La corrupción ¿Un callejón sin salida?

La corrupción ¿Un callejón sin salida?
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Por: Paul Boteo
Paul Boteo es Director General de Fundación Libertad y Desarrollo. Además, es catedrático universitario y tiene una maestría en Economía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. 
30 Jun 2015

La corrupción es un fenómeno complejo que ha afectado de forma persistente  a la región latinoamericana desde sus orígenes.  No importando el régimen político o la tendencia ideológica de los gobiernos, América Latina parece atrapada en un sistema  que permite y alimenta la corrupción.  Guatemala no es ajena a esta realidad y la actual crisis política que atraviesa el país se encuentra íntimamente relacionada  con este flagelo. 

¿En dónde estamos?
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Desde el año 1995 la organización Transparencia Internacional viene midiendo la corrupción alrededor del mundo.  Esta tarea no es sencilla, debido a que la corrupción  se trata de mantener oculta y además se manifiesta de formas diversas: sobornos para obtener contratos o favores gubernamentales, el robo de recursos públicos, el nepotismo, el pago para agilizar trámites oficiales, la utilización de información privilegiada,  entre otros.  

 

De esta forma es imposible conocer con exactitud la magnitud de la corrupción. Debido a esta dificultad Transparencia Internacional recurre a  la realización de encuestas para medir la percepción que se tiene sobre qué tanta  corrupción  ocurre en los gobiernos de los distintos países. Es una estimación subjetiva, pero se considera que es la mejor forma de evaluar la incidencia de este fenómeno alrededor del mundo. 

 

Los resultados de esta evaluación  son una vergüenza  para la región Latinoamericana.  La máxima calificación en este índice es 100, indicando que al gobierno de un país se le percibe transparente; y la menor calificación es 0, indicando que al gobierno de un país se le percibe altamente corrupto.  Tan solo Chile y Uruguay obtienen una calificación arriba de  70 puntos, ubicándose ambos en la posición 21 de 175 países.  Luego está Costa Rica, en una posición mucho más baja con una calificación de 54 puntos. El resto de países obtiene una calificación menor a 50 puntos.  

 

En el caso de Guatemala es evaluada desde el año 1998. Siempre ha obtenido una calificación por debajo de 35 puntos. En la última medición realizada en el año 2014, obtuvo una calificación de 33 puntos, por debajo del promedio de la región que es 38 puntos.  Se ubicó entre las últimas seis posiciones, tan sólo por arriba de Honduras, Nicaragua, Paraguay, Haití y Venezuela. 

 

El resultado para Guatemala en este índice coincide con la percepción que pareciera tener la ciudadanía sobre la corrupción que ha cooptado el Estado de Guatemala y que se manifiesta en todos los niveles de la función pública. 

Desigualdad y otros efectos
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Los efectos de la corrupción son realmente lamentables. Para empezar es clara la relación entre el nivel de transparencia de un país y su grado de desarrollo económico y social. A más transparencia del Estado, mejores los niveles de vida de las personas. Esto queda claro si se considera que los países que tienen los indicadores más altos en el  Índice de Desarrollo Humano, son precisamente los que tienen los gobiernos más transparentes. Dentro de estos se puede listar a Singapur, Dinamarca, Noruega y los Países Bajos. De igual forma, varios de los países que reportan los Índices de Desarrollo Humano más bajos, también reportan los niveles más bajos de transparencia, como Haití, Sudán  y Angola. 

 

Si se considera solo  América Latina el resultado es similar. Los países más transparentes de la región son precisamente los que tienen un mayor grado de desarrollo económico y social: Chile y Uruguay. Y los que tienen un menor desarrollo, también tienen los gobiernos menos transparentes: Honduras, Nicaragua y Paraguay. Guatemala se encuentra dentro de este último grupo de países. 

 

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La relación entre estas dos variables es muy clara. Los países que cuentan con Estados poco transparentes difícilmente puedan articular políticas públicas exitosas. Usualmente los gobiernos de estos países están más concentrados en como saquear las arcas estatales y en hacer negocios con fondos públicos, que en desarrollar un plan de gobierno que mejore considerablemente el nivel de vida de los ciudadanos.

