En Centro América tenemos varias décadas de estar construyendo Estados diseñados para la corrupción y la impunidad. 

 

Desde Guatemala y Honduras, donde probablemente tenemos los Estados más criminalizados de la región, hasta Costa Rica que lo ha hecho de forma light, pero que también, tiene lo suyo, las causas de nuestro atraso social, político y económico tienen nombre y apellido: corrupción, incompetencia e indiferencia.

 

Empezando con políticos deshonestos y oportunistas, pasando por líderes sindicales de empresas públicas que lo que menos buscan es el bienestar de los trabajadores y de su país, y sumando a esto, élites desconectadas, indiferentes y en muchos casos ignorantes; nos hemos acostumbrado a vivir en la mediocridad política, sin visión de Estado para construir instituciones sólidas y garantes de la democracia y el Estado de Derecho, y sin un plan estratégico compuesto por políticas públicas de largo alcance que respondan a las legítimas aspiraciones de los pueblos de tener oportunidades y alcanzar bienestar.

 

El cono norte de Centro América vive con la vergüenza de ser una de las regiones más atrasadas, más violentas y peor gobernadas del mundo. 

 

Recientemente, en Guatemala, su congreso, formado en su mayoría por el típico politiquero tercermundista, tramposo y sinvergüenza, intentó dar un golpe de Estado. Se recetaron dos decretos para seguir delinquiendo con total impunidad, rebajando penas a corruptos, mareros y violadores, y perdonando delitos que en cualquier país civilizado tendrían cárcel. Y esto lo hicieron burlándose del pueblo y pensando que pasarían desapercibidos.

 

La historia no termina ahí. Hay suficientes indicios e información que apuntan a que el plan perverso de estos diputados impresentables, en alianza con el mal aconsejado presidente, sería sacar del país a la CICIG (la comisión contra la impunidad de Naciones Unidas que opera en Guatemala, con buenos resultados desde el 2014), hacer renunciar a la valiente fiscal general, emitir una ley mordaza a la libertad de expresión y otras “gracias” que tendrían como objetivo que los grupos criminales que tienen secuestrado al Estado guatemalteco, recuperen el poder que han perdido.    

 

En Guatemala se cayeron las máscaras. El actual gobierno es más de lo mismo. Intentaron dar un golpe de Estado y les falló. El pueblo reaccionó. La Corte Constitucional le corrigió la plana al congreso, y al presidente por segunda vez. 

 

Sin embargo, el primer país centroamericano sigue en peligro de que las mafias criminales recuperen el control y sigan gobernando Guatemala, el país de la eterna impunidad. 

 

Guatemala, como otros países de Centro América, no aguantan más esa cultura política rancia y torcida. Los ciudadanos que creen en la libertad, la democracia y la justicia deben asumir el liderazgo que les corresponde para rescatar y construir la región ejemplar que Centro América puede y debe ser. 

 

Por el momento, tenemos el riesgo de que algunos de nuestros países sigan caminando hacia Estados criminales, narco-Estados, Estados fallidos o satélites del fracasado, dictatorial, corrupto y desastroso chavismo, que, al día de hoy, sigue destruyendo a Venezuela y llevándola a límites solo vistos en países como la Corea del Norte del sociópata Kim Jong-un.  

 

Por eso, debemos seguir luchando contra la demagogia, la impunidad, el descaro, el cinismo y la soberbia; prácticas de la vieja política que se deben estrellar contra el corazón de pueblos valientes que no están dispuestos a seguir aguantando a una clase política corrupta e incapaz que solo piensa en sus intereses.  

 

La Centro América que todos queremos debe formar dirigentes políticos capaces y honestos, debe convencer a la juventud de que participe en política; una política que se debe revalorizar y modernizar para convertirse en el verdadero instrumento de desarrollo para la región.