When Will Politics Live Up to The Expectations of The People?
En el programa de esta semana, analizamos la crisis de confianza en las democracias latinoamericanas, el avance del populismo y el autoritarismo, la creciente influencia de China, la debilidad de las instituciones y los desafíos que plantean el crimen organizado y la polarización política para el futuro de la región
Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina lleva demasiado tiempo esperando que la política esté a la altura de sus pueblos. Advirtió que “una parte importante de la dirigencia política convirtió el servicio público en cueva de malhechores, el partido en agencia de colocaciones, el presupuesto en instrumento de poder o en botín y al ciudadano en alguien a quien se visita durante las campañas y se olvida al día siguiente”.
También mencionó que la política debería atraer personas preparadas, honestas y capaces de administrar, escuchar, decidir y rendir cuentas. Sin embargo, “en demasiados países ocurre lo contrario”. La gente valiosa se aleja y “el espacio abandonado lo ocupan aventureros, mediocres y oportunistas”. En ese sentido, afirmó que “cuando una sociedad renuncia a la exigencia, termina gobernada por quienes tampoco se exigen a sí mismos”.
Gutiérrez también hizo un llamado a las élites y a los ciudadanos a asumir su responsabilidad: “Las élites no pueden declararse espectadoras inocentes”. Y recordó que “cuando los mejores abandonan la plaza pública, la plaza no queda vacía. La ocupan otros”.
Asimismo, destacó que una democracia necesita instituciones, pero también carácter. Requiere ciudadanos que comprendan que “la libertad no consiste solamente en exigir derechos, sino en asumir obligaciones”; que gobernar no es repartir favores, que la ley no debe doblarse ante el poderoso y que el adversario no es un enemigo.
Gutiérrez llamó a recuperar la decencia, “para decir la verdad aunque cueste votos. Para administrar dinero ajeno con más cuidado que el propio. Para reconocer un error. Para marcharse cuando corresponde. Para entender que gobernar es recibir temporalmente una responsabilidad, no adquirir una propiedad”.
Afirmó que las naciones no están condenadas a repetir eternamente sus fracasos y planteó la necesidad de una generación de jóvenes presentes, ciudadanos más exigentes, empresarios conscientes de su responsabilidad pública, periodistas valientes y servidores públicos que todavía creen que hacer bien las cosas importa.
Para finalizar, Gutiérrez concluyó que “los pueblos no necesitan salvadores. Necesitan instituciones que funcionen, dirigentes que sirvan y ciudadanos que nunca renuncien a exigirles ambas cosas”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Víctor Mijares, profesor de ciencia política y estudios globales, y a Stephanie Henaro, internacionalista con maestría en geopolítica y seguridad, sobre la crisis de confianza en las democracias latinoamericanas y los retos que enfrenta la región.
Mijares inició destacando que el creciente atractivo de China en América Latina responde más a los errores de Estados Unidos que a una supuesta superioridad del modelo chino. Destacó que Pekín ha mantenido “un paso constante” en la incorporación de recursos naturales y en proyectos de infraestructura, mientras que su política exterior “ha vendido” la idea de estar “mucho más interesada en los negocios que en la política o la ideología”. En contraste, señaló que en Washington “sus objetivos políticos y estratégicos pareciera primar”, lo que genera “resistencias y temores muy atávicos en el alma latinoamericana”.
Mijares también explicó por qué las nuevas generaciones latinoamericanas parecen mostrar menos rechazo hacia modelos autoritarios como el chino. A su juicio, “el cambio generacional” ha alejado los recuerdos de las dictaduras, que para muchos jóvenes son “recuerdos muy viejos” y “muy remotos”. China, en cambio, es percibida como “una alternativa viable” y como “un socio confiable”, pues no se le ve como “un competidor político que quiera exportar ideología” o “un modelo de gobierno particular”.
Para Mijares, el caso venezolano representa una excepción que demuestra precisamente el valor de la libertad cuando esta se pierde. Explicó que el fuerte apego de los venezolanos a la democracia nace “del anhelo” y “del reconocimiento de que la democracia puede ser efectivamente el modelo que permita el libre ejercicio de las voluntades, la libertad económica, la alternancia en el poder”. Por eso, considera “bastante natural” que los venezolanos tengan “ese apego por algo que no tienen”.
