Around the World
En el programa de esta semana, analizamos los desafíos por la incertidumbre geopolítica, los conflictos internacionales y la erosión del orden global, así como la importancia de la responsabilidad individual y la esperanza activa frente a tiempos de crisis.
Dionisio Gutiérrez relató la historia de Martín, un joven que, en medio de la incertidumbre que vive el mundo, buscaba respuestas ante los conflictos, la inestabilidad y la falta de certezas sobre el futuro. A través de ese relato, reflexionó sobre las guerras, el poder, las dificultades económicas y los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones.
En ese contexto, destacó el encuentro de Martín con una panadera, quien le ofreció una lección sobre la responsabilidad individual. Ante el pesimismo del joven de que “todo iba mal”, ella respondió: “Todo no. Muchas cosas van mal. No es lo mismo”. Y cuando Martín le preguntó cuál era la diferencia, afirmó: “cuando muchas cosas están mal, uno empieza por la que tiene delante”.
Gutiérrez señaló que esa actitud representa una forma de esperanza basada en la acción y explicó que “Ahí estaba la esperanza, como disciplina. Esperar no era imaginar que los tiranos se volverían prudentes, que las élites abandonarían de pronto su miopía o que los mercados repartirían automáticamente oportunidades. Esperar era negarse a concederle al miedo la última palabra”.
Para finalizar, Gutiérrez recordó que, aunque el mundo atraviesa un momento complejo, la historia demuestra que siempre existen motivos para confiar: “El mundo vive una hora difícil. Sería necio negarlo. Pero más necio aún sería olvidar que cada época oscura ha intentado convencer al ser humano de que la luz ya no volverá. Y, sin embargo, siempre vuelve”. Concluyó afirmando que esa luz puede encontrarse “en una panadería, en una conciencia despierta, en una decisión humilde y firme de no rendirse”.
En el siguiente segmento, Dionisio Gutiérrez entrevistó a Pedro Trujillo, especialista en análisis estratégico, seguridad y defensa, sobre los principales desafíos geopolíticos que enfrenta Occidente, el conflicto entre Estados Unidos e Irán, el papel de China y Rusia, la seguridad energética y el deterioro del orden internacional.
Trujillo advirtió que los acuerdos internacionales han perdido valor cuando las partes carecen de credibilidad. A su juicio, tanto Estados Unidos como Irán han convertido los compromisos en instrumentos circunstanciales: “los pactos se cumplen de buena fe”, pero en este caso “no sirven para nada”. Alertó que esta dinámica solo genera “incertidumbre”, el peor escenario para las relaciones internacionales.
Sobre la disputa en el estrecho de Ormuz, sostuvo que la estrategia iraní constituye “una extorsión absoluta” y un “chantaje” dirigido a presionar a Occidente mediante el control de una de las rutas comerciales más importantes del mundo. Añadió que el problema es que “no todo el mundo lo ve así”, lo que dificulta una respuesta internacional firme.
Respecto a la estrategia militar de Teherán, Trujillo afirmó que Irán busca “extender el conflicto” a otros países para incrementar la presión sobre Washington. Explicó que esta forma de operar responde a una “guerra híbrida y asimétrica”, cuyo objetivo es obligar a Estados Unidos a negociar en condiciones favorables para el régimen iraní.
En materia energética, señaló que la reducción de la reserva estratégica estadounidense representa un desafío de largo plazo. Indicó que el problema no es únicamente haber consumido una parte importante de las reservas, sino que “reponerla lleva mucho tiempo”, lo que limita la capacidad de resistencia en un conflicto prolongado.
Asimismo, explicó que el encarecimiento del transporte marítimo ya está trasladándose al costo de vida. Recordó que el incremento en los seguros y en los tiempos de navegación termina impactando “el pan, la patata, el tomate” y prácticamente toda la cadena de consumo. También cuestionó la falta de respuestas de los gobiernos frente a una carestía que podría prolongarse.
