Observador centroamericano

Integración Centroamericana: Modelo de regionalismo abierto
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Daphne Posadas es Directora del Área de Estudios Internacionales en Fundación Libertad y Desarrollo. Participa en espacios de análisis político en radio, televisión y medios digitales. Está comprometida con la construcción de un mundo de individuos más libres y responsables.
17 Nov 2020

En esta entrega del Observador, se identifican los diferentes momentos históricos a través de los cuáles se ha intentado consolidar la unión centroamericana y se hará una evaluación sobre el modelo de regionalismo abierto que funciona actualmente.

PARTE 1: TRES ETAPAS DE LA INTEGRACIÓN CENTROAMÉRICANA
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La integración centroamericana no es un proceso nuevo. En los más de 200 años de historia compartida que tenemos (desde que se conformó la República Federal de Centroamérica) han existido diferentes esfuerzos por construir una única unidad geográfica con los países del istmo. Sin embargo,  a pesar que esos intentos han tenido algunas luces y aciertos, han resultado insuficientes para concretar un proyecto político eficiente y capaz de generar oportunidades de desarrollo para sus ciudadanos.

En esta entrega del Observador, se hará un esfuerzo por identificar los diferentes momentos históricos a través de los cuáles se ha intentado consolidar la región centroamericana y se hará una evaluación sobre el modelo de regionalismo abierto que funciona actualmente.

A través de la historia, es posible identificar 3 etapas concretas en el proceso de integración centroamericana: la República Federal de Centroamérica, entre 1823 y 1839; la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), entre 1951 y 1993; y el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), que es en la que nos encontramos desde 1993 hasta hoy en día[1]. Cada una de estas fases alineadas al espíritu de sus tiempos,  respondía a una serie de objetivos específicos y por tanto, tenía diferentes visiones de cómo concretar una unidad entre los países del Istmo. Vale la pena mencionar que a lo largo del Siglo XX hubo otros esfuerzos integradores pero para atender a los propósitos de este Observador se presenta la selección de los más relevantes. 

La primera etapa es la del intento de construcción de una única unidad política a través de la República Federal de Centroamérica conformada luego de  la independencia de los imperios de España y el de México en 1823. En aquel momento, se aspiraba a construir una identidad nacional para los países del istmo. Los resultados, evidentemente, no se pudieron concretar a causa de una serie de factores entre los cuales es posible enumerar: la identidad “regionalista” de las élites locales, la ineficiente estructura administrativa, entre otros.[2]

En 1949, Raúl Prebisch, economista argentino y Secretario General de la  Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó lo que más tarde Albert Hirschman denominaría como el “Manifiesto Latinoamericano”[3]. En su obra, Prebisch explica que la única forma a través de la cual los países de la región podrían expandir sus mercados es por la vía de la industrialización. Esto provocó que los países de América Latina adoptaran un modelo de sustitución de importaciones. Es decir, inversiones industriales apoyadas por el mercado interior. Esta estrategia estaba orientada al crecimiento “hacia adentro” proporcionada por los mercados locales con el objetivo de reducir la dependencia de los mercados internacionales.

Esta visión de integración a través de un exacerbado proteccionismo económico es la que inspiró la creación de la ODECA en 1951. La voluntad política de entonces consolidó, casi 10 años más tarde, el Tratado General de Integración Económica (1960).  Este aspiraba al desarrollo de un mercado común centroamericano a través de instituciones de carácter intergubernamental. Es en este momento en el que nacen una serie de tratados y órganos que se mantienen vigentes hasta el día de hoy. Sin embargo, las limitaciones de un sistema endógeno de crecimiento, sumado a las crisis global de la Guerra Fría y los conflictos armados a nivel local generaron un impasse que llevó a esta etapa a un inevitable agotamiento dando paso así a un nuevo modelo de integración.

PARTE 2: EL REGIONALISMO ABIERTO: UN MODELO CON VISIÓN “HACIA FUERA”
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En la década de los ochentas, en las vísperas del fin de la Guerra Fría se impulsaron una serie de diálogos y acuerdos de paz en la región. Luego de un período de más de 20 años de conflictos armados en Centroamérica, la paz se hizo necesaria y se generó una nueva oportunidad para -a través de los efectos civilizatorios del mercado- construir un nuevo modelo de desarrollo e integración regional.

Los esfuerzos por promover la paz en la región empezaron en 1986 con la firma de los Acuerdos de Esquipulas I. Aquí, los presidentes de Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua apostaron por la resolución de los conflictos locales y afirmaron su compromiso para un proceso de integración.

El espíritu de globalización impulsado por el Consenso de Washington, sumado a la debastación y recesión económica  en la región (provocadas por los conflictos armados internos, la crisis de deuda pública y el modelo de sustitución de importaciones) generaron la necesidad de impulsar un nuevo modelo de desarrollo. Esta nueva estrategia tenía por objetivo impulsar la competitividad a través del crecimiento “hacia afuera”. Se esperaba que a través de este proceso, los países pudieran desarrollar habilidad exportadoras. A este nuevo modelo se le conoce como regionalismo abierto.

Este nuevo proyecto integrador, como es posible inferir, cambió de identidad con los modelos que se habían intentado con anterioridad. Existía una visión de no solo fomentar el comercio local, sino de  posicionar a la región dentro de la economía global. Esta visión promete generar un ambiente de competitividad.

El Sistema de Integración Centroamericana (SICA) nace con la firma del Protocolo de Tegucigalpa el 13 de diciembre de 1991. Con esto, también nacen una serie de instituciones como la Secretaría General del SICA, el Parlamento Centroamericano, la Reunión de Presidentes y la Corte Centroamericana de Justicia. Es a través de esta vía institucional que se intentan construir y definir los intereses económicos para los 6 países que actulamente se encuentran integrados en la región: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

PARTE 3: LAS LIMITACIONES DEL MODELO DE INTEGRACIÓN
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Como es posible observar, a través de la exposición de los procesos históricos que describen la integración centroamericana, la naturaleza de sus etapas ha cambiado. Hoy se espera que a través de la consolidación de una integración profunda sea posible darle un perfil internacional a la región. Esta visión de apertura “hacia fuera” le permite adaptarse al contexto de globalización que se vive en el Siglo XXI.

