Esta película ya la habíamos visto

Esta película ya la habíamos visto
26 Abr 2019

Cuando las partes eran conocidas, pero faltaba ver el todo.

Ni el novelista más ingenioso hubiera podido imaginar el nuevo giro de la serie “Guatemala 2015-2019”. Mario Estrada, eterno candidato y caudillo de Jalapa, pactando con emisarios del Cartel de Sinaloa (que resultaron ser agentes de la DEA) el control de las carteras Gobernación y Defensa, así como de puertos y aeropuertos, a cambio de 12 millones de dólares para la campaña. Por si fuera poco, solicitando además a sus interlocutores narcos, que asesinaran a sus principales rivales políticos.

La captura de Estrada y la revelación de la conspiración generaron un pequeño sismo en la opinión pública. Pero quizá en el fondo no nos sorprendimos tanto de conocer esta trama. Porque muchas de las piezas del rompecabezas ya las habíamos visto y eran de pleno conocimiento para muchos.

En 2011, los cables de la Embajada de Estados Unidos, filtrados por Wikileaks, revelaban que la representación diplomática de Washington calificaba al partido UCN como de “ideología narca”.

Sin embargo, a parte del escándalo mediático y del ciclo noticioso, esta noticia no tuvo mayor efecto. El Tribunal Supremo Electoral no procedió a investigar dichas aseveraciones. La fiscalía no abrió ningún expediente. El resto de los partidos no marcaron distancia de la UCN. Nadie cuestionó que año tras año (2016-2019), la UCN se peleara la Presidencia de la Comisión de Gobernación en el Congreso.

Los actores relevantes y las élites ni se inmutaron al saber que un partido tenía vínculos con carteles de la droga. O peor aún, les han considerado un aliado más en las batallas políticas de coyuntura.

Enterarnos que Mario Estrada pidió $12 millones a un Cartel de la droga tampoco sorprende del todo. Ya en 2018, Insight Crime y el Periódico publicaron un reportaje en el que señalan que en 2007, la UNE habría recibido más de $11 millones para su campaña presidencial. Y al igual que con el caso wikileaks aquí no pasó nada. Como tampoco pasó nada cuando en 2015 nos enteramos que un 25% del financiamiento de los partidos políticos proviene del narcotráfico o del crimen organizado.

Peor aún, la respuesta fue atacar al niño que grita que el rey camina desnudo, sin que ningún actor relevante ni las élites movieran un dedo para combatir la penetración del narco en la política.

Enterarnos que Estrada ofreció a un grupo de crimen organizado el control de puertos, aeropuertos y de las carteras de Gobernación y Defensa tampoco sorprenden. El hecho que un Ex Ministro de Gobernación aguarde un proceso de extradición por haber facilitado operaciones de carteles de la droga nos dice que esto no es noticia nueva. O que en los puertos históricamente han operador estructuras que facilitan el tránsito ilegal de mercadería y droga tampoco es noticia nueva.  

Así que los diferentes componentes de la ‘conspiración Estrada’ ya los habíamos visto en otras tramas. Lo sorprendente de esta fue enterarnos que todos pueden encajar en una negociación de cara a las elecciones 2019. Esas elecciones de las que muchos vilipendian por “estar intervenidas” o “por estar sobre-judicializadas”. Pero nadie dice nada sobre el dinero de la droga en los partidos, sobre las negociaciones a cambio de financiamiento o sobre tramas para impedir, por diferentes caminos – incluyendo el plomo, que los contrincantes participen en la contienda.

Nos resultan familiares los componentes de la ‘conspiración Estrada’ porque todos son síntomas de un Estado cooptado: de la institucionalización de intereses corruptos y criminales dentro del Estado.

El financiamiento ilícito de campañas, donde el dinero de los financistas ilícitos o anónimos y de los carteles fluyen sin cortapisas, ha sido una novela que hemos visto repetirse cada cuatro años. La captura de diferentes instituciones para fines ilícitos era una secreto a voces, que recién desde 2015 empezamos a entender con casos concretos. El intercambio de favores a cambio de dinero para campaña ha sido la constante elección tras elección. Cada gobierno ha tenido a sus financistas de turno a quienes luego retribuye con prebendas, contratos, negocios, concesiones y favores.

Y así, esta historia ya la habíamos visto. Quizá ahora con un matiz más hollywoodesco. Pero los componentes de la trama no cambian. Y esa frustración de sentir que esta película ya la vimos no es más que el reconocimiento tácito que vivimos en un Estado cooptado por la corrupción y el crimen.