En cuanto al papel de las grandes potencias, consideró que Rusia y China actúan coordinadamente para debilitar a Estados Unidos. Afirmó que ambas aprovechan la lógica de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” y sostuvo que Pekín “silenciosamente, está haciendo su juego”, mientras proporciona apoyo estratégico a sus aliados.
Trujillo también criticó la ausencia de liderazgo europeo frente a la crisis internacional. Aseguró que la Unión Europea permanece al margen de las principales decisiones por “falta de liderazgo” y por su incapacidad de definir una política común, dejando el escenario internacional en manos de otras potencias.
Sobre la crisis migratoria en España, calificó la actuación del gobierno de Pedro Sánchez como “el fracaso más estrepitoso en la historia moderna” frente a una situación que, a su juicio, era previsible. Añadió que resulta “inconcebible” que decenas de miles de personas pudieran concentrarse en la frontera sin que existiera una advertencia previa.
Al referirse a la situación política española, afirmó que existen indicios de una actuación orientada a distraer la atención de los escándalos internos. Consideró que resulta difícil encontrar una explicación racional a los acontecimientos recientes y lamentó la respuesta del gobierno ante los incendios y la crisis en Ceuta.
Respecto a China, sostuvo que el país desarrolla una “guerra multimodal”, basada no solo en el empleo de capacidades militares, sino también en herramientas económicas, tecnológicas, cibernéticas y de influencia política. Destacó que esta estrategia permite a Pekín competir mediante sistemas mucho más baratos y eficientes que los utilizados por Occidente.
Sobre el Indo-Pacífico, valoró positivamente el fortalecimiento de las alianzas entre Estados Unidos, Japón y otros socios regionales. Consideró que todavía existe margen para construir “una suerte de relación defensiva” que actúe como un “muro de contención” frente a las aspiraciones estratégicas de China.
Finalmente, advirtió que Occidente enfrenta una limitación industrial para sostener conflictos prolongados. Explicó que la producción de sistemas de defensa no responde a una economía de guerra y que “no existe esa capacidad” para fabricar armamento al ritmo que demandan los actuales escenarios de conflicto, una situación que podría hacerse más evidente hacia finales de año.
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Dionisio Gutiérrez inició advirtiendo sobre el riesgo que representa la captura de la justicia para una democracia: “Una república puede soportar malos ministros, peores diputados y hasta una generación de gobernantes mediocres. Lo que no puede es sobrevivir si desaparece la justicia independiente porque cuando los jueces dejan de obedecer a la ley y obedecen al poder, el ciudadano pierde su último refugio y la nación se convierte en feudo de criminales”.
Pombo inició explicando por qué los gobiernos buscan controlar el sistema judicial. Afirmó que, con el auge del neoconstitucionalismo, “de lo que se trata es de dominar el sistema judicial”, pues el Ejecutivo busca controlar a “quien toma, en últimas, la última palabra, que es la rama judicial”. Según explicó, las dictaduras y los populismos recurren a esta estrategia porque la justicia “legitima una decisión”, la “legitima en última instancia” y hace que las decisiones “suenen colegiadas, motivadas, constitucionales” cuando en realidad responden al poder político.
Por su parte, Ghersi inició explicando que la captura de la justicia responde a una lógica propia de los países con instituciones débiles. Se refirió a la escuela de la elección pública para señalar que “en sociedades con instituciones débiles como en América Latina, en vez de competir económicamente, los grupos de interés compiten políticamente”, y advirtió que una de las formas de hacerlo es “a través de la captura o de la búsqueda de influencia en los organismos judiciales”. Agregó que algunos actores “se hacen amigos de los jueces, del sistema de justicia para mantener su poder en el mercado o perseguir a sus competidores”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre una parte de la juventud contemporánea que, pese a haber nacido en el mejor momento material de la historia, asume como natural la abundancia, las libertades y los derechos conquistados por generaciones anteriores. En ese contexto, advirtió que “disfruta de una abundancia que no produjo, de derechos que no conquistó, de tecnologías que no inventó y de libertades por las que otros arriesgaron la vida; pero, en lugar de preguntarse cómo conservar y ampliar ese legado, exige más, de inmediato y sin costo”. Asimismo, recordó el concepto de Ortega del “señorito satisfecho”, que recibe la civilización como si todo le fuera debido y desconoce el esfuerzo que hizo posible ese bienestar.