Con Esquipulas I y II, se proponen tres objetivos principales del proceso de integración: paz, democracia y desarrollo económico. Respecto a la paz, se logró poner fin a los conflictos armados de la región y eso contribuyó a reducir los niveles de inseguridad pero la violencia todavía es un problema pendiente en la región. En cuanto a democracia, los países cumplen con los requisitos formales de un sistema político de este tipo, pero hay todavía una serie de resagos que deben corregirse, sobretodo en materia institucional.  Finalmente, para el desarrollo económico se han producido avances significativos, sin embargo, pareciera haber una suerte de paralización hacia los procesos de integración profunda que permitirían consolidar las etapas hacia un modelo de integración económica exitoso.

Hasta el día de hoy, y como se explicó en otra entrega del Observador Centroamericano, se consolidó la Unión Aduanera entre Guatemala y Honduras y próximamente se espera lograr también con El Salvador. Sin embargo, este fue un proceso que según los compromisos adquiridos en 1960 con el Tratado General de Integración Económica Centroamericana, debío haberse consolidado en el siglo pasado. ¿Por qué entonces hasta ahora se está avanzando en este proceso?

La respuesta es compleja porque se requiere de la voluntad y ejecución de varios actores para perseguir un mismo objetivo: la Integración Económica de Centroamérica. Para darle marcha adelante a esta agenda se requiere de un compromiso real por parte de los presidentes de los 7 países. A nivel administrativo y burocrático, se espera que se le pueda dar seguimiento real a los procesos para consolidar la integración profunda. Y finalmente, corresponde también a las élites centroamericanas darle fuerza a los argumentos culturales, sociales y económicos para impulsar el modelo de desarrollo y constuir una región de oportunidades para los ciudadanos centroamericanos.

 

 

[1] Fernández Luiña, Eduardo. (2013). Poder Normativo en Acción: Europa a través de sus espejos. Relaciones Unión Europea – Sistema de la Integración Centroamericana.

[2] Fundación Libertad y Desarrollo. (2020). Centroamérica; amenazas y oportunidades compartidas; un destino común.  

[3] Hirschman, Albert O. (1968). The Political Economy of Import-Substituting Industrialization in Latin America. The Quarterly Journal of Economics.

4. 

Centroamérica: reapertura de aeropuertos
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Daphne Posadas es Directora del Área de Estudios Internacionales en Fundación Libertad y Desarrollo. Participa en espacios de análisis político en radio, televisión y medios digitales. Está comprometida con la construcción de un mundo de individuos más libres y responsables.
25 Sep 2020

La importancia que tiene el tránsito aéreo en la economía es la razón por la cual se deben identificar áreas de mejora en materia de conectividad logística para asegurar una pronta recuperación económica. En este observador exploraremos la apertura de los aeropuertos en la región y revisaremos la hoja de ruta propuesta para mejorar la infraestructura aérea en Centroamérica. 

PARTE 1: IMPACTO DEL TRÁNSITO AÉREO
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En los primeros meses de 2020, cuando el coronavirus ya era noticia mundial, varios gobiernos impulsaron el cierre de sus fronteras para intentar frenar el contagio. Para Centroamérica, cuando se confirmaron los primeros casos en la región, los países también implementaron esas mismas medidas de contención y prevención para evitar la propagación del virus.

La página Flightradar24 ofrece información en tiempo real sobre vuelos en el mundo. En abril, cuando se registró la mayor cantidad de contagios globales, se identificó también una caída histórica en la cantidad de vuelos. Como se puede observar en la gráfica, el 12 de abril de 2020, hubo un total de 46mil 294 vuelos en total en todo el mundo. En la misma fecha en 2019, la cifra ascendía a 193mil 655 vuelos, lo cual representa una caída del 76.09%. Esto permite medir el fuerte impacto del Covid19 y las disposiciones de los gobiernos en el volumen de las transacciones aéreas.

Como se observa, al 23 de septiembre de 2020, hay una recuperación significativa en la cantidad de vuelos totales. Sin embargo, aún no se alcanza los niveles de 2019. La diferencia entre la cantidad de vuelos totales del año anterior, respecto a este, en el mismo día es de 65mil 723 vuelos, una caída del 33.67%. Estos datos reflejan que los vuelos se han reestablecido en  42.42 puntos porcentuales.

Según SICA, en Centroamérica el tráfico aéreo disminuyó en un 90% durante el primer semestre de 2020 en relación con el año anterior. Esto ha derivado en una serie de graves consecuencias económicas tanto a nivel directo para algunas aerolíneas, como también para los múltiples otros sectores que dependen del flujo de vuelos.

El sector de aviación tiene un fuerte impacto económico en Centroamérica. De acuerdo con un informe publicado en 2018 por Oxford Economics, 814mil 900 empleos son generados a partir de esta actividad y la utilidad bruta del sector asciende a 17.31 millardos en toda la región (sin tomar en cuenta a Belice). Cabe señalar que el 14% del PIB de Panamá tiene su origen en el transporte aéreo y el turismo que llega por este medio; mientras que para países como Guatemala o El Salvador únicamente representa el 1% y 3%, respectivamente.

Centroamérica es un territorio relativamente pequeño en donde las economías de los países dependen del comportamiento del mercado global y de su relación con terceros. Como se ha mencionado en otras entregas de este Observador, además de la integración económica del Istmo, el desarrollo de infraestructura para mejorar la capacidad y calidad en materia logística juega un factor determinante a la hora de mejorar los niveles de competitividad.

En este sentido es sumamente positivo que se reanuden las actividades de los aeropuertos en Centroamérica. La importancia que tiene este sector en la economía es la razón por la cual se deben identificar áreas de mejora en materia de conectividad logística para asegurar una pronta recuperación económica. Es por esto por lo que, en este observador exploraremos la apertura de los aeropuertos en la región y revisaremos la hoja de ruta propuesta para mejorar la infraestructura aérea en el Istmo.

PARTE 2: GRADUAL REAPERTURA DE AEROPUERTOS
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Como se explicó en la sección anterior, en marzo, con la confirmación de los primeros casos de Covid19 en la región, se cerraron las fronteras de los países. Las disposiciones eran variadas de acuerdo con el país. Después de casi 6 meses, en agosto, se empezó la reapertura de fronteras y de aeropuertos para vuelos internacionales.

El primer país en decretar el cierre de sus fronteras fue Honduras el 15 de marzo. De acuerdo con la información oficial, reinició operaciones en sus 4 aeropuertos a partir del 10 de agosto para vuelos nacionales y el 17 de agosto para viajes internacionales. La Agencia Hondureña de Aeronáutica Civil (AHAC) informó que los aeropuertos trabajan con horarios especiales que se actualizan semanalmente.