Ante la creciente polarización política en países como Colombia y Perú, sostuvo que preservar la democracia exige poner las instituciones por encima de las diferencias políticas. En ese sentido, defendió una fórmula que considera fundamental: “el Estado de derecho, la división de poderes y, por supuesto, el respeto por las leyes y las instituciones”.
Sobre Argentina, Mijares destacó que el proceso de reformas económicas puede fortalecer la confianza democrática cuando los ciudadanos perciben resultados concretos. Señaló que “cuando comienza a ver la luz al final del túnel, comienza a darse cuenta que efectivamente, sí se podían hacer los cambios”. También resaltó que, pese a las advertencias de quienes anticiparon un giro autoritario, el proceso ha sido “perfectamente democrático y perfectamente reformista” y orientado “hacia el liberalismo económico”.
Finalmente, frente al avance del crimen organizado, Mijares advirtió que combatirlo no es solamente una cuestión de seguridad, sino una condición para preservar los sistemas democráticos. Consideró que “es absolutamente necesario que se luche contra ese crimen organizado para sostener la democracia”.
Por su parte, Henaro advierte que la crisis de confianza en las democracias latinoamericanas no necesariamente nace de un rechazo a la democracia, sino de la frustración ante sistemas que no logran resolver los problemas cotidianos. Explicó que los ciudadanos están recurriendo a la “prueba y error”, pero alertó que ese proceso “puede llevar al desinterés de la democracia”, no porque necesariamente se busque una dictadura, sino porque “se busca algún sistema que dé resultados”.
Para Henaro, una de las claves para recuperar la confianza está en profesionalizar el Estado y separar la administración pública de los intereses partidistas. “Vemos muchos proyectos políticos, pero muy pocos proyectos de Estado”, señaló. Por ello, considera necesario “regresar a las bases, al servicio público y dejar los intereses políticos afuera”, pues los intereses políticos “no nos han permitido avanzar”.
La frustración ciudadana también puede abrir espacio al populismo. Henaro sitúa el origen de este fenómeno en una crisis simultánea de la democracia y la globalización: “lo que prometía mejorar la calidad de vida no lo hizo ni la democracia ni la globalización”. Ese malestar, explicó, se traduce en “respuestas rápidas como el populismo”, tanto de izquierda como de derecha, cuyo “común denominador” es “la irresponsabilidad fiscal”. Su conclusión es contundente: “El populista sabe cómo gastar dinero, pero no sabe cómo hacer dinero”.
Ante la crisis de los partidos políticos, Henaro sostiene que la ciudadanía ha dejado de confiar en las instituciones y ha comenzado a confiar más en las personas. Para revertir esta tendencia, considera indispensable contar con “personas comprometidas, capaces de edificar proyectos políticos que comienzan a sembrar una nueva base” y que provengan “de la vía civil”. La sociedad, afirmó, está cansada de que sean “siempre los mismos, vendiendo lo mismo solamente con otra etiqueta”.
En materia de libertad de expresión, Henaro defendió el fortalecimiento de instituciones independientes frente al riesgo de que los gobiernos se conviertan en árbitros de la verdad. “Necesitamos fortalecer organismos autónomos”, afirmó, porque “cuando un gobierno es el que decide qué es verdad o qué es mentira, se pierde la libertad de expresión”.
Henaro también alertó sobre el distanciamiento de las nuevas generaciones respecto de la memoria de las dictaduras. “Se ha perdido el miedo a llegar a ese extremo”, afirmó. Por ello, considera necesario explicar a los jóvenes “qué se podría perder” y recordarles “cómo nos costó llegar a donde estamos”, porque la democracia es “el resultado de una lucha”.
Sobre México, Henaro advirtió que el crimen organizado ha avanzado de manera sostenida desde los años noventa y que su expansión ya no se limita al narcotráfico. Según explicó, los grupos criminales se han diversificado hacia “las extorsiones, la trata de personas, los secuestros” y otras actividades, mientras “la economía formal se ha visto en peligro”. Aunque reconoció esfuerzos recientes para modificar la estrategia de seguridad, sostuvo que “sigue sin ser suficiente” porque los mexicanos continúan sin contar con “instituciones capaces de hacer valer la justicia”.
Finalmente, Henaro planteó que la recuperación democrática también depende de un cambio en la propia ciudadanía: “El reto para los ciudadanos latinoamericanos es dejar de ser habitantes y convertirnos en ciudadanos”. Para lograrlo, propuso “leer nuestras leyes, hacerlas valer y sobre todo elevar nuestros niveles de tolerancia”, con una premisa clara: “si nosotros no exigimos, entonces quién”.