Gelpi señaló que los jóvenes disfruten de los beneficios del capitalismo, pero desprecien ese mismo modelo es paradójico: “El capitalismo democrático ha logrado la mayor disminución de la pobreza en nuestra historia. Sin embargo, una parte importante de los jóvenes desconfía del sistema porque vive en la cara más negativa: tiene servicios públicos, tiene servicios sociales, pero no es capaz de independizarse. Bajo este contexto, considera que más que una confrontación ideológica, lo que hay es “una frustración vital” con la sensación de que no se puede avanzar: “desde el mundo liberal y capitalista, debemos impulsar ese motor de alguna manera porque si no, los populistas nos van a devorar”. Aunque añadió que es cierto que no es posible que los Estados satisfagan todas esas necesidades.
Por su parte, Álvarez señaló que figuras como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, venden una narrativa errónea al afirmar que solo existe una mayoría, la clase trabajadora: “Incluso Marx y Engels describían el comunismo con el proletariado y la burguesía”. Además, señaló que el hablar bajo estos términos crea la narrativa de que “estamos sometidos ante el rico, ante el que oprime”, cuando realmente en una sociedad libre todos somos agentes económicos.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que América Latina continúa atrapada en el conflicto, la pobreza y la devastación por el voto: “El voto equivocado le impone, con demasiada frecuencia, gobernantes corruptos y autoritarios”, quienes, además, “intentan que nuestros países sean cautivos de la demagogia y la sumisión que produce pueblos de esclavos en lugar de naciones de ciudadanos”.
Villamarín advirtió que el desconocimiento anticipado de los resultados electorales por parte del oficialismo colombiano es un riesgo para la democracia del país. A su juicio, el presidente Gustavo Petro y su sector político buscan “darle una lectura politizada, ideologizada y torcida a todo lo que no les conviene” y “acusan siempre de trampa al adversario”, pese a que llegaron al poder mediante el mismo sistema electoral que ahora cuestionan.
Por su parte, Flores señaló que la izquierda populista ha sido hábil “en tratar de afianzarse o imponerse en el poder”. A pesar de eso, ve positivo que nuestros sistemas electorales sean “participativos y transparentes”. Además, aseguró que los ciudadanos latinoamericanos logran reconocer que la narrativa que se ha tratado de imponer sobre fraude es falsa: “No se vale que estén gritando fraude cuando pierden. Seamos honorables”.
Dionisio Gutiérrez inició refiriéndose a la crisis que atraviesa Venezuela y al momento decisivo que enfrenta el país tras la caída de Maduro: “La tiranía de Caracas ha sido golpeada, el dictador cayó, la verdad del desastre quedó expuesta con brutalidad y, sin embargo, la libertad sigue detenida en un umbral incierto”. Aseguró que la transición es aún inconclusa y que hay un régimen que conserva estructuras de poder.
Arias aseguró que la tragedia provocada por el terremoto en Venezuela no puede entenderse de forma aislada, sino como consecuencia de más de dos décadas de deterioro institucional. A su juicio, “el verdadero drama” no es el fenómeno natural en sí, sino que el país “no está institucionalmente apto para recibirlo”.
Por su parte, Montes de Oca afirmó que América Latina atraviesa una nueva oportunidad para dejar atrás el ciclo del populismo, aunque advirtió que el éxito dependerá de que los países sean capaces de construir una alternativa duradera. A su juicio, la región vive un momento similar al de la década de 1990, con una serie de gobiernos que han comenzado a desplazar a la izquierda, mientras “aquel viejo Foro de São Paulo parece ahora acurrucado en Brasil”, donde incluso el liderazgo de Lula da Silva enfrenta un escenario de incertidumbre.