Guatemala fue el segundo país de la región en cerrar sus aeropuertos. El 17 de marzo se declaró un estado de calamidad pública en el que se anunció esta disposición. Se esperaba que se realizara la reapertura del aeropuerto a partir de septiembre, sin embargo, esto se concretó hasta el 18 de este mes.

El Salvador aplicó un cierre de fronteras a partir del 14 de marzo, sin embargo, se cerró el tránsito del aeropuerto hasta el 18 de marzo. La intención era que la medida únicamente durara 15 días. El 24 de agosto se anunció la adaptación de las instalaciones del aeropuerto y la reactivación de las fronteras a partir del 19 de septiembre con limitaciones. De acuerdo con la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma se podrá operar de manera regular a partir del 4 de octubre.

Costa Rica decretó el cierre de sus fronteras aéreas el 19 de marzo, 3 días después de declarar un estado de emergencia. La reactivación de vuelos nacionales e internacionales comenzó a partir del 1 de agosto para vuelos desde países de la Unión Europea, Reino Unido y Canadá. A partir del 1 de septiembre se admitieron turistas provenientes de Estados Unidos.

En el caso de Panamá se suspendieron los vuelos internacionales desde el 22 de marzo. Es importante mencionar que el aeropuerto de Panamá es un importante hub logístico y por esta razón recibió comunicación por parte de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) para regular sus operaciones. Desde el 14 de agosto se reactivaron los vuelos a 9 destinos de América, el Caribe y Estados Unidos. Se prevee la reactivación de la aviación doméstica el próximo 28 de septiembre y el levantamiento de restricciones para vuelos internacionales hasta el 12 de octubre.

En el caso de Nicaragua no hubo un cierre oficial del aeropuerto, sin embargo, las aerolíneas decidieron suspender sus servicios. Los vuelos se reanudaron el 19 de septiembre.

La tabla siguiente presenta un resumen de la información descrita en esta sección.

PARTE 3: ESTADO ACTUAL DE LOS AEROPUERTOS
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En Centroamérica, actualmente hay 20 aeropuertos internacionales y 26 aeropuertos nacionales que movilizan a más de 31 millones de pasajeros anuales. La imagen a continuación pretende dar una idea al lector de la ubicación de los aeropuertos internacionales en la región.

En 2017 se presentó la Política Marco Regional de Movilidad y Logística que busca mejorar las plataformas logísticas de la región para asegurar la movilización de la población, las cadenas de suministro y desarrollar las cadenas regionales de valor. De esta forma se busca impulsar un desarrollo logístico agresivo que garantice al Istmo una mejor competitividad respecto de sus vecinos.

El documento, elaborado por SIECA con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, la CEPAL, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón y la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional es un esfuerzo que reúne en solo 36 páginas información sobre el estado actual y los retos de la movilidad y logística en la región. Esta está dividida en dos secciones, una que atiende a los Ejes transversales y una que atiende a los Ejes Sectoriales.

En la sección de los Ejes Sectoriales, encontramos el apartado IV que se identifica como Servicios Aeronáuticos y Aeroportuarios de la región. Según lo expuesto, en Centroamérica hay un grave problema para paliar la oferta de servicios de carga y transporte de pasajeros y para responder a las exigencias del comercio exterior.

Se describen 4 retos fundamentales a los que hay que responder:

  1.  Aumento de capacidad en manejo de pasajeros y mercancías. En este punto se aborda el espacio geográfico en el que están posicionados lo aeropuertos. El crecimiento urbano y la ubicación de los aeropuertos impone limitaciones para la expansión física de los mismos. Es por esta razón que se hace imposible la llegada de aeronaves más grandes.
  2. Ampliar y modernizar las instalaciones de carga de los aeropuertos. Se hace hincapié en la necesidad de suficiente disponibilidad de cuartos fríos y de instalaciones de bodega y almacenaje adecuados.
  3. Mejorar proceso de control de carga. Esto con el objetivo de hacer una inspección eficiente de la carga. De acuerdo con lo expuesto en el documento, es necesario mejorar los tiempos de inspección, puesto que son superiores a lo observado en otros países y por tanto representa un costo elevado para las transacciones.
  4. Acelerar la ampliación y modernización de las instalaciones aeroportuarias. Se prevé un aumento de las zonas de carga en un plazo de 20 a 30 años.

 

A estos retos se proponen 4 acciones e iniciativas prioritarias:

  1. Ampliar y modernizar la infraestructura aeroportuaria.
  2. Diseñar un plan de inversiones para mejorar y ampliar la actividad logística de los aeropuertos actuales.
  3. Identificar oportunidades para concretar alianzas público-privadas en el sector aeronáutico.
  4. Identificar mecanismos para financiar inversiones prioritarias.

 

A uno de los propósitos que sirve precisamente SICA es a impulsar iniciativas que logren potenciar la conectividad en la región. En enero de 2020 se anunció el acuerdo de “Cielos Abiertos” suscrito entre Guatemala y El Salvador. Se espera que más países de la región puedan suscribir este acuerdo para mejorar el tránsito aéreo en el Istmo.

Sin lugar a duda potenciar un mejor desempeño logístico en el sector aéreo mejoraría la competitividad en la región. Una hoja de ruta que contemple la importancia de la integración económica y la necesidad de adaptar infraestructura que responda a las necesidades del mercado asegurará la generación de condiciones que encaminen a Centroamérica hacia el desarrollo.

La crisis derivada del Covid19 provocó que los gobiernos tomaran medidas drásticas como el cierre de fronteras. En este escenario es posible medir el impacto y la importancia que tiene la infraestructura en general en el desempeño económico de los países. Es por esta razón que merece la pena reflexionar sobre las acciones que se necesitan impulsar en esta materia en los próximos años con el objetivo de garantizar mejores condiciones de vida para los casi 50 millones de habitantes de la región.

Integración económica para la recesión
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Daphne Posadas es Directora del Área de Estudios Internacionales en Fundación Libertad y Desarrollo. Participa en espacios de análisis político en radio, televisión y medios digitales. Está comprometida con la construcción de un mundo de individuos más libres y responsables.
07 Ago 2020

Identificar los escenarios pesimistas y no hablar de propuestas para afrontar la crisis es un error. Es precisamente en estos momentos en los que es necesario ver en la historia casos de éxito para afrontar las grandes debacles económicas. Hablar de Integración Económica como solución para la desnutrición, pobreza, migración, inseguridad y tantos otros males que compartimos como región ya no es sólo un proyecto que se debe impulsar, sino parece la mejor opción para acelerar el proceso de recuperación económica después de la pandemia.