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Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre las naciones que utilizan su fuerza para construir y mejorar la vida de sus ciudadanos, frente a los gobiernos que entienden el poder como una herramienta para someter, intimidar e imponer silencio: “No conviene confundir a los pueblos con quienes los gobiernan. El problema no son los rusos, los chinos ni los iraníes; son los sistemas políticos que concentran tanto poder que las decisiones de unos pocos condicionan la vida de millones”.
Montes de Oca inició por la importancia del estrecho de Ormuz y otras rutas marítimas, señalando que “es el 20 % de la riqueza la que se mueve no solamente de petróleo, sino también del gas que abastece a todo el mundo”. Añadió que el impacto alcanza directamente a los consumidores: “ese 20 % es lo que hace que el petróleo impacte en nuestra billetera”.
Por su parte, de León explicó que la actual presión sobre los precios de la energía responde, en buena medida, a una brecha entre oferta y demanda. Al analizar el mercado del diésel, señaló que “hay una crisis de las refinerías de diesel, particularmente en Europa y en América” y advirtió que, mientras la población y la clase media latinoamericana continúan creciendo, “quieren más petróleo y energía, pero la oferta no ha alcanzado el mismo ritmo”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre la educación y la manera en que los gobiernos suelen privilegiar las obras visibles frente a una tarea que exige tiempo, disciplina y visión de largo plazo:“La educación, en cambio, no suele prestarse al espectáculo. Exige paciencia, rigor y una visión que vaya mucho más allá del siguiente período electoral”.
Gove
Por su parte, Flores considera que los malos resultados educativos deben asumirse como “un llamado a la acción”, pues “lo que está en juego es nuestro futuro”. Al mismo tiempo, llamó a entender los cambios que atraviesan los jóvenes sin caer en el pesimismo: “No caigamos en menospreciar la capacidad de los jóvenes de adaptarse a esa nueva forma de aprender y comunicarse”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que las naciones sufren cuando aumenta el crimen, pero que se quiebran cuando las instituciones que deberían contenerlo se corrompen o son capturadas por quienes viven de violar la ley. Explicó que “una policía ineficiente puede corregirse, una fiscalía lenta puede reformarse, un tribunal débil puede fortalecerse; pero cuando policías, fiscales, jueces, alcaldes, diputados o ministros empiezan a responder a redes criminales, intereses mafiosos o políticos corruptos, el problema cambia de naturaleza. Ya no estamos frente a un Estado débil. Estamos frente a un Estado criminal”.
Lemus advirtió que la inseguridad en América Latina está estrechamente vinculada con la fortaleza de las instituciones. A su juicio, “la debilidad de las instituciones tiene mucho que ver” con la expansión de la violencia, pues “las instituciones son necesarias para contener [este fenómeno]”. Explicó que el delito puede ser contenido cuando existe “una certeza de que el delito, la violencia utilizada de forma ilegítima, va a ser castigada”.
Dionisio Gutiérrez inició abordando el alto costo que América Latina ha pagado por la alianza entre la política y el crimen, con Estados penetrados por mafias, gobiernos que negocian con organizaciones criminales y estructuras públicas que terminan sirviendo a quienes deberían combatir. Advirtió que “cuando eso ocurre, la república deja de ser casa de ciudadanos, la ley se vuelve selectiva, la justicia pierde autoridad y la política, en vez de ordenar la convivencia, administra miedo, impunidad y clientelismo”.
Sanz explicó que el crimen organizado actual es “una red de poder político, de poder económico y de control territorial”, mucho más diversificada y tecnificada que en el pasado. A su juicio, comprender su dimensión en América Latina exige reconocer “un factor de constante infiltración o alianza con estructuras políticas y con estructuras estatales”.
Dionisio Gutiérrez inició recordando que, a lo largo de la historia, el ser humano ha tenido que enfrentar no solo sus propios errores, sino también los “humores de la naturaleza”: sequías, inundaciones, incendios, tormentas y terremotos. Y, cuando estos fenómenos ocurren, dejan “violencia, destrucción, pobreza, migración y dolor. Cambia paisajes, vacía pueblos, arruina cosechas, obliga a familias enteras a empezar de nuevo”, señaló. Es así como recordamos que no somos dueños del mundo, sino huéspedes.