Pedro Trujillo inició señalando que América Latina atraviesa un momento de rechazo al populismo de izquierda, aunque advirtió que aún es prematuro hablar de un cambio definitivo. Afirmó que “hay un rechazo total” a esos regímenes en varios países de la región, pero también advirtió que “la mitad de la población de todos esos países (...) quieren vivir en un país que no está de acuerdo a la otra mitad”, lo que refleja “una polarización extrema que impide decir (...) si estamos en un cambio o es transitorio”.

Lechín comenzó señalando que la clave para entender que la libertad económica no es una consigna de ricos, sino una condición para crear clases medias fuertes es comprender que “los ricos siempre existen”, ya sea porque han trabajado por ese dinero o porque son políticos que lo han robado: “La zona de ricos nunca queda vacía, por lo tanto, no nos deben preocupar los ricos en términos filosóficos. Lo que nos debe preocupar siempre son los pobres”.

Ghersi señaló que en América Latina el problema con los gobiernos abiertamente autoritarios y aquellos que desean serlo es que en estos países “el poder no está limitado. La Constitución y la ley son utilizadas para perseguir al disidente, eliminar las libertades y hacer demagogia económica empobreciendo a nuestros pueblos”.
Dionisio Gutiérrez inició reflexionando sobre el momento decisivo que enfrenta Colombia y la necesidad de que la nación examine su rumbo con honestidad y responsabilidad. Afirmó que “hay horas en que una nación debe mirarse al espejo de su historia y preguntarse si todavía conserva el pulso moral necesario para salvarse a sí misma. Para Colombia, esta es una de esas horas”.
Raisbeck inició señalando que, de ganar Cepeda, el heredero de Petro, Colombia podría estar a un paso de caer bajo la categoría de régimen híbrido: “El candidato es cercano a las FARC y también está lanzando una propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente. Sabemos qué pasa cuando estos izquierdistas radicales bolivarianos cambian la Constitución: lo hacen para quedarse en el poder y, por supuesto, para implementar un régimen autoritario socialista”.
Por su parte, Chacón señaló que en Colombia existen dos modelos: “El modelo de Petro y de Iván Cepeda que es un modelo de izquierda que busca estatizar la economía, privilegiar las negociaciones de paz y que apuesta por una Asamblea Constituyente. Por el otro lado, con Abelardo de la Espriella, ha dicho que impondrá orden, que encarna un movimiento ciudadano con una serie de valores, entre ellos la patria, la familia, la seguridad y la propiedad privada, y que se ha comprometido a impulsar reformas en el marco de la Constitución, no para cambiar toda la arquitectura institucional, sino modificar temas como la Jurisdicción Especial de Paz que tendrá que pasar por el Congreso”.
Dionisio Gutiérrez inició señalando que la corrupción representa una amenaza aún más grave para el desarrollo de una nación que las crisis económicas o los conflictos comerciales: “La corrupción empobrece a una nación más que una recesión, una sequía o una guerra comercial”. Además, advirtió sobre las consecuencias de los malos gobiernos al señalar que “cuando el autoritarismo, la corrupción y la incompetencia se sientan en el poder, no solo se vacían las arcas públicas, se vacía también la confianza de la gente y se destruye la moral cívica”.
Llamas inició señalando que el declive del Partido Socialista en España inició en 2004 con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero: “A partir de ahí, inicia un punto de inflexión de populismo, donde un partido de perfil socialdemócrata termina convirtiéndose en un perfil bolivariano”.
Por su parte, Saleh resaltó que ver finalmente a la justicia llegar a Zapatero es “una reivindicación de años de denuncias que derivaron en amenazas y descalificaciones de todo tipo”. Sobre la investigación, señaló que “será trascendental para Venezuela e Iberoamérica”, pues es solo la punta del iceberg de una “estructural criminal transnacional”.