PARTE 1: EL COSTO HUMANO DE LA PANDEMIA
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La integración económica tiene por objetivo eliminar de manera paulatina las barreras económicas que existen entre los países. La implementación de mecanismos de facilitación de comercio, se justifican porque en la medida en la que los procesos de intercambio entre los actores son más sencillos, se genera un ambiente económico más agradable y óptimo para la generación de empleos, inversiones, riqueza, bienestar y desarrollo.

Bela Balassa en 1964 lo definió como “un proceso a través del cual dos o más mercados nacionales previamente separados y de dimensiones unitarias estimadas poco adecuadas se unen para formar un solo mercado (mercado común) de una dimensión idónea”. Para el caso centroamericano, la definición se ajusta casi a la perfección. Somos 7 países con economías pequeñas, que probablemente lograríamos participar de mejor forma en el intercambio comercial global si fuéramos una única unidad económica.

Tomar pasos concretos para consolidar este proyecto ha sido parte de la historia de nuestros 7 pequeños países. Son incluso más antiguos que los esfuerzos que se iniciaron en el siglo XX para conformar lo que hoy conocemos como la Unión Europea. Sin embargo, los avances en nuestra región aún se quedan escasos. Parece que hace falta voluntad política para completar los procesos y también hace falta socializar de mejor forma los beneficios que podrían producirse de ello. El Observatorio Centroamericano tiene por objetivo precisamente eso, identificar las áreas de oportunidad para impulsar la Unión Económica de la región.

En medio de la pandemia, es más relevante aún hablar de soluciones en el largo plazo para intentar minimizar los costos humanos que nos dejará el coronavirus. De acuerdo con un análisis presentado por la CEPAL, se pronostica una contracción regional promedio de 6.5 % en el PIB anual de los países de Centroamérica. Este golpe puede representar un retroceso de al menos 10 años en los niveles de ingreso de sus habitantes.

Elaboración propia con datos del Informe especial COVID19 de la CEPAL.

Pero el drama es tan económico como humano. Es falso el dilema entre economía y salud. Esto se pone en evidencia cuando las proyecciones económicas van de la mano con las proyecciones de pobreza y desnutrición.  Según estimaciones de la CEPAL solo en el Corredor Seco se podría aumentar de 1.6 millones de personas con inseguridad alimentaria a 3 millones de seres humanos.

PARTE 2: ECONOMÍA EN RECESIÓN Y SOLUCIONES EN LA HISTORIA
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Los números presentados por las organizaciones internacionales hacen innegable el hecho de que estamos encaminados hacia un futuro con severas dificultades económicas y humanas. En términos económicos, se considera un periodo de recesión cuando la tasa de variación del PIB es negativa durante dos trimestres consecutivos. En esta fase del ciclo económico, se disminuye el consumo y la inversión y hay un aumento en la tasa de desempleo. Todas estas condiciones se han puesto en evidencia en los últimos meses.

Hablar de recesión económica es ya prácticamente una realidad en todos los países del mundo. Solo para el caso de Guatemala, se registraron caídas en el Índice de Actividad Económica (IMAE) durante los meses de marzo, abril y mayo. En el Reporte de Actividad Económica presentado por la Fundación Libertad y Desarrollo en julio, se hizo un análisis sobre los factores económicos que permiten hacer esta aseveración para nuestro país. Es más, parece que nos encontramos ante la peor crisis económica de los últimos 90 años.

El resto de nuestros vecinos también presentan escenarios poco optimistas. Para el caso de Panamá, estimaciones de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura  aseguran que entre 15% y 20% de la Población Económica Activa podría verse afectada, es decir más de 400mil personas podrían quedar desempleadas. En El Salvador la tasa de desempleo, podría ascender a 200mil personas.

Identificar los escenarios pesimistas y no hablar de propuestas para afrontar la crisis es un error. Es precisamente en estos momentos en los que es necesario ver en la historia casos de éxito para afrontar las grandes debacles económicas. Hablar de Integración Económica como solución para la desnutrición, pobreza, migración, inseguridad y tantos otros males que compartimos como región ya no es sólo un proyecto que se debe impulsar, sino parece la mejor opción para acelerar el proceso de recuperación económica después de la pandemia. Tomar pasos seguros hacia mejorar nuestro perfil comercial y posicionarnos como una región solidificada ya no es -o debería de ser- algo postergable sino más bien una necesidad en el corto plazo.

El tiempo es nuestro mejor maestro y la historia nos permite evaluar los éxitos y fracasos de las políticas públicas que los gobiernos han implementado para intentar mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. La forma en la que se produjo e impulsó la Integración Económica en Europa fue precisamente en un periodo de recesión económica en la postguerra.

Aunque ya existían algunos esfuerzos por formar una zona geográfica con facilidades comerciales, no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que se impulsó de manera más agresiva la unificación que tuvo sus primeros pasos con la generación de una Unión Aduanera que con los años, evolucionó hasta consolidar lo que se conoce hoy como la Unión Europea.

Esos primeros esfuerzos por construir zonas económicas unificadas se produjeron -según Balassa- en torno a 1953 -casi 10 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial- cuando se conformó la unión aduanera y posterior unión económica entre los países de la región del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo), Francia, la República Federal de Alemania e Italia. Es importante mencionar que desde 1944 los países miembros de la región del Benelux elaboraron una Convención de Aduanas que establecía una comunidad arancelaria entre los tres países y planteaba la posterior creación de una unión económica para fomentar las economías de escala. ¿En qué consiste entonces una unión aduanera como esfuerzo primario para consolidar una zona económica común?

Balassa, probablemente el referente por excelencia en materia de integración económica, identifica 5 etapas en el proceso de integración: zona o área de libre comercio, la unión aduanera, el mercado común, la unión económica y la comunidad económica o integración económica total. Para los fines de esta entrega del Observador, nos enfocaremos en las primeras dos, en otras entregas se profundizará respecto a las características de las otras etapas.

La zona o área de libre comercio es un espacio geográfico en el que se eliminan las barreras arancelarias y no arancelarias a las exportaciones o importaciones procedentes de los estados miembros, mientras que cada uno de los países mantiene sus tarifas arancelarias con el resto de los países. En este tipo de acuerdo, se mantienen los puestos de control fronterizo con el ánimo de identificar la procedencia de las mercancías y evaluar si corresponde la ventaja arancelaria.

