La democracia liberal ha sido uno de los grandes logros del siglo XX. Definitivamente, aquellos países que la pusieron en práctica durante la segunda ola de democratización mejoraron la estructura de derechos y libertades de sus ciudadanos construyendo realidades nacionales más abiertas, plurales y con mayor capacidad crítica. Todo ello redundó en ambientes sociales más pacíficos, con mayor diálogo y deliberación y, por supuesto, con mejores condiciones para prosperar.

 

Las investigaciones desarrolladas por Roberto Stefan Foa y Yascha Mounk [1] han evidenciado un claro déficit de legitimidad en los actuales sistemas democráticos de Norteamérica y Europa. Los profesores citados señalan que se pueden observar tres fenómenos que claramente contribuyen al declive de las democracias liberales tal y como las conocíamos. Por un lado, se observa un aumento alarmante del apoyo a regímenes autoritarios. En segundo lugar, un gran número de individuos no ven los sistemas democráticos como positivos y deseables. Por último y en relación a todo lo anterior, los ciudadanos no consideran esencial el hecho de vivir en un sistema que se defina como democrático.

 

Para realizar su trabajo, los investigadores han utilizado datos de la famosa Encuesta Mundial de Valores[2], de la que Foa ha sido investigador principal. La realidad que dichos datos presentan es cuando menos problemática, porque son las cohortes de edad más jóvenes las más escépticas con el proceso democrático.

 

El tema, como se puede suponer, es de gran importancia y ha generado un gran número de respuestas. La última, a inicios de este mes. El reputado politólogo estadounidense de la Universidad de Harvard, el profesor Steven Levitsky, ha publicado junto a Daniel Ziblatt el libro How Democracies Die[3], otro trabajo dedicado a explicar la crisis por la que están pasando un gran número de sistemas políticos liberal-democráticos en la actualidad.

 

Son muchos los retos que las actuales democracias representativas tienen ante sí. El principal: recuperar la ilusión de los ciudadanos. Y quizás para ello sea necesario volver a la esencia de la democracia liberal tal y como se desarrolló en la segunda mitad del siglo XX. En la actualidad, se habla mucho de democracia pero poco de liberalismo o de Estado de Derecho. Tenemos que ser conscientes de que dicha forma política, la democracia liberal, la real, la única posible según el gran politólogo italiano y premio FAES de la Libertad, Giovanni Sartori[4], fue resultado de la fusión más o menos virtuosa de elementos democráticos y liberales[5].

 

Progresivamente, algunos de estos rasgos se han erosionado sufriendo un desgaste que afectó profundamente a la legitimidad de la democracia como tal. La democracia liberal debe proteger su identidad como Estado de Derecho. Un sistema liberal democrático no puede funcionar sin imperio de la Ley y sin división de poderes. Al mismo tiempo, la identidad liberal de la democracia no puede encontrarse en una situación de riesgo constante... Al hablar de una identidad liberal, nos referimos al compromiso que el Estado debe mantener a la hora de proteger la estructura de derechos y libertades individuales. Las libertades civiles (expresión, movimiento, asociación, conciencia, trabajo, etc.) deben estar salvaguardadas; pero también cuestiones como la propiedad privada, tan en riesgo en algunas democracias hoy en día. Por último pero no menos importante, parece de gran relevancia garantizar los derechos democráticos asegurando un sufragio activo y pasivo universal y sin limitaciones.

 

Muchos de esos elementos se encuentran en entredicho en un gran número de países. Además de lo anterior, cuestiones como la caída del muro de Berlín, el fracaso económico de algunas realidades nacionales, el desenfrenado desarrollo del Estado de Bienestar y la globalización –con procesos sociales altamente conflictivos como el migratorio– han contribuido a agravar la citada crisis de legitimidad.

 

Quizás la primera de nuestras obligaciones sea la de generar conciencia acerca del problema y mantenernos en constante vigilancia. Los sistemas democráticos sufren, sobre todo en Europa y en Norteamérica, una crisis de legitimidad. Lo anterior, sumado al avance del populismo, consecuencia de dicha crisis y virus ab initio de la democracia, ocasiona que la democracia liberal corra el riesgo de desaparecer y se convierta lentamente en otra cosa; en una democracia iliberal como indicaba Fareed Zakaria[6], en un régimen populista o en un autoritarismo competitivo[7] –utilizando el vocablo del profesor Steven Levitsky–.

 

Con objeto de corregir esta situación, parece necesario volver a la esencia de la democracia liberal. Para ello hay que proteger el compromiso que esta forma política ha mantenido a lo largo de la segunda mitad del siglo XX con la defensa de la estructura de derechos y libertades individuales y los valores liberales. Esperemos que el 2018 sea un año que sirva para recuperar la ilusión y podamos respaldar con más ahínco un modelo político que tanto ayudó a construir el camino hacia una sociedad más pacífica y libre. 

 

Notas:

 

[1] Los artículos fueron publicados en el Journal of Democracy. Ver FOA, Roberto Stefan y Mounk, Yascha (2016). “The danger of deconsolidation. The democratic disconnect”. En Journal of Democracy, July, Vol. 27, núm. 3. Pp. 5 - 17 y FOA, Roberto Stefa y Mounk, Yascha (2017). “The signs of deconsolidation”. En Journal of Democracy, January, vol. 28, núm. 1. Pp. 5 - 15.

 

[2] Para más información ver http://www.worldvaluessurvey.org/wvs.jsp. Los datos que han utilizado los autores son los comprendidos entre los años 1995-2015.

 

[3] Levitsky, Steven y Ziblatt, Daniel (2018). How democracies die. New York. The Crown Publishing Group.

 

[4] Para más información ver http://www.fundacionfaes.org/es/prensa/45524/giovanni-sartori-premio-fae...

 

[5] Ver para más información Sartori, Giovanni (2007). ¿Qué es la democracia? Madrid. Taurus

 

[6] Ver el trabajo del periodista Zakaria, Fareed (2003). El futuro de la libertad. Madrid. Taurus.

 

[7] Levitsky, Steven (2011). Competitive authoritarianism: Hybrid regimes after the Cold War. Cambridge. Cambridge University Press.

 

Publicado orignalmente en: http://www.fundacionfaes.org/es/contenido/46595/2018-un-ano-para-recuper...