desastre quedó expuesta con brutalidad y, sin embargo, la libertad sigue detenida en un umbral incierto”. Aseguró que la transición es aún inconclusa y que hay un régimen que conserva estructuras de poder.
También señaló que la vulnerabilidad del país no fue consecuencia de los terremotos, sino del deterioro provocado por el chavismo durante más de dos décadas: “Venezuela no llegó vulnerable a esa catástrofe por fatalidad geológica, sino por más de dos décadas de saqueo, corrupción, incompetencia y represión”. Asimismo, destacó que “la dictadura chavista ya había convertido al Estado en guarida, a la economía en botín y a la política en persecución. Los terremotos solo terminaron de desnudar su obra”.
Para finalizar, Gutiérrez advirtió que el régimen busca prolongar su permanencia en el poder aprovechando la emergencia nacional. Aseguró que “esa es la apuesta del régimen remanente: que la ventana de oportunidad se cierre antes de que la libertad termine de abrirse”, y denunció que “mientras el pueblo entierra muertos, busca desaparecidos y sobrevive entre ruinas, el régimen esté robando la ayuda humanitaria con esa indecencia de buitre uniformado que siempre florece cuando el crimen gobierna”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Tomás Arias, doctor en derecho y profesor universitario, y a Ignacio Montes de Oca, escritor y periodista, sobre los desafíos democráticos en América Latina, la reconstrucción institucional de Venezuela y el futuro de las dictaduras que aún persisten en la región.
Arias aseguró que la tragedia provocada por el terremoto en Venezuela no puede entenderse de forma aislada, sino como consecuencia de más de dos décadas de deterioro institucional. A su juicio, “el verdadero drama” no es el fenómeno natural en sí, sino que el país “no está institucionalmente apto para recibirlo”.
Recordó que gran parte de los edificios colapsados en la zona más afectada fueron construidos por el chavismo tras el deslave de 1999. “Muchos de esos edificios que se cayeron fueron construidos mal por el chavismo ya entonces”, afirmó, al señalar que el desastre evidencia el costo de años de corrupción, improvisación y ausencia de instituciones capaces de proteger a la población.
En ese sentido, Arias subrayó que la magnitud del saqueo en Venezuela no puede compararse con los casos habituales de corrupción en democracias: “No se robaban una comisión del hospital o de la autopista; se llevaban la autopista, el sistema eléctrico, el petróleo, el gas, el oro, el coltán, absolutamente todo”. Ese proceso, agregó, “convirtió a Venezuela en tierra arrasada”, destruyendo también las bases económicas del país.
Respecto al escenario político, Arias rechazó la idea de que el régimen haya logrado estabilizarse tras la salida de Nicolás Maduro. Consideró que sus dirigentes únicamente buscan “ganar tiempo” como estrategia de supervivencia, pero advirtió que la situación “no es estabilizable” y que “cualquier evento puede ocurrir” en un contexto marcado por la incertidumbre.
Frente al riesgo de que la tragedia sea utilizada para prolongar la permanencia del chavismo, Arias sostuvo que cada día adicional del régimen “nos está causando más daño a nosotros, al hemisferio occidental y a toda la comunidad internacional”. En ese contexto, consideró que el deber de los ciudadanos es seguir ejerciendo presión “dentro de las circunstancias que lo hacen viable”.
Sobre el liderazgo de María Corina Machado, Arias afirmó que una transición genuina no puede construirse al margen de quien representa el mandato expresado por los venezolanos. A su juicio, el oficialismo únicamente está “demorando” acontecimientos que calificó de inevitables y recordó que, pese a los intentos del régimen, “no pudieron evitar el 28 de julio, así como no pudieron evitar la caída de Nicolás Maduro”.
Finalmente, Arias cerró con un mensaje de esperanza, insistiendo en que la reconstrucción de Venezuela debe estar basada en el restablecimiento de las instituciones. “Habrá justicia en Venezuela. Habrá poderes legitimados ejercidos por quienes corresponden según nuestra Constitución y nuestras leyes”, afirmó. También llamó a sus compatriotas a mantener “la resiliencia, la solidaridad y la confianza”.