En el Acuerdo general sobre aranceles aduaneros y comercio (GATT 94) que tiene su base en el GATT 47 y que establece la creación de la Organización Mundial de Comercio, se estipula que: 

  1. a)  se entenderá por unión aduanera, la substitución de dos o más territorios aduaneros por un solo territorio aduanero, de manera:
    1. i)  que los derechos de aduana y las demás reglamentaciones comerciales restrictivas (excepto, en la medida en que sea necesario, las restricciones autorizadas en virtud de los artículos XI, XII, XIII, XIV, XV yXX) sean eliminados con respecto a lo esencial de los intercambios comerciales entre los territorios constitutivos de la unión o, al menos, en lo que concierne a lo esencial de los intercambios comerciales de los productos originarios de dichos territorios; y
    2. ii)  que, a reserva de las disposiciones del párrafo 9, cada uno de los miembros de la unión aplique al comercio con los territorios que no estén comprendidos en ella derechos de aduana y demás reglamentaciones del comercio que, en substancia, sean idénticos;

En términos más sencillos, en una unión aduanera, los países establecen un área de libre comercio y comparten un arancel externo común con los países que no forman parte del acuerdo. Una de las características principales de estas primeras dos etapas mencionadas es que están limitadas únicamente al intercambio de mercancías.

PARTE 3: UNIÓN ADUANERA ENTRE GUATEMALA Y HONDURAS, UN BUEN AVANCE
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La pregunta que ahora se pretenderá responder gira entorno al estatus de Centroamérica respecto al establecimiento de un área de libre comercio que establezca un arancel externo común con terceros países. ¿Cómo vamos con la unión aduanera centroamericana?

La implementación de una unión aduanera en Centroamérica es un objetivo establecido desde 1960 con la suscripción al Tratado General de Integración Económica Centroamericana. El Capítulo I, Artículo I cita lo siguiente:

Los Estados contratantes acuerdan establecer entre ellos un mercado común que deberá́ quedar perfeccionado en un plazo máximo de cinco años a partir de la fecha de entrada en vigencia de este Tratado. Se comprometen además a constituir una unión aduanera entre sus territorios.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos iniciados en aquel momento, hasta la fecha las negociaciones han tenido escasos resultados. En los últimos años se han presentado una serie de avances a través de las reuniones de presidentes bajo las directrices de SICA. En 2002 se aprobó el plan de acción para la creación de la Unión Aduanera Centroamericana. En 2004 se estableció el marco para las negociaciones para la posterior aprobación del Convenio Marco para el establecimiento de la UA en 2007.

El Convenio Marco de la Unión Aduanera establece que para el desarrollo de la Unión Aduanera se implementarán tres etapas: la promoción de la libre circulación de bienes y facilitación de comercio, modernización y convergencia normativa y el desarrollo institucional. A partir de eso, se elaboró y dio seguimiento a una hoja de ruta para establecer la Unión Aduanera en el periodo comprendido de 2015 a 2024.

A partir de los antecedentes previamente mencionados, en 2015 se firmó el Marco General de los Trabajospara el Establecimiento de la Unión Aduanera entre la República de Guatemala y la República de Honduras que  establece el mandato, la base legal y la ruta a seguir para instalar la UA entre los dos países, este es el Anexo 1 del Protocolo Habilitante para el Proceso de Integración Profunda hacia el Libre Tránsito de Mercancías y de Personas Naturales entre las Repúblicas de Guatemala y Honduras. En estos documentos se define de manera más específica los términos para la integración de los procesos aduaneros entre ambos países.

Desde su implementación en junio de 2017, se crearon los puestos fronterizos integrados en El Corinto, El Florido y Agua Caliente. El comercio entre Honduras y Guatemala requiere un único instrumento para su tránsito, la Factura y Declaración Única Centroamericana). El 75% del comercio de esta zona está en libre circulación. De acuerdo con SICA, la integración aduanera de estos dos países permite mejorar las relaciones comerciales para el 50% de la población de la región y es equivalente al 52% del comercio intrarregional.

Fuente: Informe del Estado Actual de la Integración Económica Centroamericana. (Ver informe)

Según datos de la SIECA presentados en El Periódico, el intercambio comercial entre de Guatemala y Honduras generó USD 2.71 millardos entre 2017 y 2019. De estos, USD735.4 millones fueron operaciones realizadas a través de la Fyduca. Es decir, el 27% de las transacciones entre ambos países es producto de la facilitación de los procesos de intercambio que es posible a través de la unión aduanera. 

En 2018, se oficializó el acuerdo de adhesión de El Salvador al proceso de unión aduanera. Se espera integrar mecanismos de facilitación de comercio en al menos 6 puntos fronterizos: El Amatillo, El Poy, La Hachadura, Anguitú, Las Chinamas y San Cristóbal. De acuerdo con SICA, integrar a las tres economías, permitirá unificar el 69% del comercio en la región.

La gráfica anterior pretende ilustrar el crecimiento porcentual por año entre Guatemala y Honduras del año 2000 a 2019. El comercio entre ambos países ha crecido en promedio 9.34% en los últimos 19 años. Entre 2004 y 2007 se produjo un crecimiento bastante significativo en el intercambio comercial entre ambos países, sin embargo, la crisis económica de 2008 provocó una caída severa. A partir de ahí la relación entre los países ha sido volátil. En los años 2017 y 2018 se produjo un crecimiento superior al promedio con 8.55% y 10.86% respectivamente, pero en 2019 se produjo una caída de -1.05%.

Como se puede observar, no se produce un incremento exponencial a partir de la implementación de la Unión Aduanera en junio de 2017. Es probable que se requiera de más tiempo para medir los efectos reales de este mecanismo de facilitación comercial, sin embargo, es muy probable que derivado de la reducción de los costos de transacción, el intercambio comercial entre ambos países aumente.

Reducir los costos de transacción para los actores de comercio intrarregionales y globales, contribuirá a mejorar el ambiente económico de la región. La Unión Aduanera entre Guatemala y Honduras, y la posterior adhesión de El Salvador es un excelente avance para consolidar el proyecto de la Integración Económica Centroamericana. La reducción de tiempos y costos en el paso fronterizo entre los países de la región, genera incentivos para promover el intercambio dentro y fuera de la región. 

La pandemia es un punto de inflexión en el que es muy necesario identificar estrategias que permitirán acelerar el proceso de recuperación económica y ofrecer un futuro con oportunidades de desarrollo a los miles de centroamericanos que viven en condiciones de pobreza. La integración económica de la región ofrece beneficios tangibles en el corto plazo que son muy necesarios ante el contexto de la pandemia. Hoy más que nunca es necesario impulsar una Centroamérica unida para hacerle frente a los desafíos que se nos presentan.

