El valor del individuo

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Los colectivismos anulan por completo a la persona

 

En la historia de la humanidad es común encontrar distintas versiones de ideas colectivistas, en donde se puede obviar, desestimar o eliminar al individuo. 

El más evidente es el comunismo, que pretende anular por completo al individuo por un supuesto “bien mayor”. De esa cuenta, en los regímenes comunistas se encarcela, tortura o asesina a cualquier persona que se atreva a cuestionar o a pensar distinto. 

En el comunismo se llega al extremo de prohibir la religión y de minar el papel de la familia en la formación de los niños. El Estado es quien tiene la última palabra en todo. Es un sistema totalitario que pretende quebrar y anular cualquier expresión de individualidad.

Pero también hay otras versiones colectivistas, como el fascismo, que sujeta al individuo a la idea de la nación y del Estado. Aunque conserva la propiedad privada, el Estado tiene un rol protagónico en la vida económica y social de los países. 

En el fascismo tampoco se permite la libertad de religión o de conciencia, ya que el Estado es quien define qué ideas mantienen la unidad de la nación.

Por el contrario, en el liberalismo, el individuo tiene derechos fundamentales. El derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad no puede ser violentado por ningún Estado o gobernante.

En el liberalismo existe pluralidad política y libertad de expresión y de conciencia. Nadie puede imponer sus ideas sobre otros. Se procura la convivencia pacífica. 

Lamentablemente, las ideas colectivas están de vuelta. Ya no con los nombres de comunismo o fascismo, pero sí con variantes que amenazan la libertad individual.  

Ojalá que evitemos caer de nuevo en esos colectivismos que provocaron tanto sufrimiento a millones de personas.

 

*Columna publicada originalmente en Nuestro Diario

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