Por su parte, Montes de Oca afirmó que América Latina atraviesa una nueva oportunidad para dejar atrás el ciclo del populismo, aunque advirtió que el éxito dependerá de que los países sean capaces de construir una alternativa duradera. A su juicio, la región vive un momento similar al de la década de 1990, con una serie de gobiernos que han comenzado a desplazar a la izquierda, mientras “aquel viejo Foro de São Paulo parece ahora acurrucado en Brasil”, donde incluso el liderazgo de Lula da Silva enfrenta un escenario de incertidumbre.
Sobre Colombia, Montes de Oca sostuvo que el resultado electoral refleja “el hartazgo de la sociedad con esas promesas incumplidas de la izquierda”. Señaló que durante el gobierno de Gustavo Petro el país volvió a registrar niveles récord de producción de cocaína y presenció el fortalecimiento de grupos armados vinculados al narcoterrorismo, por lo que los colombianos optaron por un cambio político antes que prolongar “esta experiencia de izquierdas”.
Respecto a Venezuela, consideró que el terremoto dejó en evidencia que el chavismo “no perdió las mañas, no perdió la criminalidad”. Aseguró que el régimen “roba la ayuda” y que incluso “está escarbando las ruinas en busca de botín”, mientras su incapacidad para responder a la emergencia continúa aumentando el número de víctimas. En ese contexto, sostuvo que el país necesita acelerar su transición democrática, porque de lo contrario “el problema de Venezuela se va a volver crónico”.
Montes de Oca afirmó que la salida de Nicolás Maduro, por sí sola, no resolverá la crisis venezolana. “No alcanza con sacar a Maduro. Hay que cambiar todo el sistema”, señaló, insistiendo en que es necesario desplazar a los funcionarios chavistas de las instituciones y fortalecer políticamente a la oposición encabezada por María Corina Machado para garantizar una competencia democrática real.
Asimismo, destacó que la reconstrucción del país requiere mucho más que recursos económicos: “La clave de todo esto es la libertad. Si no hay libertad, no hay reconstrucción”.
En relación con Cuba, Montes de Oca advirtió que la dictadura intenta prolongar su permanencia mediante reformas económicas limitadas. Explicó que las medidas impulsadas por el régimen no buscan una apertura política, sino reproducir “un modelo similar al chino, en donde hay una especie de capitalismo pero de partido único”. Además, alertó sobre el creciente respaldo de China al régimen cubano, particularmente mediante inversiones en el sistema energético, con el objetivo de fortalecer su influencia estratégica en el Caribe.
Finalmente, sostuvo que los países comprometidos con la democracia deben fortalecer su coordinación para consolidar el cambio político en la región.
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Pedro Trujillo inició señalando que América Latina atraviesa un momento de rechazo al populismo de izquierda, aunque advirtió que aún es prematuro hablar de un cambio definitivo. Afirmó que “hay un rechazo total” a esos regímenes en varios países de la región, pero también advirtió que “la mitad de la población de todos esos países (...) quieren vivir en un país que no está de acuerdo a la otra mitad”, lo que refleja “una polarización extrema que impide decir (...) si estamos en un cambio o es transitorio”.

Lechín comenzó señalando que la clave para entender que la libertad económica no es una consigna de ricos, sino una condición para crear clases medias fuertes es comprender que “los ricos siempre existen”, ya sea porque han trabajado por ese dinero o porque son políticos que lo han robado: “La zona de ricos nunca queda vacía, por lo tanto, no nos deben preocupar los ricos en términos filosóficos. Lo que nos debe preocupar siempre son los pobres”.