Logistics Development: Economic Recovery After the Pandemic
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Daphne Posadas es Directora del Área de Estudios Internacionales en Fundación Libertad y Desarrollo. Participa en espacios de análisis político en radio, televisión y medios digitales. Está comprometida con la construcción de un mundo de individuos más libres y responsables.
21 Mayo 2020

El Coronavirus tendrá graves consecuencias en las relaciones comerciales entre los países. La integración centroamericana es y debe ser una opción a la hora de identificar estrategias para mejorar el ambiente económico después de la pandemia. El desarrollo de infraestructura logística tendrá un impacto directo en la competitividad de la región.

PANORAMA COMERCIAL GLOBAL ANTE LA CRISIS DEL CORONAVIRUS
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En abril de 2020, la Organización Mundial del Comercio presentó sus aproximaciones sobre el impacto del Covid-19 en el comercio mundial. Los economistas de esta organización sugieren que la caída comercial podría superar aquella ocurrida en la crisis global financiera de 2008. En este sentido, el director general de la OMC, Roberto Azevêdo, expresó que los gobiernos han tomado medidas drásticas y sin precedentes para intentar proteger la vida de los individuos pero que estas no deben ser ajenas a sus efectos en el largo plazo.

Las consecuencias más inmediatas del coronavirus en el comercio internacional se ven reflejados en la desaceleración en la producción global, cambios en las cadenas de suministro, reducción en la demanda de los mercados y protocolos estrictos para evitar el contagio en las transacciones transnacionales. 

La duración de la pandemia, la gestión política de la crisis sanitaria, entre otras variables, influyen en las estimaciones de recuperación en 2021 realizadas por los diferentes organismos internacionales y regionales. Sobre este segundo punto, el director general de la OMC mencionó que, aunque en el corto plazo se debe controlar la pandemia, también se deben mitigar los daños económicos en el largo plazo y por esta razón se deben identificar y abordar los cambios necesarios para una pronta recuperación.

En un escenario optimista, los economistas de la OMC estiman que el impacto comercial será de una caída de 13% en 2020. Sin embargo, si los gobiernos son incapaces de coordinar una respuesta efectiva a las crisis, la caída podría ser de hasta un 32% en este año.

En el gráfico 1 se pueden observar cuatro tendencias. La línea gris punteada, muestra las proyecciones comerciales previas a la crisis financiera. La línea azul, demuestra el comportamiento real del comercio a partir de 2008 y 2009. Como se puede observar, después del decrecimiento ocurrido, el comportamiento del comercio no se logó alinear nuevamente con las proyecciones previamente existentes.

PANORAMA REGIONAL ANTE EL CORONAVIRUS
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En la región, al 20 de mayo, se suman más de veinte mil personas con coronavirus y los casos fatales suman ya más de 500 muertos. Países como Guatemala apenas comienzan la fase exponencial de la epidemia. El país que más se ha visto afectado por la pandemia es sin duda Panamá, que supera en gran medida los casos presentados por el resto de los países de la región. ¿Podría tener mayores incentivos Panamá para acercarse al proyecto de la integración económica centroamericana?

En vista  del contexto global, es muy probable que los términos de intercambio comercial cambien para toda la región. En el corto plazo, esto tendrá consecuencias graves en términos de empleo. El Banco Interamericano de Desarrollo, diseñó un modelo de proyección donde se evalúan diferentes características para intentar calcular las pérdidas en materia laboral.

Se prevén 3 posibles escenarios. El primero, una crisis en el corto plazo, en donde la crisis sanitaria se resuelve en el segundo semestre de 2020 y se observa la recuperación hacia el final del año. El segundo, una crisis en el mediano plazo, donde la recesión se podría extender por tres trimestres consecutivos y una leve recuperación podría percibirse a partir del cuarto trimestre. Y el tercero, una recesión de gran magnitud en la que caería en 15 puntos porcentuales el Producto Interno Bruto de los países y no se percibe una recuperación en el mediano plazo.

Como se observa en la tabla 2, de acuerdo con los diferentes escenarios que prevé el BID, en el mejor de los casos, 1.6 millones de personas podrían resultar desempleadas como consecuencia de la crisis del coronavirus. En el peor de los escenarios, la cifra alcanzaría casi los 5 millones.  

Por otro lado, un informe elaborado por SIECA y la Secretaria Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (SECMCA) presenta dos posibles escenarios sobre el impacto del Covid-19 en la región. Para el primero, se estima que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de los Estados Unidos se situe en un 0.5% al cierre del año, el precio del petróleo WTI se sitúe en USD 34.29 por barril y que las exportaciones de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) presenten un decrecimiento de -1.92% hacia el final de 2020. Desde esta óptica las proyecciones para la región muestran un decrecimiento del PIB de 2.9% y para 2021, se ve una contracción del PIB de 0.1% con una tasa de inflación de 2.3%.

En un segundo escenario se evalua la información recopilada al mes de abril donde se contempla una caída de -5.24% del PIB  de Estados Unidos y mantiene los supuestos estimados para el precio del petróleo (WTI). Con esta visión, el decrecimiento del PIB para Centroamérica podría ser de -6.9% con una tasa de inflación estimada de 1.9%.

En una reunión virtual del Consejo General de la OMC, el pasado 15 de mayo, los países miembros coincidieron en que la mejor forma de abordar la crisis es a través de intensificar la cooperación y la coordinación entre los actores globales. El comercio históricamente ha tenido un efecto civilizatorio. Es decir, sus consecuencias llevan hacia el progreso y desarrollo. Es a través del intercambio libre, voluntario y vigoroso que se logran generar más y mejores oportunidades para los individuos de las sociedades involucradas en las transacciones. Por esto, en medio de la pandemia del Coronavirus, es importante identificar al comercio como un componente fundamental para acelerar los procesos de recuperación económica.

Aunque se espera escuchar soluciones que alivien los problemas en el corto plazo, también es en estos momentos en los que es más que conveniente pensar en las opciones a largo plazo para mejorar el desempeño económico de los países.

¿DE QUÉ FORMA ESTIMULAR EL COMERCIO EN LA REGIÓN?
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Aunque la idea de visualizar oportunidades en el futuro es una idea optimista, un balance con la realidad es importante para ajustar los modelos de acción. El desarrollo regional es y debe ser una opción a la hora de identificar estrategias para mejorar el ambiente económico después de la pandemia. A través de la integración económica se logrará una unidad más atractiva de intercambio comercial a nivel global.

