La creación de riqueza ocurre en la certeza legal
En Guatemala nos hemos acostumbrado a vivir en constante incertidumbre sobre el futuro del país. Los golpes de Estado, la guerra civil y, en las últimas décadas, las guerras judiciales sembraron zozobra entre los guatemaltecos.
Durante las elecciones de 2023, la eliminación de candidatos presidenciales y luego las acciones del Ministerio Público provocaron la crisis política más grave desde el Serranazo. Se quiso poner en duda la legitimidad de las elecciones y peligró la transferencia pacífica del poder.
Los ocho años de Consuelo Porras pasarán a la historia como los más nefastos de esa institución. Muchos políticos acusados de corrupción salieron libres y hasta recuperaron los bienes que les habían sido confiscados. Mientras que la persecución judicial a periodistas fue la norma.
La Fiscal sembró el terror en la sociedad civil y brindó impunidad a los grandes actores de la corrupción.
Sin embargo, durante la CICIG también se utilizó el Ministerio Público con fines políticos. No es casualidad que Thelma Aldana pretendiera lanzar su candidatura presidencial y que Iván Velásquez terminara siendo ministro de Gustavo Petro. Un fiscal debiera evitar a toda costa involucrarse en política, porque tendrá la tentación de politizar la justicia.
Es momento de terminar los terremotos políticos. Logramos superar los golpes de Estados, alcanzamos la firma de la paz y ahora nos toca despolitizar la justicia. Nunca más se debieran utilizar las Cortes de Justicia ni el Ministerio Público para tomar el poder político.
Las batallas políticas deben darse en los partidos políticos, en las elecciones y en los votos en el Congreso. Ojalá todos hayamos aprendido la lección.
*Columna publicada originalmente en Nuestro Diario