La Guerra Fría del siglo XXI

La Guerra Fría del siglo XXI
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Empresario, sociólogo y comunicador. Doctor en Sociología y Ciencias Políticas. Es Presidente de la Fundación Libertad y Desarrollo y Director General del programa Razón de Estado. 

Empresario, sociólogo y comunicador. Doctor en Sociología y Ciencias Políticas. Es Presidente de la Fundación Libertad y Desarrollo y Director General del programa Razón de Estado. 

04 Ene 2022

Nuestra libertad está amenazada

 

El final de la segunda guerra mundial en 1945 marcó el inicio de una era de gran crecimiento económico  y  de  aumento en el bienestar de los países que triunfaron; los países fundados en los valores de occidente: libertad, Estado de Derecho, igualdad de oportunidades, responsabilidad individual. 

A partir de aquellos días, pero en especial,  a partir de la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría en 1989, el mundo libre,  el hemisferio occidental, con escasos momentos de excepción, cayó en la trampa de la ingenuidad, la comodidad y la indiferencia para preservar y fortalecer los valores occidentales. Las élites  renunciaron a su responsabilidad de  defenderlos  pues  confundieron  la  libertad y la justicia con  privilegios.  Esta  es  en gran  medida, la causa del drama latinoamericano. 

El  comunismo  internacional y los  enemigos  de la libertad, ante el fracaso de sus doctrinas, de sus políticas y de sus economías, encontraron nuevas formas para hacer avanzar su agenda expansionista, autoritaria, intervencionista y totalitaria. Usan métodos tramposos, traicioneros y hasta criminales.

Desde los primeros días del Siglo XXI, en un mundo globalizado; en la era exponencial de la desinformación, de las "fake news" y de la inseguridad cibernética; con una   economía  global insuficiente y un creciente desencanto en la política, en los políticos y en la democracia; las formas y los métodos infames que usan los enemigos de occidente, los enemigos de la libertad han avanzado de manera peligrosa y efectiva.

Los campos de batalla dejaron de  ser el respeto a la ley, la constitución, el debate por las mejores ideas, por los mejores  métodos, por la búsqueda de la verdad. Hoy vivimos en las trampas del nacionalismo, del colectivismo, del populismo, de la mentira; vivimos tiempos de criminalización en la política; y en demasiados  países, tiempos de   democracias  falsas y elecciones de fachada. Por eso, nuestra libertad está amenazada. 

Los campos de batalla, en los que se  promueven  el  conflicto, la separación y la imposibilidad de alcanzar  acuerdos  son  hoy los  que provocan las  emociones y los prejuicios sobre la identidad de género, de raza, el  sexo, el cambio climático, la religión, la ideología.

Estos son los nuevos sujetos revolucionarios, en lugar del clásico discurso de la explotación capitalista contra la clase trabajadora. Y su caballo de Troya es la desigualdad social como instrumento político de  lucha de  clases  para culpar a la riqueza por la pobreza, cuando el problema es que  la  escalera social está paralizada y solo volverá a funcionar cuando tengamos más libertad, más certeza jurídica y economías activas y robustas.

Hemos permitido que los valores de occidente pierdan brillo. Pero también es cierto que eso que llaman el Club de Sao Paulo o el Grupo de Puebla, desde donde  conspiran  los  populistas  de  la extrema izquierda latinoamericana, son aliados e instrumento de China, Rusia y sus satélites en su misión por asfixiar las democracias y las libertades en América  Latina y tomar  control de  sus  economías, de sus recursos.

La guerra fría del Siglo XXI es entre Estados Unidos y China; y América Latina está en llamas y bajo ataque porque es su campo de batalla principal.

Para enfrentar el peligroso momento que vive el hemisferio occidental solo hay que hacer valer su mayor  conquista  moral:  el  ciudadano  libre  y presente; porque lo único que importa a la condición humana es su deseo de libertad.