En el estudio presentado en marzo por la Fundación Libertad y Desarrollo se explican algunas de las bondades que podría traer consigo la consolidación del proyecto de la integración centroamericana. Es importante mencionar que aunque se han logrado algunos avances en materia de facilitación de comercio, como la Declaración única centroamericana (DUCA), la Factura y declaración única centroamericana (FYDUCA) y la Unión Aduanera entre Guatemala y Honduras, por mencionar algunos, aún nos queda un largo camino por recorrer.

En medio de una crisis sin precedentes en los últimos 100 años, es momento de plantear soluciones creativas que puedan mejorar nuestras posibilidades de generar oportunidades para los ciudadanos de los países centroamericanos. En este sentido Seynabou Sakho, directora del Banco Mundial para Centroamérica, aseveró que la crisis es una oportunidad para repensar en las reformas estructurales que permitirán un crecimiento sostenible y saludable después de la crisis. La pregunta clave es entonces, ¿qué aspectos son necesarios a mejorar para convertirse en una región más atractiva a nivel global? Aunque hay una amplia cantidad de variables que influyen en esto, una de las áreas fundamentales es el tema logístico y de infraestructura.

El Índice de Competitividad Global elaborado por el Foro Económico Mundial mide una serie de variables para evaluar los atributos y cualidades de las economías de los países que permiten un uso eficiente de los factores de producción.  El IGC organiza 12 pilares de la productividad, dentro de la categoría de “ambiente apto” el pilar número 2 evalúa la infraestructura de los países.

En la tabla 3 se puede visualizar la calificación general obtenida por los países de Centroamérica. Además, se incluye la calificación correspondiente al pilar número 2 de infraestructura. Cabe mencionar que algunas de las variables que se evalúan en la medición son: conectividad y densidad vial, calidad de la infraestructura, entre otros.

En términos generales es posible observar que, con excepción de Costa Rica y Panamá, los países de la región están por debajo del promedio Centroamericano. Además, al evaluar con los países vecinos Estados Unidos, México y Colombia la cifra también es alarmantemente baja. 

De acuerdo con SIECA y la CEPAL, la situación actual de la infraestructura eleva los costos logísticos para movilizar las cargas. El costo en Centroamérica puede ser hasta 4 veces mayor que en Estados Unidos o incluso la Unión Europea. Además, dentro de la estructura total de costos del exportador, puede representar hasta un 40%.

La Política Marco Regional de Movilidad y Logística de Centroamérica, tiene por objetivo hacer de la región una plataforma logística clave en el comercio internacional. A través de la modernización de infraestructura intermodal se espera que se pueda potenciar la integración regional, productividad y competitividad. El desarrollo de infraestructura productiva tiene un impacto directo en la competitividad de los países de la región para convertirse en un destino atractivo para la ubicación de actividades productivas que generen empleo.

Es oportuno mencionar que, por la crisis derivada del coronavirus, los países ya han superado su capacidad de financiamiento en proyectos destinados exclusivamente a paliar la crisis sanitaria. Es por esta razón que para el aprovisionamiento de infraestructura se deberá entonces evaluar mecanismos alternativos para lograr superar las brechas en materia logística. 

Las reformas y mejoras en el desempeño logístico son fundamentales para garantizar un intercambio comercial más eficiente. Esto a su vez propiciará un ambiente económico más confiable que permitirá en el largo plazo acelerar el proceso de recuperación económica en la región.

Desarrollo logístico: recuperación económica después de la pandemia
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Daphne Posadas es Directora del Área de Estudios Internacionales en Fundación Libertad y Desarrollo. Participa en espacios de análisis político en radio, televisión y medios digitales. Está comprometida con la construcción de un mundo de individuos más libres y responsables.
21 Mayo 2020

El Coronavirus tendrá graves consecuencias en las relaciones comerciales entre los países. La integración centroamericana es y debe ser una opción a la hora de identificar estrategias para mejorar el ambiente económico después de la pandemia. El desarrollo de infraestructura logística tendrá un impacto directo en la competitividad de la región.

PANORAMA COMERCIAL GLOBAL ANTE LA CRISIS DEL CORONAVIRUS
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En abril de 2020, la Organización Mundial del Comercio presentó sus aproximaciones sobre el impacto del Covid-19 en el comercio mundial. Los economistas de esta organización sugieren que la caída comercial podría superar aquella ocurrida en la crisis global financiera de 2008. En este sentido, el director general de la OMC, Roberto Azevêdo, expresó que los gobiernos han tomado medidas drásticas y sin precedentes para intentar proteger la vida de los individuos pero que estas no deben ser ajenas a sus efectos en el largo plazo.

Las consecuencias más inmediatas del coronavirus en el comercio internacional se ven reflejados en la desaceleración en la producción global, cambios en las cadenas de suministro, reducción en la demanda de los mercados y protocolos estrictos para evitar el contagio en las transacciones transnacionales. 

La duración de la pandemia, la gestión política de la crisis sanitaria, entre otras variables, influyen en las estimaciones de recuperación en 2021 realizadas por los diferentes organismos internacionales y regionales. Sobre este segundo punto, el director general de la OMC mencionó que, aunque en el corto plazo se debe controlar la pandemia, también se deben mitigar los daños económicos en el largo plazo y por esta razón se deben identificar y abordar los cambios necesarios para una pronta recuperación.

En un escenario optimista, los economistas de la OMC estiman que el impacto comercial será de una caída de 13% en 2020. Sin embargo, si los gobiernos son incapaces de coordinar una respuesta efectiva a las crisis, la caída podría ser de hasta un 32% en este año.

En el gráfico 1 se pueden observar cuatro tendencias. La línea gris punteada, muestra las proyecciones comerciales previas a la crisis financiera. La línea azul, demuestra el comportamiento real del comercio a partir de 2008 y 2009. Como se puede observar, después del decrecimiento ocurrido, el comportamiento del comercio no se logó alinear nuevamente con las proyecciones previamente existentes.

PANORAMA REGIONAL ANTE EL CORONAVIRUS
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En la región, al 20 de mayo, se suman más de veinte mil personas con coronavirus y los casos fatales suman ya más de 500 muertos. Países como Guatemala apenas comienzan la fase exponencial de la epidemia. El país que más se ha visto afectado por la pandemia es sin duda Panamá, que supera en gran medida los casos presentados por el resto de los países de la región. ¿Podría tener mayores incentivos Panamá para acercarse al proyecto de la integración económica centroamericana?

En vista  del contexto global, es muy probable que los términos de intercambio comercial cambien para toda la región. En el corto plazo, esto tendrá consecuencias graves en términos de empleo. El Banco Interamericano de Desarrollo, diseñó un modelo de proyección donde se evalúan diferentes características para intentar calcular las pérdidas en materia laboral.

