La otra historia de la desigualdad

La otra historia de la desigualdad
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Por: Paul Boteo
Paul Boteo es Director General de Fundación Libertad y Desarrollo. Además, es catedrático universitario y tiene una maestría en Economía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. 
01 Oct 2015

¿Es la desigualdad el origen y la causa última de los grandes males que aquejan al mundo?

 

Octubre 2015

¿La causa última de los grandes males?
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La desigualdad es una preocupación mundial que se está discutiendo de forma amplia a nivel académico, político y mediático. No es que sea un tema nuevo. Ha estado allí desde hace varias décadas, pero no se le había prestado tanta atención como en la actualidad [1]. Se señala  que la desigualdad es una seria amenaza para la democracia,  daña el crecimiento económico, provoca violencia, impide la movilidad social y condena a millones de personas a la pobreza y la miseria. En este sentido, la desigualdad sería el origen y la causa última de los grandes males que aquejan al mundo. 

 

Incluso algunos autores han llegado a sugerir que la desigualdad podría influir en la creación de las burbujas crediticias y por tanto en los ciclos económicos. La explicación es que en sociedades desiguales, las personas con menos recursos tratarían de mejorar su estatus económico adquiriendo deudas por encima de su capacidad financiera, lo que eventualmente conduciría a una crisis económica.  

 

La desigualdad también ha sido asociada con un desarrollo social precario. Se señala que los países más igualitarios tienen mejores indicadores sociales que aquellos que son altamente desiguales.  La conclusión sería que para mejorar las condiciones sociales, promover la igualdad es indispensable, no importando el nivel de desarrollo económico de los países. 

 

Las relaciones que se señalan entre desigualdad y diferentes variables económicas, políticas y sociales son diversas, por lo que  deben ser analizadas y discutidas a profundidad. Pero también es importante  discutir las razones de la desigualdad.  En algunos casos, la desigualdad se deberá a la globalización y a cambios tecnológicos, por lo que son procesos difícilmente controlables; mientras que en otros casos las razones se deberán a un diseño institucional inadecuado que impide el desarrollo económico y social de los países, dando como resultado que una proporción considerable de la población no logre incorporarse al mercado laboral formal. 

 

Es importante también indicar que en algunos casos, la desigualdad se da por el poco desarrollo del capitalismo y no al revés. Eso se aplica para los países en vías de desarrollo, en donde el proceso de industrialización todavía no termina de consolidarse.

 

1. Los economistas clásicos plantearon, implícitamente, el tema de la desigualdad, como lo señala Thomas Piketty en su libro

La desigualdad en los países desarrollados
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En su libro, El capital en el Siglo XXI, Thomas Piketty señala que en las últimas décadas la desigualdad se ha incrementado de forma considerable.  Este es un fenómeno que se ha observado en los países desarrollados desde los años setenta y, según el autor,  podría profundizarse en las próximas décadas, con consecuencias indeseables.

 

El incremento de la desigualdad en los países desarrollados tiene distintas explicaciones. Una de ellas es el cambio tecnológico que ha experimentado el mundo, lo que ha beneficiado a ciertas industrias, pero también ha dejado obsoletas a otras. Los trabajadores  que cuentan con el mayor capital humano, son capaces de aprovechar estos cambios tecnológicos, incrementando sustancialmente sus ingresos. Sin embargo, los trabajadores que no cuentan con el conocimiento y las habilidades necesarias para enfrentar el cambio,  muchas veces son desplazados y sus ingresos se reducen o se estancan. 

 

El otro fenómeno que afectó a los países avanzados en las últimas décadas fue el surgimiento de los países asiáticos.  La globalización facilitó el movimiento de capitales y el intercambio comercial, lo que provocó que las inversiones aumentaran en los países del Este Asiático, en detrimento de los países avanzados.  El movimiento de capitales de países desarrollados hacia los países asiáticos se debió a que éstos últimos ofrecían mejores condiciones para las empresas. Las rigidices del mercado laboral y los altos impuestos que tenían que afrontar las compañías en los países avanzados, hicieron que cambiaran sus operaciones hacia países más amigables para la inversión.

 

 

 

 

 

 

El resultado del auge económico de los países asiáticos fue la pérdida de puestos de trabajo en los países avanzados y un estancamiento en los salarios de sus trabajadores. Esto provocó que descendiera la proporción del ingreso nacional que recibía el trabajador promedio de estos países, incrementando la desigualdad. 

 

La reacción de los países avanzados ante la pérdida de competitividad de sus economías fue reducir los impuestos a las empresas.  En 1981 el Impuesto Sobre la Renta promedio que aplicaban los siete países más industrializados del mundo era de 50%; mientras que en la actualidad es de 30%. Claramente esto influyó en el aumento de la desigualdad, pero también evitó que los países avanzados perdieran más inversiones. Las reformas que realizaron varios de los países industrializados se debieron al estancamiento económico que estaban experimentando en ese momento. 