Ghersi señaló que en América Latina el problema con los gobiernos abiertamente autoritarios y aquellos que desean serlo es que en estos países “el poder no está limitado. La Constitución y la ley son utilizadas para perseguir al disidente, eliminar las libertades y hacer demagogia económica empobreciendo a nuestros pueblos”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre el momento decisivo que enfrenta Colombia y la necesidad de que la nación examine su rumbo con honestidad y responsabilidad. Afirmó que “hay horas en que una nación debe mirarse al espejo de su historia y preguntarse si todavía conserva el pulso moral necesario para salvarse a sí misma. Para Colombia, esta es una de esas horas”.
Raisbeck inició señalando que, de ganar Cepeda, el heredero de Petro, Colombia podría estar a un paso de caer bajo la categoría de régimen híbrido: “El candidato es cercano a las FARC y también está lanzando una propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente. Sabemos qué pasa cuando estos izquierdistas radicales bolivarianos cambian la Constitución: lo hacen para quedarse en el poder y, por supuesto, para implementar un régimen autoritario socialista”.
Por su parte, Chacón señaló que en Colombia existen dos modelos: “El modelo de Petro y de Iván Cepeda que es un modelo de izquierda que busca estatizar la economía, privilegiar las negociaciones de paz y que apuesta por una Asamblea Constituyente. Por el otro lado, con Abelardo de la Espriella, ha dicho que impondrá orden, que encarna un movimiento ciudadano con una serie de valores, entre ellos la patria, la familia, la seguridad y la propiedad privada, y que se ha comprometido a impulsar reformas en el marco de la Constitución, no para cambiar toda la arquitectura institucional, sino modificar temas como la Jurisdicción Especial de Paz que tendrá que pasar por el Congreso”.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que la corrupción representa una amenaza aún más grave para el desarrollo de una nación que las crisis económicas o los conflictos comerciales: “La corrupción empobrece a una nación más que una recesión, una sequía o una guerra comercial”. Además, advirtió sobre las consecuencias de los malos gobiernos al señalar que “cuando el autoritarismo, la corrupción y la incompetencia se sientan en el poder, no solo se vacían las arcas públicas, se vacía también la confianza de la gente y se destruye la moral cívica”.
Llamas inició señalando que el declive del Partido Socialista en España inició en 2004 con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero: “A partir de ahí, inicia un punto de inflexión de populismo, donde un partido de perfil socialdemócrata termina convirtiéndose en un perfil bolivariano”.
Por su parte, Saleh resaltó que ver finalmente a la justicia llegar a Zapatero es “una reivindicación de años de denuncias que derivaron en amenazas y descalificaciones de todo tipo”. Sobre la investigación, señaló que “será trascendental para Venezuela e Iberoamérica”, pues es solo la punta del iceberg de una “estructural criminal transnacional”.
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo que el Perú se acerca “a una de esas elecciones en las que no solo se elige a un gobernante, sino el tipo de país que se quiere ser”. En medio de la polarización, la desconfianza y el cansancio con la política, señaló que los peruanos deben evitar “caer en la trampa de Roberto Sánchez, un candidato que se presenta como novedad”, pero no lo es.
Fujimori inició reconociendo que a lo largo de su vida, desde los 19 años en que se convirtió en primera dama, ha aprendido el sentido del deber, pero su lección más importante ha sido que “el poder es efímero, pero el servicio es eterno”.

Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre el momento decisivo que enfrenta la humanidad, una coyuntura en la que “la historia, fatigada de nuestras frivolidades, nos toma del cuello y nos obliga a mirar de frente”. Señaló que “la economía no alcanza, la política no funciona, las diferencias culturales no se gobiernan con prudencia”, mientras crecen “estados criminales que no aspiran a convivir con el mundo libre occidental, sino a sustituirlo, humillarlo o destruirlo”.
Sobre las más de 500 horas que pasó Piro en interrogatorio con Sadam Hussein y lo que estas relevaron sobre la psicología del poder autoritario, comentó que una de las cosas que más destacó fue entender lo común que es entre los líderes autoritarios verse “a sí mismos como guardianes de su nación o de su pueblo”. A raíz de esa percepción, Hussein “estaba enfocado en su legado y en su lugar en la historia”.