Se prevén 3 posibles escenarios. El primero, una crisis en el corto plazo, en donde la crisis sanitaria se resuelve en el segundo semestre de 2020 y se observa la recuperación hacia el final del año. El segundo, una crisis en el mediano plazo, donde la recesión se podría extender por tres trimestres consecutivos y una leve recuperación podría percibirse a partir del cuarto trimestre. Y el tercero, una recesión de gran magnitud en la que caería en 15 puntos porcentuales el Producto Interno Bruto de los países y no se percibe una recuperación en el mediano plazo.

Como se observa en la tabla 2, de acuerdo con los diferentes escenarios que prevé el BID, en el mejor de los casos, 1.6 millones de personas podrían resultar desempleadas como consecuencia de la crisis del coronavirus. En el peor de los escenarios, la cifra alcanzaría casi los 5 millones.  

Por otro lado, un informe elaborado por SIECA y la Secretaria Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (SECMCA) presenta dos posibles escenarios sobre el impacto del Covid-19 en la región. Para el primero, se estima que la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de los Estados Unidos se situe en un 0.5% al cierre del año, el precio del petróleo WTI se sitúe en USD 34.29 por barril y que las exportaciones de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) presenten un decrecimiento de -1.92% hacia el final de 2020. Desde esta óptica las proyecciones para la región muestran un decrecimiento del PIB de 2.9% y para 2021, se ve una contracción del PIB de 0.1% con una tasa de inflación de 2.3%.

En un segundo escenario se evalua la información recopilada al mes de abril donde se contempla una caída de -5.24% del PIB  de Estados Unidos y mantiene los supuestos estimados para el precio del petróleo (WTI). Con esta visión, el decrecimiento del PIB para Centroamérica podría ser de -6.9% con una tasa de inflación estimada de 1.9%.

En una reunión virtual del Consejo General de la OMC, el pasado 15 de mayo, los países miembros coincidieron en que la mejor forma de abordar la crisis es a través de intensificar la cooperación y la coordinación entre los actores globales. El comercio históricamente ha tenido un efecto civilizatorio. Es decir, sus consecuencias llevan hacia el progreso y desarrollo. Es a través del intercambio libre, voluntario y vigoroso que se logran generar más y mejores oportunidades para los individuos de las sociedades involucradas en las transacciones. Por esto, en medio de la pandemia del Coronavirus, es importante identificar al comercio como un componente fundamental para acelerar los procesos de recuperación económica.

Aunque se espera escuchar soluciones que alivien los problemas en el corto plazo, también es en estos momentos en los que es más que conveniente pensar en las opciones a largo plazo para mejorar el desempeño económico de los países.

¿DE QUÉ FORMA ESTIMULAR EL COMERCIO EN LA REGIÓN?
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Aunque la idea de visualizar oportunidades en el futuro es una idea optimista, un balance con la realidad es importante para ajustar los modelos de acción. El desarrollo regional es y debe ser una opción a la hora de identificar estrategias para mejorar el ambiente económico después de la pandemia. A través de la integración económica se logrará una unidad más atractiva de intercambio comercial a nivel global.

En el estudio presentado en marzo por la Fundación Libertad y Desarrollo se explican algunas de las bondades que podría traer consigo la consolidación del proyecto de la integración centroamericana. Es importante mencionar que aunque se han logrado algunos avances en materia de facilitación de comercio, como la Declaración única centroamericana (DUCA), la Factura y declaración única centroamericana (FYDUCA) y la Unión Aduanera entre Guatemala y Honduras, por mencionar algunos, aún nos queda un largo camino por recorrer.

En medio de una crisis sin precedentes en los últimos 100 años, es momento de plantear soluciones creativas que puedan mejorar nuestras posibilidades de generar oportunidades para los ciudadanos de los países centroamericanos. En este sentido Seynabou Sakho, directora del Banco Mundial para Centroamérica, aseveró que la crisis es una oportunidad para repensar en las reformas estructurales que permitirán un crecimiento sostenible y saludable después de la crisis. La pregunta clave es entonces, ¿qué aspectos son necesarios a mejorar para convertirse en una región más atractiva a nivel global? Aunque hay una amplia cantidad de variables que influyen en esto, una de las áreas fundamentales es el tema logístico y de infraestructura.

El Índice de Competitividad Global elaborado por el Foro Económico Mundial mide una serie de variables para evaluar los atributos y cualidades de las economías de los países que permiten un uso eficiente de los factores de producción.  El IGC organiza 12 pilares de la productividad, dentro de la categoría de “ambiente apto” el pilar número 2 evalúa la infraestructura de los países.

En la tabla 3 se puede visualizar la calificación general obtenida por los países de Centroamérica. Además, se incluye la calificación correspondiente al pilar número 2 de infraestructura. Cabe mencionar que algunas de las variables que se evalúan en la medición son: conectividad y densidad vial, calidad de la infraestructura, entre otros.

En términos generales es posible observar que, con excepción de Costa Rica y Panamá, los países de la región están por debajo del promedio Centroamericano. Además, al evaluar con los países vecinos Estados Unidos, México y Colombia la cifra también es alarmantemente baja. 

De acuerdo con SIECA y la CEPAL, la situación actual de la infraestructura eleva los costos logísticos para movilizar las cargas. El costo en Centroamérica puede ser hasta 4 veces mayor que en Estados Unidos o incluso la Unión Europea. Además, dentro de la estructura total de costos del exportador, puede representar hasta un 40%.

La Política Marco Regional de Movilidad y Logística de Centroamérica, tiene por objetivo hacer de la región una plataforma logística clave en el comercio internacional. A través de la modernización de infraestructura intermodal se espera que se pueda potenciar la integración regional, productividad y competitividad. El desarrollo de infraestructura productiva tiene un impacto directo en la competitividad de los países de la región para convertirse en un destino atractivo para la ubicación de actividades productivas que generen empleo.

Es oportuno mencionar que, por la crisis derivada del coronavirus, los países ya han superado su capacidad de financiamiento en proyectos destinados exclusivamente a paliar la crisis sanitaria. Es por esta razón que para el aprovisionamiento de infraestructura se deberá entonces evaluar mecanismos alternativos para lograr superar las brechas en materia logística. 

Las reformas y mejoras en el desempeño logístico son fundamentales para garantizar un intercambio comercial más eficiente. Esto a su vez propiciará un ambiente económico más confiable que permitirá en el largo plazo acelerar el proceso de recuperación económica en la región.