 

Y no se trata de ideologías. En varios de los países que reportan los peores indicadores sociales y de transparencia han experimentado con distintos modelos de desarrollo, pero lo único que se ha mantenido constante es el alto nivel de depredación de los fondos públicos. En varios países de América Latina fracasaron diversos procesos de privatización precisamente por la opacidad con el que se implementaron. Y muchas políticas sociales solo han servido para fines clientelares. Sin transparencia en el Estado, es imposible  lograr un modelo de desarrollo exitoso. 

 

El otro punto relevante es el efecto que la corrupción puede tener sobre la desigualdad persistente en algunos países.  En el caso de Chile, es interesante notar que aunque es un país más desigual que Nicaragua, goza de mejores condiciones de vida y además es considerado más transparente. Al comparar estos dos países, pareciera que no existe una relación entre desigualdad y corrupción. Chile es un país con altos niveles de desigualad y a la vez se encuentra entre los 21 países más transparentes del mundo. 

 

Sin embargo, también es cierto que en algunos países coincide un alto grado de corrupción, con bajos niveles de desarrollo humano y  una desigualdad bastante alta. Tal es el caso de Honduras y Guatemala, que además son azotados por niveles de violencia exorbitantes.  

La tragedia en estos dos países, es que los recursos públicos son ejecutados con opacidad y difícilmente llegan a la población más necesitada. Sin la transparencia en el Estado, las políticas públicas fracasan una y otra vez, debido a que no son diseñadas para el beneficio de la sociedad sino para satisfacer el interés particular de los gobernantes de turno. 

 

Claramente esto resulta en un crecimiento económico anémico que no permite la creación de fuentes de empleo formal que integren a la población al sector productivo del país. Al final, la mayoría de lo población tiene que recurrir a la informalidad para subsistir, lo cual es un serio impedimento para incrementar los ingresos y subir en la escala social.  En este caso, la corrupción y la desigualdad están íntimamente ligadas, con el resultado trágico que está a la vista de todos. 

¿Salida?
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¿Qué determina que unos países sean más transparentes que otros? Sin duda  existen diversos factores en juego.  Pero claramente tiene que ver con el funcionamiento del Sistema de Justicia y el establecimiento del Estado de Derecho.  No es ninguna casualidad que los países que son considerados más transparentes son precisamente los que lideran el Índice de Estado de Derecho. De nuevo, en esta lista se encuentran los países nórdicos, junto con Alemania, Singapur y Nueva Zelanda, entre otros. 

 

Pero ¿Cómo se logra establecer un auténtico Estado de Derecho? Esa es una interrogante compleja. Existen diversas teorías al respecto, algunas más válidas que otras. Lo cierto es que en la actualidad, mucho tiene que ver con el grado de tolerancia de las sociedades a los actos de corrupción. Las sociedades que son pasivas ante el desfalco que se realizan de los fondos públicos, difícilmente lograran salir del pozo profundo de la corrupción. La clase política aprovechará la pasividad de los ciudadanos para seguir aprovechándose del Estado. 

 

 

 

 

Para lograr construir un gobierno transparente, se requiere que los ciudadanos rechacen enérgicamente cualquier acto de corrupción y  además que se destierre por completo la cultura del soborno. Requiere además concentrar todas las energías en construir un Sistema Judicial auténticamente independiente y funcional; así como un sistema de partidos políticos que realmente responda al interés de la población.  Cualquier discusión ideológica carece de sentido, si no se cuenta con un Estado transparente que permita la implementación de políticas públicas exitosas. Guatemala está un momento crítico para realizar estas reformas ¿Aprovecharemos la oportunidad?

La corrupción es un fenómeno complejo que ha afectado de forma persistente  a la región latinoamericana desde sus orígenes.  No importando el régimen político o la tendencia ideológica de los gobiernos, América Latina parece atrapada en un sistema  que permite y alimenta la corrupción.  Guatemala no es ajena a esta realidad y la actual crisis política que atraviesa el país se encuentra íntimamente relacionada  con este flagelo. 

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