 

En su libro, Piketty señala que el capitalismo tiende, de forma inexorable, a la concentración de la riqueza y que la reducción de la desigualdad que se registró en los países desarrollados en la primera mitad del siglo XX, se debió a dos factores exógenos: la gran depresión y las guerras mundiales. Según este autor, sin estos eventos, la desigualdad hubiera continuado incrementándose hasta niveles extremos durante el siglo pasado.  La proyección de Piketty es que la actual tendencia hacia la concentración de riqueza que experimentan los países desarrollados se agudizará y, si los gobiernos no intervienen,  podría provocar serios problemas en el futuro. 

Reduciendo la brecha
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Lo que Piketty no profundiza en su libro es que al mismo tiempo que ha aumentado la desigualdad dentro de los países desarrollados, también se han dado dos tendencias importantes en el mundo. La primera es que la desigualdad entre países desarrollados y varios países en desarrollo, se ha reducido significativamente.  El movimiento de capitales que perjudicó a los países avanzados, representó una oportunidad sin precedentes para varios países en desarrollo. 

 

Mientras que los siete países más industrializados del mundo (G7) multiplicaron, en promedio, por catorce su PIB per cápita de 1970 a 2014; los países del Este Asiático y el Pacífico, lo multiplicaron por treinta. Esto evidencia que la brecha económica entre los países más industrializados y los países del Este Asiático se redujo en las últimas cuatro décadas. 

 

Si se toma en consideración sólo los  Tigres Asiáticos, la reducción de la brecha es mucho más dramática. En 1970 el PIB per cápita promedio de estos países  era de  $ 725, lo que representaba el 23% del PIB per cápita promedio de los países más industrializados. En la actualidad, el PIB per cápita promedio de los Tigres Asiáticos representa el 93% del  PIB per cápita promedio del grupo de países más industrializados. Estos países asiáticos son considerados hoy en día parte del mundo desarrollado. 

 

Por supuesto, esto no es una tendencia generalizada y varios países son más pobres, en relación a los países avanzados, de lo que eran hace treinta años. No obstante, varios países han logrado reducir la brecha económica con los países avanzados.  

 

La otra tendencia importante, es que la desigualdad ha disminuido en varios países en desarrollo. Debido al crecimiento económico robusto que experimentaron en la última década, varios países de América Latina  redujeron sus niveles de desigualdad.  Contrario a la tesis de Piketty, en este caso el crecimiento económico no se tradujo en un incremento de la desigualdad. Por supuesto, varios países de la región implementaron programas sociales que ayudaron a este resultado. Pero la fuerza que impulsó una reducción importante de la desigualdad fue la creación de empleos formales y el incremento de los salarios, debido a los mayores niveles de inversión que reportaron estos países. 

 

 

“En casi todos los países de América Latina se redujo la desigualdad en

los últimos quince años.”

 

En casi todos los países de América Latina se redujo la desigualdad en los últimos quince años.  Además, la pobreza se redujo de forma significativa en la región, al pasar de 48% en 1990 a 28% en 2014. Estos datos sugieren que para reducir la desigualdad es indispensable lograr mayores niveles de crecimiento económico, acompañado de programas sociales que ayuden a aquellos que cuentan con un capital humano tan escaso, que no le permita incorporarse al mercado laboral de forma exitosa. 

 

Lo cierto es que, contrario a la visión pesimista de Piketty, el mundo realizó grandes avances en las últimas cuatro décadas. Millones de personas salieron de la pobreza,  la clase media se expandió en diversos países, se mejoraron considerablemente los indicadores sociales y la desigualdad se redujo entre países y a lo interno de varios países. 

 

 

 

 

 

 

  

A la luz de esta evidencia, resulta contradictorio que se piense que el capitalismo es el responsable de los males que aquejan al mundo o que este sistema conduce inexorablemente a niveles excesivos de desigualdad. El aumento de la desigualdad en el mundo desarrollado tiene que ver con cambios tecnológicos y con una pérdida de competitividad, en términos relativos, que ha causado que las inversiones emigren hacia los países en desarrollo. 

 

Sin duda, los países avanzados tendrán que introducir reformas que les permitan superar la crisis que actualmente están atravesando; mientras que los países en desarrollo deberán profundizar sus niveles de industrialización para continuar con la reducción en los niveles de desigualdad.  En ambos casos, es importante mejorar el capital humano, para garantizar que las personas puedan adaptarse a los cambios vertiginosos de la tecnología. Si en algo tiene razón Piketty, es que mejorar el capital humano es fundamental para reducir los niveles de desigualdad y facilitar la movilidad social. 

¿Es la desigualdad el origen y la causa última de los grandes males que aquejan al mundo?

 

Octubre 2015

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