Guerra inició
Por su parte, Bolaños advirtió que uno de los principales problemas frente a los fenómenos climáticos es la dificultad de los gobiernos para pensar más allá del corto plazo. “Nos cuesta ver mucho más allá del mes” y, en el ámbito político, “nos cuesta ver más allá de los años [en el gobierno]”, señaló. A su juicio, esta limitación provoca que los países subestimen riesgos que pueden tardar años en repetirse: “Así que es un tema de miopía”.
Dionisio Gutiérrez inició con una fábula sobre un gobernante que repartía monedas que no eran suyas, mientras una multitud aplaudía sin preguntar quién había llenado la bolsa ni qué ocurriría cuando se agotara. A partir de esta historia, explicó una de las grandes desgracias de Iberoamérica:
Bonilla inició resaltando que la dinámica populista se repite bastante en el continente: “Detrás está la idea de que muchos de los problemas que enfrentamos se pueden resolver con mayor gasto público, mayor inversión del Estado”. Sin embargo, aseguró que esta es una “trampa” y las “expectativas de la gente se ven decepcionadas”. 
Dionisio Gutiérrez inició señalando que China es hoy una gran potencia, aunque advirtió que poder no es lo mismo que grandeza ni garantiza liderazgo. Explicó que las naciones verdaderamente grandes no se miden solo por lo que producen o conquistan, sino por la dignidad que reconocen a cada uno de sus ciudadanos libres. En ese sentido, afirmó que “El Partido Comunista ha confundido obediencia con estabilidad, silencio con consenso y miedo con legitimidad”.
Fernández advirtió sobre los riesgos de la dependencia tecnológica frente a China, especialmente por la expansión de su infraestructura digital y sistemas de vigilancia. Señaló que estas tecnologías penetran silenciosamente y generan “dinámicas de dependencia” entre los países y el proveedor, con “menos transparencia”, “más opacidad” y mayor control sobre la provisión, almacenamiento y procesamiento de la información. A su juicio, China está utilizando esta estrategia de manera deliberada: “es el país más video-vigilado del mundo” y está exportando esa tecnología, “generando ciertas dinámicas de dependencia muy peligrosas”.
Dionisio Gutiérrez relató la historia de Martín, un joven que, en medio de la incertidumbre que vive el mundo, buscaba respuestas ante los conflictos, la inestabilidad y la falta de certezas sobre el futuro. A través de ese relato, reflexionó sobre las guerras, el poder, las dificultades económicas y los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones.
Trujillo advirtió que los acuerdos internacionales han perdido valor cuando las partes carecen de credibilidad. A su juicio, tanto Estados Unidos como Irán han convertido los compromisos en instrumentos circunstanciales: “los pactos se cumplen de buena fe”, pero en este caso “no sirven para nada”. Alertó que esta dinámica solo genera “incertidumbre”, el peor escenario para las relaciones internacionales.
Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre el riesgo que representa la captura de la justicia para una democracia: “Una república puede soportar malos ministros, peores diputados y hasta una generación de gobernantes mediocres. Lo que no puede es sobrevivir si desaparece la justicia independiente porque cuando los jueces dejan de obedecer a la ley y obedecen al poder, el ciudadano pierde su último refugio y la nación se convierte en feudo de criminales”.
Pombo inició explicando por qué los gobiernos buscan controlar el sistema judicial. Afirmó que, con el auge del neoconstitucionalismo, “de lo que se trata es de dominar el sistema judicial”, pues el Ejecutivo busca controlar a “quien toma, en últimas, la última palabra, que es la rama judicial”. Según explicó, las dictaduras y los populismos recurren a esta estrategia porque la justicia “legitima una decisión”, la “legitima en última instancia” y hace que las decisiones “suenen colegiadas, motivadas, constitucionales” cuando en realidad responden al poder político.
Por su parte, Ghersi inició explicando que la captura de la justicia responde a una lógica propia de los países con instituciones débiles. Se refirió a la escuela de la elección pública para señalar que “en sociedades con instituciones débiles como en América Latina, en vez de competir económicamente, los grupos de interés compiten políticamente”, y advirtió que una de las formas de hacerlo es “a través de la captura o de la búsqueda de influencia en los organismos judiciales”. Agregó que algunos actores “se hacen amigos de los jueces, del sistema de justicia para mantener su poder en el mercado o perseguir a sus competidores”.